domingo, 25 de julio de 2010

Anónimo empieza con A (primera parte)

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Hablaba de solipsistas y de la mansedumbre, de quienes sólo dan por verdadero la propia existencia y de aquellos que ya olvidaron su existencia por la de otros. Mencionaba la vital diferencia entre el sujeto, su contorno y el entorno; entre el actor, la brisa del escenario y el telón de fondo.   Fascinado marcaba las dos relaciones de la vida humana: una subjetiva en donde la resignación y la utopía estaban en constante contienda y una inter-subjetiva dominada por la frustración y asombro de encontrar otro que rompía el solipsismo en general. Explicaba como la sociedad, el estado, nuestro Dios y finalmente “el otro” no eran más que proyecciones sociales, apariencias superiores a la de uno y a la vez inexistentes; solamente eran desesperaciones ante lo perecedero de la nada, ante lo natural de lo ininteligible o mejor dicho, de lo ininteligible de la naturaleza. Sólo hay contradicción y aparentes soluciones, sólo deseo y razón pedante. Los círculos perfectamente lógicos nunca habían sido tomados tan cuadradamente estúpidos, sin embargo, nunca falsos.  Porque siquiera la certeza de lo falso se podía asegurar, eso venía a ser lo irónico del confutar. Hasta que apareció aquel comentario.
Anónimo dijo:
Filosofía barata y zapatos de goma. Ojala escribieras con menos silabas y más coherencia. Que fácil es esconderse detrás de un “blablá” cuando en realidad no se dice nada. No temo por ti, si no que temo por todos nosotros. Pobre huevon pasado a caca.
Quedó paralizado por unos minutos.  Hace tanto tiempo que estaba esperando alguna respuesta de su nulo público cuando aparece tal critica. Todas sus reflexiones no eran más que mierda para ese tipo. Al principio lo aceptó. Después de todo, nunca he sido muy buen escritor ni mucho menos filosofo, intento redundar mucho en las ideas hasta que me salen peor; se decía. Volvió como si nada a su rutina, actuando conformidad con su auto crítica. Pero no pudo, al cabo de unas horas volvía a releer el mensaje con impotencia. ¿Anónimo? Anónimo ¡Anónimo!  
Es más fácil cuando conoces a ese alguien porque no destruye tu pensar sólo tu corazón. No así cuando la persona se vislumbra como infinita, como indocumentada y superior, porque es allí donde más lo aceptas. Pues no hay otra. Pero siempre la habido, en apariencia, acabar con ese otro, algo que muchos famosos han caído. Fue entonces cuando empezó a desear su muerte, a verle su rostro y ensartarle una bala en su ojo izquierdo.
Releyó cada una de las oraciones buscando pistas. Claramente era muy pobre su vocabulario y sus modales denotaban rencor y mala educación.  Le gustaba Charly Garcia, fue lo segundo que notó por la primera frase proveniente de una canción del mismo nombre. Era una nimiedad, habían miles de personas a las que les gustaba aquel músico, incluso a él tal vez un poco. Luego pensó que si tal comentario fue publicado en su blog, probablemente era algún conocido por él ya que solo sus cercanos conocían la existencia de tal sitio. ¿Pero quién de estos haría tal cosa? Se sintió traicionado. ¡Es fácil esconderse bajo el nombre de Anónimo no te parece imbécil! Exclamó pero nada cambiaba después de todo, anónimo ni siquiera es un nombre. Que paradójico resulta que una palabra denote precisamente lo que no debe ser denotado.
 Tomó una hoja y empezó a anotar cada uno de los posibles Anónimos y empezó a dejar fuera de la lista a aquellos que no podían ser por diversas razones que se reducían a lazos sentimentales. Anotó la hora del suceso, las 2:05 de la tarde, guardó su pistola en su chaqueta y partió el viaje a hablar con cada uno de los de la lista que aún no estaban tachados. Les preguntaba sobre qué estuvieron haciendo a las dos de la tarde, que cómo han estado, que si les gusta Charly García, que cómo iba la universidad, que si conocen una canción, etc.  Todos se mostraban muy normales al responder y resultó que ninguna de las de la lista podían haber sido. Cabían dos posibilidades solamente: o se había equivocado en la lista y era una persona desconocida para él o alguno le mintió. Pensó en el hecho de que si alguien le hubiese mentido entonces este ya sabría que él estaba buscándolo por lo que volvería a jugar pronto de modo que ahora si quedara libre de sospechas. Siendo las 8 de la tarde aún no había otro comentario o mensaje por lo cual si sus deducciones estaban en lo cierto, “A” aún no sabía que lo estaban acechando.
Por lo que las mayores probabilidades se encontraban en que “A” no estuviera en la lista, por lo que volvió a pensar pero ahora minuciosamente quién podría ser. Ya no habían ni amigos, ni amigas,  ni antiguas novias, sino que ahora estaban aquellos anónimos cotidianos. Comenzó por la empleada de su hogar, luego por el amigo entrañable de su padre, por la madre de una amiga, por una conocida de la tía de un amigo hasta por el mendigo de la esquina que quizás escucho la dirección de su blog en la calle alguna vez. Ninguno de ellos estaba exento de posibilidad, aunque fuera un 0,01% de probabilidades. No durmió esa noche revisando en la internet perfiles y blogs de otras personas buscando algún indicio, alguna pista que sirviera para culpar a ese alguien de ser “A” pero nada.
Ya, al amanecer, agotado de tanto pensar e investigar sin sentido, se dispuso a idear un plan. Fue así como configuró su blog para que se guardara un registro de sus futuras visitas, así que el próximo o los próximos que leyeran su blog serían los principales culpables de ser ese Anónimo que tanto deseaba conocer y eliminar.  
Así que si estás leyendo esto “A”, pues ten por seguro que caíste en mi trampa. Ahora entiendo porque tienes temor y miedo, porque sabes que vas a morir pronto. Y te lo digo a ti, que estas leyéndome ahora en este preciso momento, prepárate porque te convertiré en la infinita mierda que eres, mi querido y gran lector anónimo.

miércoles, 21 de julio de 2010

Suicidios indeseados

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Miraba su bello rostro en esa espesa negrura. Ya no recordaba como había llegado a las orillas de ese río  inmóvil y oscuro, bastó notar su reflejo para quedar prendado, para quedar completamente atrapado a ese extraño y fascinante espejo acuoso. Nunca me separaré de tí se decía a sí mismo sin darse cuenta del hecho que ese "de tí" era irreal e ilusorio, una vil apariencia de las infinitas que gobiernan este mundo aburrido. De hecho, ya había olvidado como solía ser aquel mundo, ya no era más que sufrimiento aquel vetusto lugar, aquella fase previa a la felicidad, porque ahora él se sentía pleno, por fin había encontrado su reflejo. Se acostó en el borde, maravillado ante las acciones de su alter-ego que aparecía como alguien entretenido y atractivo, lo que siempre había deseado ser. Se notaba que sabia gozar de la vida y no se dedicaba a preguntarse por la esencia de las cosas, se reprochaba a sí mismo él muy desgraciado. Deseaba ser como él. Deseaba ser lo que es.
Primero dejó caer su brazo y se asustó al ver que aquel admirado y pomposo hombre se borraba. Se tornaba difuso pero rápidamente volvía a la nitidez, luego de unos minutos el agua ya había vuelto a calmarse. Luego introdujo lentamente el pie izquierdo; sentía como por fin conseguía lo que estaba buscando, esa brisa que corría era sino su salvación. De pronto sonó un estridente sonido por lo que su reflejo huyó despavorido, al igual que él del charco. Al cabo de unos minutos, nuevamente volvió a acercarse a observar que ocurría en ese otro mundo, al que él siempre hubiese querido pertenecer. No, ya no estaba ahí aquel sujeto, se había hecho humo. Quedó intrigado por el sonido y por la desaparición del sujeto, de su sujeto. Observó por horas y nada ocurría, en eso llegó la desesperación. Hola que tal soy tu desesperación y te quiero decir que es tu culpa. Siempre lo ha sido. Crees que quedandote en la orilla, mirando como un cobarde desde lejos, podrás conseguir eso que tanto anhelas. ¿Qué no sabes qué es lo que anhelas? No me hagas reír, tu y yo sabemos bien que queremos en la vida o es que acaso eres de esos jodidos humanos que se preguntan por su existencia constantemente. ¡No! No me digas, con mayor razón entonces. ¡Es tu culpa! (se decía mientras tiraba una carcajada) Deberías ser irracional, deberías dejar llevarte por tu propia voluntad. Si al fin al cabo no hay nada más. ¿Esperanza? bueno si quizás para los débiles que la necesitan. Pero si vivir en la duda nunca ha sido más perjudicial para la salud hombre. Venga, arriesgue y logra lo que tanto quieres, Lo que tanto eres. Si él se fue, es por tu culpa. Se marchó porque nunca te arriesgaste o es qué no lo deberías hacer. Pues yo, no sé.
Se puso de pie y se sumergió de un viaje en la oscuridad.
Fue cayendo en un pozo muy profundo, al menos en apariencia, ya que fueron sus últimos segundos más largos de su vida  hasta que se golpeo con un metal. No veía nada, sólo unas enormes luces  que se acercaban a él a gran velocidad que lo cegaron en un instante. Escuchó gritos de mucha gente hasta que el tren lo arroyó sin piedad, su cuerpo se atascó en las ruedas que no lograban aún detenerse. Su cerebro se pulverizó y sus ojos reventaron al chocar su cabeza con el foco izquierdo de la maquina que al quebrarse dejó lo que quedó de su rostro lleno de cristales incrustados profundamente. Curiosamente su corazón se salvó, pero sus familiares no lo quisieron donar. Sólo eso faltó, sólo eso faltaba.

domingo, 27 de junio de 2010

Libelo volador

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No te impacientes. Eso nos hemos estado diciendo durante horas, durante días. Pero nuestros ojos ya están fatigados y nuestras conciencias, en nuestro interior, se sienten como en una jaula de libertad y nos gritan: ríndanse, dejen todas sus convicciones y ríndanse.  Pero la capitulación la descartamos; lo vigilamos desde hace ya mucho tiempo como para decir “hasta aquí no más llegamos”, al contrario, no nos vamos a mover. Pero cada segundo hace dudar, cada brisa mezclada con silencio te hacen pensar en darte por vencido; dicho de otro modo, te hacen pensar en el eliminar el pensar paradójicamente. ¿Me vas a  decir qué no sabes por qué estamos aquí? Nos encontramos esperando, esperando que suceda algo, que cambie algo y no nos moveremos ni nos sacudirán de aquí hasta que ocurra aquello. Supongo que no has visto nuestros carteles; estaban por todos lados y a la vez no están en ninguno. Nosotros nunca hemos querido ofender ni hacer daño a nadie con nuestras palabras, es más, sólo hemos querido hacerte despertar, hacerte preguntar, extrañar, develar, extrañar el desvelar. Encontrarle sentido a la contradicción. Sin embargo nunca has leído sobre nosotros. ¿Alguna vez te has preguntado por qué? Supongo que no, porque ni sabías que existíamos, ni la posibilidad de que vivíamos siquiera, pero siempre hemos estado allí; increpándote y suplicándote a la vez de que nos hagas existir.

Pero no nos lo han permitido. Cada panfleto que pegamos a sus asientos, cada imagen que intentamos clavar en sus murallas, cada pasquín que les regalamos, salen volando. Se despegan, se desclavan y se privatizan para ser llevados por ese viento mágico que les facilita alas invisibles a esos papeles inertes pero de palabras fuertes,  para desaparecer por los aires perdiéndosenos de vista. Algunos dicen que vuelan al sol para acabar ardiendo, tratando de expiarse de sus grotescas palabras; otros, que simplemente vagan por el espacio esperando ser agarrados por otros, a quienes ya no les importe lo que tengan escrito; unos más ingenuos aún, dicen que son arrancados por un viejo gordo y andrajoso   que de mala gana los guarda todos en una enorme bolsa de misterioso poder donde nuestras exclamaciones quedan calladas para siempre como si nunca hubiesen existido.

Nunca hemos sabido con certeza que sucede con las maravillosas hojas voladoras. Una vez  un amigo me contó que decidió seguir a uno de esos rebeldes papeles atándole un hilo previamente, y dice que lo siguió por unos parajes recónditos e imperecederos que le daban grandes pruebas de voluntad y sacrificio, hasta que llegó a un gran edificio antiguo y abandonado donde miles de hojas blancas ya de tanto cabalgar por el viento entraban por la puerta de atrás. Al ver esto, sin pensarlo muy bien, decidió abrir las enormes compuertas de un viaje, pero bastó que diera un paso para que todas las innumerables hojas salieran despavoridas expulsándolo fuertemente hacia afuera. Lo último que vio fue que volaban sin ninguna dirección, mohínamente casi sollozando un llanto melódico, preguntándose casi un por qué. Luego de eso, dice que despertó en su banco en medio de una importante clase y, ante la extrañeza del fin de su periplo, reaccionó de la forma más inconsciente e inesperada, sencillamente abrió su cuaderno. Era un gran sujeto, pero me cuesta creer el hecho de que haya sido un edificio vetusto y no uno post-moderno, más elegante,  aún así su relato fue inspiración para muchos.
Tiempo ha pasado desde que nos hemos quedado frente a él, tratando de que no escape. Le hemos sellado todas las posibles salidas y hasta el momento no ha cambiado en lo más mínimo. Hubo una vez que vino una tropa de carteles  azules que repletó cada rincón posible de nuestro mundo y se agolparon a las ventanas en un intento de romperlas para que nuestro prisionero lograra volar, pero rápidamente reaccionamos y logramos resistirlos; aún así perdimos a varios y cada vez vamos quedando menos. Resulta increíble ver como la Facultad ha sido invadida por esos anuncios con cruces y noticias llamativas, esas invitaciones a fiestas y cosas sin relevancia pero que todos miran. Cada día aparecen más e incluso están multiplicándose hacía fuera llegando a la calle, a la gran salida al mundo. Ya muchos automovilistas han colisionado por culpa de esta propaganda que se enquista a sus vidrios impidiéndoles una visión clara de la realidad.
La verdad es que desde hace tiempo que me quiero ir, tanta soledad, tanto ideal. Me siento cansado, cansado de luchar, y luchar por una causa perdida. Lo único que me mantiene despierto cada día es que si estás leyendo esto, es porque vencimos y que a pesar de la volatilización, de la voladora censura y del silencio abrumador respecto a nuestra existencia logramos aparecer, al menos en ti. Y así me voy contento, contento de cantar mi verdad y de saber que existí para alguien. Ojala que tú también puedas seguir velando este folleto, que con malicia me mira ahora, que tú también puedas cortarle las alas y apropiarte de él así como lo hemos hecho nosotros, ojala que tú también puedas hacer público este régimen de lo oculto.

sábado, 19 de junio de 2010

La realidad dual que constituye una realidad social

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En el texto pasado hablamos sobre la dialéctica de los solipsistas y dejamos la pregunta en el tintero sobre el otro. Planteamos que tanto el Estado como Dios, entendidos como construcciones sociales y no como lo que pretenden significar vienen a ser el resultado de la comunicación entre solipsistas. Pero que sucede con el propio solipsista que ve a otro solipsista. Una gran interrogante que no me ha dejado de rondar, sobre todo al ver las atrocidades "inhumanas" de los humanos como las feroces matanzas y exterminios provocados precisamente por humanos "inhumanos" que con gran ironía nos decía Spaemann. ¿Por qué el afán de conquistarlo todo? preguntaba una amiga en clases, constatamos el hecho de que así lo desea constantemente incluso con el "otro" (de ahora en adelante cada vez que se escriba entre comillas se entenderá no por el solipsista físico y material sino al concepto que existe previo a él puramente formal e ideal tan infinitamente indeterminable he intotalizable como decía Levinas) Muchas pensadores (que ya van quedando pocos al parecer) han llegado a plantear que simplemente no vieron al otro, o que en su intento de verlo decidieron matarlo como intento de autoreconocerse en ellos o simplemente que el otro se manifiesta como un enemigo en potencia o peor aún, que esta en nuestra naturaleza ser conflictivos y querer dominar todo. Querer. 
Anteriormente hablamos de que aquella naturaleza que algunos con mucha autoridad osan definir o al menos en el ser humano es de un carácter ininteligible y que por lo tanto esa tesis la descartamos de lleno. No por un tema de que no sea posible, quizás nuestra naturaleza, nuestra ontogenesis, nuestro manual de instrucciones (tal cual como llega una lavadora a una casa) sea el de matarnos entre todos sobreviviendo los más aptos o el super-hombre de Nietzche pero verdaderamente no podemos estar nunca en la certeza de esto. Porque el hombre no se "creo" a sí mismo, es decir, no conoce de donde viene y con esto no me refiero a la respuesta que podrían dar de que venimos del mono y todas unas teorías de evolución que no responde al "de donde venimos" sino al "como llegamos hasta acá". Si se fijan, en la primera proposición se habla de un momento último y a la vez primario a todo y en la segunda habla de una situación anterior de una ya existente, desde la cual se intenta conocer a su antecesora pero aquello es imposible, porque no siempre hubo lenguaje. ¿Qué es lo que hace surgir al lenguaje y a la conciencia? Gran pregunta que se nos manifiesta de la misma manera que el "otro" de Levinas, como un deseo insatisfecho pero que se va multiplicando cada vez más a medida que más nos preguntamos. Esa naturaleza ininteligible tendrá que ver algo con con la pregunta que planteamos al principio ya que si sacamos al propio solipsista nato físico o sujeto de la propia idea o de la estructura o creación social que constituye su contorno (diferenciado de su entorno) en cierto grado independiente de él, entonces nos encontramos con la pura linea, pero no entendida como limite, sino como la silueta de ese alguien, aquella máscara que se nos muestra desde los ojos de otro solipsista. Y esa silueta o contorno resulta ser también de un carácter completamente ininteligible, resulta ser la idea de un "otro" indeterminable e infinito que sólo un yo existo es decir, desde otro solipsista, se puede crear. Me explico mejor, la verdadera significación del caracter "otro" sólo se la da un yo que se reconoce diferente de ese otro, de lo contrario, no existiría un otro sino puramente partes de un yo. El solipsista nato, o sea, aquel más básico y primario a toda persona se constituye al entender o al menos considerar la certeza del pensar (yo existo) como verdadera y eso definitivamente es algo natural y con esto no me refiero a alguna intencionalidad o sino errado que provendría de la naturaleza sino que es una condición con la que todos nos encontrados, incluso aquellos que pierden la memoria, sólo estoy manifestando tal hecho; ahora qué sentido tendrá nuevamente nos entrampa en la aporía de lo ininteligible. Entonces ¿hemos vuelto a caer en la pregunta que nos haciamos sobre el origen de la conciencia y el lenguaje? Claramente que esta pregunta es, como decíamos anteriormente, del mismo carácter que la pregunta por ese yo que aunque parezca absurdo, sin tener comunicación ni tampoco una conciencia, digamos histórica, de sí puede plantear la certeza del pensar del "yo existo" y por esto que le llamo solipsista, no por el hecho de que considere al mundo entero como una invención del yo, sino como aquel que la única certeza inicial o experiencia original que algunos le llaman es simplemente decir (sin decirlo obvio) yo y todo lo demás me parece dudoso o caotico, y justamente esto se debe a que en esta situación hipotética del comienzo, el hombre se encuentra sólo frente a la naturaleza ininteligible, incluyendo en ella a cualquier otro hombre que se le aparezca. Todo eso ajeno a su yo le da la posibilidad de la diferencia, de darse cuenta que no es controla por su yo sino que por "otros", por un Dios, por algún espíritu o algún Estado, o cualquier creación que se le quiera dar. Es decir, es con la posibilidad de distinguir la diferencia del yo (que no implica que sea conciente de ello) del no yo o de ese alter-ego cuando la comunicación y la conciencia nacen. Podrán decir que nuevamente me contradigo al tratar de dar uan respuesta a lo que antes consideraba ininteligible, pero aquí no estamos dando cátedra de como surge esa posibilidad de distinción sólo estamos tratando de plantear que es una condición necesaria para que surjan tanto la comunicación como la conciencia. Y podrá parecer completamente atrasada esta teoría, como un subjetivismo exacerbado y escéptico pero no es lo que se pretende, aquí nadie plantea que ese alter-ego depende del yo, sino que para que exista la distinción de ese "alter" tiene que haber antes un yo que se distinga a si mismo como un yo y así poder notar las diferencias con su entorno. Y no todo es yo y alter-ego, solpsista y naturaleza (cabe destacar que no porque el hecho de que la naturaleza sea ininteligible, los solipsistas sean su contrario, eso lo explicare más adelante) o contorno y entorno, sino que existe un tercer elemento que es justamente lo intermedio entre todas estas  dualidades de la realidad, que son justamente lo que tratamos de significar con las palabras "Otro", Dios, Estado, etc. que ya hemos repetido varias veces. Estas estructuras o creaciones sociales no son más que elementos con un pie en lo ininteligible y otro en lo cognoscible, dependiendo que queramos decir con ellos. Todos son conceptos que intentan caracterizar lo ininteligible, que claramente no tiene resultado en plenitud pero que nos sirven para conllevar nuestra vida. Y dependiendo de nuestra actitud frente a estas estructuras sociales ( ya que se crean habitando el lenguaje concientemente) que caemos en la resignación (o sumisión o creencia en ellas) o en la utopía (rebeldía e intento de zafarse de ellas pero que de igual forma termina creando unas nuevas). Entonces, para ir concluyendo, existe una dualidad en la realidad constante a raíz de la certeza de un solipsista del "yo sólo existo" (insisto que es una conjetura inicial, inacabada y completamente cierta frente a un mundo que se presenta como caotico) pero es cuando varios de estos solipsistas entran en relaciones sociales que se van forjando estructuras sociales como garante de ordenamiento entre los propios individuos, y estas estructuras dependen precisamente de que exista previamente una naturaleza ininteligible hermenéutica y unas conciencias que vayan re-interpretándola como fenómeno. Lo en sí aquí se nos aparece no como algo sin importancia, sino como aquello que funda justamente todo. Las personas que conocen relativamente (en otro momento explicare por qué) su entorno, diferenciado de un contorno, al entrar en comunicación, crean algo nuevo pero que sigue estando fuera de una sola conciencia, es por esto que digo que es en cierta forma ininteligible (porque sigue presentándose no como certeza sino como caos) y a la vez creado por seres de manera complemente no ininteligible, por qué. Será porque a medida que más nos relacionamos y conformamos un grupo cada vez más diverso, más se van eliminando nuestras diferencias y se generan masas uniformes y generalizadas, o sea, que la sociedad como máximo conjunto de estos solipsistas, resulta tener un en sí complemente inabarcable, sólo podemos conocerla mejor de manera sesgada. Entonces si volvemos a la pregunta inicial, por qué queremos dominarlo todo, debe ser por esta dualidad de la realidad, por esta conformación de un yo a través de su experiencia original del mundo, entonces buscamos o mejor dicho, tanteamos todo lo que se nos aparece para ver si lo podemos incorporar en nuestro yo o abandonarlo a la naturaleza. Al fin al cabo, usamos el pretexto de la diferencia para la dominación. El afán de dominar viene a ser una mala acción por el deseo de marcar nuestros contornos del entorno en que nos encontramos, creemos que al poder controlar esa naturaleza, que ingenuamente solamente resulta ser un falso control, podemos definir nosotros, desde nuestro yo, lo que es y lo que no es o incluso peor, podemos errar pensando que al dominar estamos logrando que el yo suprima de lleno a la naturaleza, suprima toda posibilidad de alteridad, intentando así eliminar el caos primordial pero que sólo conlleva mayor caos. 

lunes, 31 de mayo de 2010

La ininteligible naturaleza y la dialéctica de los solipsistas

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El concepto de Naturaleza ha tomado variadas acepciones a lo largo de la historia, constituyéndose en la filosofía moderna como un caós bastante repudiable y aborrecido por los humanistas de la época que centraban lo educado e ilustrado en la auto-conciencia, en el pensar constante del ser humano siendo esta la principal característica del ser humano. Sin embargo, luego de que este racionalismo se radicalizara de una manera bastante racional a lo largo de la historia y se formulase concretamente en el subjetivismo que rondaría al ser humano específicamente ya con Kant, el concepto de naturaleza, de lo natural, se tornaría erróneamente a uno más bien ontológico. Resulta ser que la naturaleza del hombre se consideraría como sus raíces, aquello que viene al nacer en primera instancia (erróneamente), es decir, la naturaleza del hombre sería procrear, comer, cagar, etc. Todo aquello que el animal marginado hace de igual forma. Luego de que Descartes iniciara con su discurso del método toda una revolución del pensamiento humano, muchos lo malinterpretaron y se abocaron solamente al escepticismo puro, a dejar al pensamiento como único mandato y con Kant, con toda su gran separación entre los fenómenos y lo verdaderamente en sí, se corona este proceso al aceptar como el único camino teórico que quedaba era el de la subjetividad de cada uno. Completamente contrario a lo natural del animal, que quizás duda cuando se ve en un espejo pero no se cuestiona de lo que ve realmente existe ni que proceso mental tuvo que realizar para llegar a la anterior pregunta, aunque es dificil saberlo en nuestra calidad de observadores eso sí. A lo que quiero llegar es que siguiendo la lógica subjetivista, la naturaleza se nos presenta como lo contrario, siendo entonces una mera negación de algo dado por sabido como lo verdadero y correcto. Justamente en toda la ética deontológica de Kant se privilegiara al deber como lo recto del hombre, no a lo que es naturalmente correcto. No obstante, el subjetivismo sólo nos lleva a dos ambitos: la resignación o nihilismo; y a la vez la utopía o voluntad pura. Por un lado resignación al descubrir que no avanzamos nada desde nuestras cabezas, que al dudar de todo y al plantear lo bueno en algo tan elevado se vuelve irralizable en la práctica dando tristemente la aceptación de vivir de aparentes verdades; y por otro lado se nos manifiesta la utopía y el fervor ingenuo de creer que se puede apropiar de todo, de transformarlo todo, desde la pura voluntad de poder de Nietzsche.
 Pero aquí nos enfrentamos a un grave error conceptual que afectaría hasta a los más avezados estructuralistas post-modernos. La naturaleza no es aquella contraposición de la libre autoconciencia sino que va más allá de ella misma, y sólo es dada o entendida por quien la crea. Hablar de naturaleza es remitir al creador o a la teoría que responde a la pregunta por la creación del todo, aunque para el caso del hombre sólo puede remitir a alguien superior. 
No se trata de creer en Dios ni plantear la necesidad de él sino de manifestar abiertamente la imposibilidad de conocer nuestra naturaleza. Y en ello somos igual que todo ser viviente pensante. No sabemos si la pretensión de nuestro creador fue precisamente la reflexión y ser subjetivista por ejemplo. Otros me preguntaran por qué debe haber un motivo explicito en la creación, pero asumir la ausencia de ello es lo mismo que asumir la falta de importancia de lo creado, la nula carga de sentido de la misma la constituye como un mero accidente contingente a diferentes factores específicos dados. Por ejemplo la teoría de la evolución a pesar de niega a un creador que haya formado a la especie humana ya es una respuesta a la pregunta, existe una causa creadora pero su error esta en que no podemos atribuirnos sentido con ella, no podemos descubrir la naturaleza de nuestra humanidad precisamente porque se nos escapa de las manos, si planteasemos que solamente lo natural es sobrevivir y matar si es necesario con tal de preservar la especie ahí seguimos en el subjetivismo moderno, es seguir planteándonos la idea de que los hombres nos podemos definir nuestra naturaleza, nuestro modo originario de ser, cuando posiblemente no tengamos ningún modo escrito, una suerte del libre albedrío natural pero, no obstante no estamos en calidad de determinarlo por nosotros mismos por su carácter ininteligible. Entonces nos encontramos en un primer momento con una modernidad que se equivocó al malinterpretar a los grandes escépticos, al sentirse creadores de si mismos desde un subjetivismo que verdaderamente no creaba nada sino que resultaba una actitud meramente formativa  que no supo distinguir la diferencia entre lo que creamos y que o quien nos creo, entre lo que denotamos de las cosas y el significado que existió antes que nosotros. Y que conste que yo no hablo de un destino griego ni de un Dios cristiano que haya conformado todo, lo que planteo es que la pregunta ¿para qué vinimos a este mundo? ¿por qué somos? se nos escapan de las manos ya que no somos capases de conocer nuestra ontogenesis propiamente tal, sólo tenemos recuerdos vagos de una experiencia original pero aún así no tenemos el conocimiento ni certezas de algo absoluto.Incluso en el concepto de persona de Spaemann llegamos a esta conclusión y aqui si se ocupa bien el concepto de naturaleza al decir que la persona no es una característica sino que obedece a una característica de un titular siendo este el poseedor de una diferencia interna como la llamaría él, que básicamente se refiere a la capacidad del hombre de ser consciente como sujeto y a la vez abstraerse de sí conociendose como objeto, siendo esta dualidad lo que motiva al hombre a ser diferente, a separarse de su naturaleza pero no entendida como algo dado, como una naturaleza escrita y hecha de por sí conocida por todo hombre, al contrario la gracia de esta naturaleza, la gracia de aquello que se esconde detrás de las mil máscaras de la persona es que es incognoscible por el carácter ininteligible que hablaba anteriormente que posee, pero todos damos por hecho que existe gracias  todas estas vaguedades de nuestra memoria y porque por necesidad la debe de haber; y precisamente porque no podemos conocer nuestra naturaleza es porque actuamos, ya sea de forma desiderativa o racional ya que al quedar vedada dicha naturaleza al ser humano, al encontrarse con una aporía consistente, este queda ante dos caminos, por un lado resignarse en su búsqueda por ser incognosible y por otro, forjarse utopías, sueños de poder conquistar ese terreno inconquistable. Pero, sin duda, ambos caminos no llegan a una respuesta o al menos un acercamiento a nuestra naturaleza y es por esto que Levinas admite que el hombre no puede totalizado, sino que resulta ser infinito, precisamente porque sería asumir que el propio individuo se entiende y se explica a si mismo, no obstante este se le escapa en la realidad, y es este escape justamente lo que lo mantiene como humano, siendo la pregunta constante que genera más pregunta lo característico. 
El mundo, en cambio, si lo podemos entender, no necesariamente conocer de por sí, pero no va al caso ya que cuando me refiero a mundo remito a todo aquello creado por el hombre pero no a lo material en sí sino a lo que realmente tiene un valor para el hombre justamente, a las estructuras. Dicho mundo resulta ser comprendido porque nosotros le damos las reglas y es desde este mundo que podemos plantear la historia de la humanidad, no su ontogenesis más básica, sino su desarrollo y que justamente ha pasado por una dialéctica constante entre la resignación y la utopía, entre la tesis y la antitesis constituyéndose así mi dialéctica de los solipsistas donde comprendemos el relato de la humanidad como un constante traspaso entre dos momentos, por un lado uno en que se resigna el hombre y se niega a si mismo creyendo en las estructuras creadas y en otro donde vuelve a si mismo con la esperanza de poder, desde sí, darle respuesta a todo. Es decir, y retomando la pregunta central de este texto ¿Para qué somos? nos deja tres opciones, una sería darle una respuesta, la otra sería mentir que sabemos dando una falacia y la última constaría de no responderla y dejar que otros o que las estructuras mejor dicho, lo hagan por nosotros. Es así como al no hallar la primera opción nos hemos decidido a lo largo de nuestra historia por una y otra, alejándonos y volviendo sobre si mismos, creyendoles y legitimando estructuras para luego reprocharlas y destruirlas en un constante vaiven que no podemos determinar si ha sido el "más correcto" acorde a nuestra naturaleza original. Seguimos entonces un constante proceso circular que parte de utopías, de fe en sí mismo y de profundo subjetivismo representado por el solipsista que en un determinado minuto choca con las propias estructuras creadas de la relación de sujetos, no con el otro que sigue apareciéndonos como infinito e indeterminable por lo tanto de igual forma, dudoso; estas creaciones sociales se nos aparecen como dominadoras, como condicionamientos ajenos al ser humano, y es allí entonces cuando se cae en una resignación, en una inmovilización frente a lo construido por nosotros mismo. No somos lavadoras, que cumplen su función y ya, sino que ni siquiera tenemos la certeza de conocer nuestra naturaleza entonces menos vamos a cumplir o no algo, simplemente actuamos en un vaivén dialéctico tanto subjetivo (resignación-utopía) como inter-subjetivo (sujeto-construcciones o estructuras).
Lo que faltaría hablar respecto a este esquema filosófico sería ahondar en el "otro", a lo que apresuradamente me atrevería a plantear como una creación social. Pero dada la extensión de este texto lo dejaremos hasta aquí por hoy.

domingo, 23 de mayo de 2010

La connotación denotada

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Se habían juntado tres amigos que hace mucho tiempo no se habían visto. Se conocían al revés y al derecho como se diría popularmente y simplemente por falta de tiempo que ya no se lograban reunir. De la alegría del reencuentro rápidamente pasaron a una euforia descontrolada donde a uno de ellos se le tenía que ocurrir la brillante idea que les cambiaría la vida. Cada uno escribiría en un papel lo que siempre habían deseado ser y lo llevarían puesto en la ropa por toda una semana. Lo que aparece simple siempre se torna maravillosamente complejo, así tienden todas las cosas del ser humano, y esta vez no sería la excepción. El primero escribió en el papel nada más que "Líder" y al volver al trabajo se encontró frente a varios problemas que nunca nadie le había encargado y precisamente porque nunca había mostrado liderazgo, ni mucho menos un papel con ello explicito. Si incluso el mismísimo gerente le consultó que hacer con los japoneses que exigían bajar el presupuesto de tal  proyecto, a lo que el Líder, perplejo por tanta confianza entregada, sólo le contesto que no lo bajara; por lo que el gerente muy orgulloso le dijo entre risas que por algo él era el líder de la empresa y no otro. La de finanzas se le empezó a insinuar y el molesto tipo de las fotocopias lo comenzó a tratar con respeto y cortesía, sin embargo, él se sentía igual. Pero lentamente se fue convenciendo de lo que decía su papel; casi por arte de magia se había convertido en un verdadero líder seguido por todos hasta llegar al minuto de no necesitar el papel, la mascara.
El segundo, en cambio, escribió "Honrado". Luego de una vida de descontrol y múltiples inmoralidades, sus cercanos parecían olvidar todo ello considerándolo ahora como un hombre recto y de buena fe. Le confiaban sus secretos y por más que este los divulgaba y los tomaba para la risa, la gente lo perdonaba y aumentaban las dosis de confianza hasta que llego a preguntarse a sí mismo si realmente era lo suficientemente honrado para merecer tanto cariño y entrega de los "otros" que siempre había despreciado y alejado, ahí fue cuando notó que aún seguía con el papel atado a sus ropas por lo que, poniéndose a prueba, decidió partirlo en mil pedazos, no obstante, aún así la gente lo enalteció y le confirió mucho respeto y cortesía. Agradecido del mágico papelito lo busco por la basura y reunió todas las partes dejándolas guardadas en un pomposo marco de cristal en medio de tantas fotos de buenos amigos que ahora tenía incondicionalmente. Finalmente llegó a la conclusión de que quizás, tan sólo quizás, él si podía ser una persona honrada por naturaleza; y desde aquel instante, en el que asumes la posibilidad, se despojó de toda mascara. Mejor dicho, se apropió de aquella mascara haciéndola suya, después de todo, nadie es libre de mascaras y a nadie, nadie le puede conocer; sólo las cambiamos y nos las cambian con relativa rapidez, siempre quedando vedado algo y a la vez dejando algo por encontrar. De ahí la historia se repitió como en el primero; se transformó en una persona llena de rectitud y honorabilidad, algo completamente inesperado pero absurdamente desiderativo y basta sólo ello, para que exista ya el enlace, el vinculo, la posibilidad de ser con el propio ser.

Y bueno el tercero... el tercero, luego de mucha reflexión en aquella lejana reunión, escribió cándidamente lo que deseaba ser, lo que más sencillamente anhelaba pero que jamás se había planteado  la posibilidad de serlo. Así, sin esperar lo que le iba a suceder, trazó las dulces letras que denotaban al sabio "Narrador".