sábado, 31 de octubre de 2009

Fragancias autoimpuestas

4

Nos juntábamos los sábados cada dos semanas, simplemente a hablar. El imperativo era tal cual, solamente conversar, daba lo mismo sobre qué, ni los cómo, ni mucho menos la doble intención. Bastaba con reconocernos como humanos para darnos por satisfecho o al menos para seguir un día más con la triste apariencia de una solidez o de algún trillado equilibrio que cada uno buscaba solventar. Al menos dentro de ese mutuo marco de necesidad las reuniones se tornaban amenas e interesantes, dando espacio a un sin fin de revelaciones que para el caso llegaban a ser vagas y nimias. No me acuerdo bien pero esa noche hablamos del suicidio, de la necesidad de probar cosas nuevas, de drogarse, del suicidio. Pareciera que todos simplemente nos hallábamos unos cobardes que no se atrevían a cometer el gran e idealizado fin; todos conocíamos, y con gran desdén, que éramos unos dominados, unos adictos a la determinación. No vivíamos la vida que queríamos vivir, éramos unos cadáveres inertes que buscaban morir. Apagábamos las luces, en una desidia casi forzada por nuestros mundos. Prendían ciertas velas y se equidistaba el alcohol. Así eran las reuniones del Club cuando era joven, así se iniciaba la perenne maldición. Y precisamente lo decadente y patético que se mostraba el ritual, lo volvía más irresistible, parecía existir una propia humillación previa necesaria en esas vidas, necesaria para necesitar. Y volábamos. Sin ala alguna, sin freno alguno, sin ni siquiera cielo estrellado. Volábamos buscando ilusamente con que estrellarnos. Sin embargo, en esa noche ocurrió. Las copas ya estaban llenas y el licor iniciaba el interesante proceso de truncar nuestras psiquis. Las caras se difuminaban y el punto de fuga parecía desaparecer. Vaso tras vaso, lágrima tras lágrima, soledad tras soledad iban yermando lentamente las voluntades sobre nuestros seres. Me sentía pesado, reconocía toda la carga que llevaba y dialogaba con ella. Vaso tras vaso, iba ya disipando cualquier fin último, vaso tras vaso, me fui borrando. Pero me llego el golpe con la realidad, o al menos mi cuerpo se hizo presente al flaquear. De una manera circunspecta me escabullí hasta el baño, vomite todo el material, y me quede observando a mi reflejo. Como había llegado a tal, me aborrecía, nosotros que éramos intelectuales no podíamos darnos el lujo de morir de esa forma. Debía ocultar cualquier evidencia, así que limpié el retrete y llene de fragancias de lavanda y margaritas el baño ajeno. Volví a la ceremonia y continuó la charla. No obstante había algo que se hacía notar, tenía una sensación distinta; definitivamente lo sabían así que busque cada posible vestigio que me incriminara. Claramente el olor a vomito se había impregnado a mi ser a cabalidad, o incluso el propio sonido, el quejido inconsciente al expulsar el alcohol tan elocuente y disonante se debe haber hecho notar. Veían en sus caras como se reían de mí, notaba que olfateaban como sabuesos en la sala encontrando a la víctima, la inesperada víctima por cierto. Pero eran gentiles, grandes actores (como todos en verdad), unos sínicos de mierda que gozaban con mi ansiedad. Me devolví al baño y me lave las manos con una esquizofrenia que no llegaba a satisfacer mi vesania, necesitaba lavarme, me saque la camisa y la corbata, encontré el hedor a alcohol de inmediato. Me metí a la ducha muy sigilosamente y con rabia comencé a pasearme con el jabón. Volví renovado, pero nuevamente sentía ese aroma maldito. Me lave con más fricción ahora y en vista de la ocasión, producto de la desesperación, me rocié el aroma a lavanda de baño sobre mi cuerpo. Regrese, pero noté ahora el olor que venía especialmente marcado de mi pulgar izquierdo. Más fricción, más jabón. Ahora estaba en las uñas. Más fricción, más jabón. -¿Matías, te sientes mal? ¿Por qué has ido como siete veces al baño?- Me preguntaron, obviamente socarronamente, cuando ya me rendía en el sillón. No tranquilo estoy súper bien. Como los odiaba, como gozaban con mi secreto de Perogrullo. Ese olor, ese embrujo fatal que no quería salir, debía acabar o al menos cambiar. Así que me vi obligado a tomar un camino apresurado, me impregne de mi propia orina y salí triunfante del baño. Esperaba que por fin asumieran su actitud falsaria pero en cambio siguieron la conversación, como si ningún olor existiese. No aguantaba más así que grité como nunca -¡Atrévanse a decirlo de una vez!- y todos quedaron sobrecogidos e intrigados. -¿Me dirán que no lo han olido? Y negaron con sus cabezas. Me van a decir que no sienten el olor a vomito que tengo, el olor a orina que tengo en mi cuerpo. Y otra vez negaron ahora riéndose por lo absurdo de la situación. Nadie lo había sentido… Nunca había existido para ellos… Al menos hasta que Miguel se me acercó y sintió de inmediato el horrible hedor, para luego mágicamente invadir todo el recinto y generar el malestar de todos los convocados. De ahí que no me puedo limpiar la pestilencia, mi condena, mi humillante condición. Llevo casi diez años ya y a pesar de bañarme en fragancias finas y pomposos jabones perfumados, la peste sigue ahí, la perenne desconfianza no me deja dormir.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Deber Ser

1

Quizás podría ser un poco más idealista, para así mantenerme despierto

Pero ciertamente la duda no se me escaparía ni un momento

Podría dormirme entre los lirios

Y perderme para siempre entre tus dedos

Caerme a mí mismo, y ser, levemente, sin aparecer

Más existencialista, para figurar latentes suspicacias

O posiblemente actuar, como aquellos, los payasos

Con sus miradas tristes e irreflexivas

Con harto Rush y maquillaje por doquier

Quizás, tan solos, quizás

Con harta piel y conteniendo las ganas de nacer

Por ese deseo de ver, la completa ceguera que ilumina el placer

Quizás, tan sólo quizás

Pueda ser yo mismo de verdad

Quizás, tan solo, quizás

Pueda ser el mismo que algún día quizás pensé



sábado, 17 de octubre de 2009

Digno de ser narrado

2

Es que no te quiero ver la verdad. Hoy por lo menos no.
Eso me dijo mi novia ayer cuando, con un extraño rechazo continuo, finalmente hacía explicito el rompimiento con esas palabras. Sería todo, colgué. Pero no, mi orgullo devastado no podía quedar así, mi mujer negándome salir y más aún, no era cualquier salida sino que iba a ir a una fiesta llena de hombres que podían aprovechar. Probablemente ya tiene a otro, y al escribir estas palabras noto que es muy evidente, seguramente quería evitarse esa incomodidad de tener al amante cercano a mí. Que fastidio, que doblez más grande. Después de tantos años soportándola, queriéndola y pisoteandome. No. Esta noche debía cambiar, o al menos en apariencia. Demostrarle a esa falsaria mujer que yo también podía salir por mi cuenta. Sea como sea, debía salir a alguna fiesta y encontrarme alguna idónea e ingenua, o quizás no tanto, mujer que con ella disipara toda la vesania que estaba sufriendo. Llegue incluso a poner música a un volumen alto, tomé un poco de whisky y me senté mirando a la nada pensando Puta que la estoy pasando la raja. Pero no, sabía muy bien que no y toda esa poca franqueza conmigo mismo me hacía arder aún más. Llame a algunos amigos buscando donde caer muerto, a ser el convidado de piedra que sólo quiere pasar al final y al cabo, en el alcohol. Sabía muy bien que no podía tocar a otra mujer que no fuera ella, la amaba o tal vez incluso la sigo amando pero para el caso da lo mismo el amor, llega a ser tan nimio que ni de eso me preocupe cuando llamé a una amiga. Que no era cualquier amiga sino que con ella había tenido un desliz por así llamarlo hace algunos años. ¿Alo Natalia?... Si mira porque no te vienes a mi casa e invitamos a algunos amigos, yo traigo algunas compañeras de trabajo que tengo, no se... hace tiempo que no te veo, esperaba que me llamaras... Y sí bueno pero ahora me enmiendo invitándote, no sé, a salir. Vamos a Providencia, al Pura Gula, donde te dan pizzas hasta reventar.... Si lo sé, ya no te acuerdas ingrato que me llevaste como tres veces... Ah bueno pero que me dices nos juntamos en el metro Pedro de Valdivia ahora... Esta bien...

Sexo, no era más que otra invitación a tener sexo, con alguien que siempre me había querido pero que ahora, en este contexto, llegaba a ser sucio. Sabia muy bien cuales eran mis intenciones, bastaba escucharla para entender de que la resignación había llegado a su vida a tal punto de aceptarle la cama a un lejano que estaba con otra. Pero eso tampoco tenía importancia, al igual que el amor, no obstante seguía creyendo en que no podría tocarla. Aunque era una delicia te diré, tenía unas piernas que te encandilaban cuando se comenzaba a desprender de su ropa. Y estaba en esas añoranzas cuando me di cuenta que eran las 11 de la noche. Metro a punto de cerrar y en las micros había que rezar para volver vivo. No importa. Yo debo salir, debo traicionar, debo realizar la soñada perfidia. Pero si tampoco vas a lograr algo. Debo y punto, esto me esta matando y si no hago algo quizás que haga. Mira te vas a exponer al peligro, y además arriesgas el no concretar nada y aún en el caso contrario, te arrepentirás toda tu... Shh Silencio.

Salí de mi casa con mil pesos, sabía que era muy poco para salir, pero no me importaba. Corrí como nunca para llegar al metro, y mientras estaba en eso pensaba en llamarla para decirle... Bueno ¿estas con el otro? me parece bien, no yo ahora voy saliendo, si saliendo. No, no es mentira, me voy a juntar con la Natalia por ahí a disfrutar no sé... Es que a ella si que la quiero ver, y de hace tiempo... Baje las escaleras... No como otras que simplemente no me quieren ver ni en pintura... Estaba abierto aún... En cambio la Natalia, si esa que llamas suelta, ella si que le encanto la idea de verme... Llegue al torniquete... Incluso hasta me dijo que me estaba esperando con una sorpresita guardada de hace tiempo, y creo conocer cual es... Saco la tarjeta del bolsillo... Y estoy seguro que me va a encender como la primera vez que se puso ese vestido... Saldo insuficiente... Ese vestido negro... Saldo insuficiente... Que tanto me prendía... Boleterías: cerradas... Posibilidades de salir: Cero... Hija de puta.

Así me fui rendido, preferí no llamar a mi ex-casi-amante para no contarle la penosa razón del cambio de planes. Camine por las misma calle que había pasado hace minutos sintiendo la burla de todos los transeúntes que sabían de mi regreso en derrota y humillación. Mi orgullo ya estaba en el infierno, no quedaba cosa por hacer más que llorar, más que agarrar a patadas y gritar hasta más no poder. Destinado a no hacer nada, por esa noche. Llegue a mi casa, resignado prendí el computador y busque si había alguna huella de ella, algún mensaje, algunas palabras de disculpas, de arrepentimiento, no sé. Pero no, nada. Absolutamente nada. Ya estaba a punto de estallar, necesitaba huir como las mariposas, dormirme para siempre en los lirios de la derrota, volar por el vacío de realidad. Necesitaba escribirte estas palabras. ¿Con que motivo? Sólo ella lo sabrá, mi querido lector.

jueves, 15 de octubre de 2009

Des-Aparecer

1

Todavía no lo encontraban, ya tenía cierto miedo de que lo hubiesen dejado de buscar y se sentía un tanto feble desde allí, después de todo, padeció desde una enorme excitación inicial hasta una completa vesania en contra de aquellos alevosos sujetos. Con todo ese caldo de emociones era de esperar que fuera a desmayarse unos minutos. Es que el juego era tan atractivo al comienzo, como todos en la vida en realidad. Pobre chico, tan inerme; él no tuvo la culpa.

Luego de que saliera de su escondite, ya hastiado de tanta incomodidad, al encontrarse sólo en esa inmensidad, en todo ese completo infinito, comprendió que a él le tocaba contar.

Siempre me han gustado los globos aerostáticos, siempre han sido mi pasión y ya he ido a tres concursos. No te diré que he ganado siempre, pero al menos en una oportunidad quede en el podio. Pero más allá de eso, es esa sensación de sentirte un punto en medio del azul eterno, es la brisa que recorre tu cara como una ninfa diciéndote: bienvenido al paraíso celestial, es el sol brillando en el horizonte, esa elevación por sobre aquellos verdes y pomposos montes que se me vuelve irresistible volver. Y bueno para mi hijo menor resultó igual. Siempre le decía que no se subiera solo, que es muy peligroso y todo eso que como buen padre uno debe decirle a sus hijos. Sin embargo insistía, aún con sus 8 añitos de edad, insistía en querer volar. Es que es imposible no amar esa sensación, ese flotar en el vacío como en un ascensor al cielo. Si le brillaban los ojos cada vez que partía, se quedaba mirándome desde abajo, y me seguía con esos ojitos hasta ya no poder ver mi rostro. Ver un globo en el aire, es una belleza también, pero obviamente no se compara con estar en el propiamente. Y fue por ello que pensé de inmediato en él cuando vi que se elevaba.

Estaba reparando un chispero en mi taller cuando por la ventana veo que mi globo se elevaba. Al llegar, ya era demasiado tarde, estaba a metros de mí y no escuchaba mis gritos. ¡Baja hijo! ¡Cómo se te ocurre hacer eso hijo!. Ya estaba ahí, el boyante globo, en la nada misma. Con mis gritos se preocuparon mi señora y mis otros hijos más grandes, que al conocer lo sucedido, no lo podían creer. El más incrédulo fue a buscar a mi pequeño por la casa, sin dar con ni un rastro de él obviamente. Entramos en la desesperación de no saber que hacer, llama a la policía, a los bomberos, no sé, pero llama a alguien. Cada vez se iba a alejando más, y gracias a los vientos del oeste se fue desplazando hacia la ciudad. ¡Noticia de último minuto! Niño de ocho años atrapado en el globo aerostático de su padre viaja por los aires de la ciudad, la policía a pesar de sus intentos aún no ha podido lograr superar la situación. Ni con helicópteros pudieron, corrían riesgo ellos y mi hijo así que no se pudieron acercar lo suficiente. Ya no sabía que hacer, era un peligro tremendo cuando pasaba por todos esos rascacielos y cables que me llegaba a dar pánico. Y para peor, toda la prensa ya hablaba del suceso dando la vuelta el mundo el padre irresponsable que no cuida a su hijo de algo tan peligroso como aquello. La respuesta de los bomberos fue categórica y muy decepcionante: No podemos hacer nada señor, lo sentimos... ¿Si? sabe como se siente que ningún idiota pueda sacar a mi hijo desde allí, sabe como se siente que me diga que debo esperar a que mi hijo baje solo, sano y salvo poco menos. Que me quede de brazos cruzados mientras allá mi niño debe estar llorando, sufriendo de una forma, no sabe el trauma para toda la vidaque le quedara, me pide que me quede rezándole a Dios de que no le pase nada, de que no ocurra ese 99% de que ocurra algo terrible en esta situación, ¿usted siente eso acaso? Señor entiéndame, no se puede hacer nada, absolutamente nada cuando una persona quiere volar... ¡Pero de que me habla imbécil! y de ahí comencé con la ensaladera de insultos y afrentas posibles de mi vocabulario, producto del stress y la desesperación comprensible para la situación. Mi mujer en una completa vesania se encontraba llorando y gritando tirándose los pelos viendo como el globo se aproximaba a un edificio muy alto. Valla a hacer alguna co... Y mientras le gritaba al jefe de los bomberos, se estrella en contra de un ventanal, tambaleándose por los aires de la ciudad cayendo finalmente, luego de varios golpes entre las edificaciones urbanas, a la calle lóbrega. Mi señora grito hasta más no poder y toda la gente se acercó al lugar mientras los policías trataban de alejarla. Un Oooh se escuchó al unisono y todos los observadores quedaron pasmados ante la interrogante: No había absolutamente nadie.

-¡1,2, 3, por mí!- Y aparentemente el juego había terminado.
Luego de que salió de su escondite, ya hastiado de tanta incomodidad, al encontrarse sólo en esa inmensidad, en todo ese completo vacío, comprendió que a él le tocaba contar.

sábado, 10 de octubre de 2009

Cicatriz de otra vida olvidada

3

Luego de conocer tantos rostros, de distinguir tantos cortes en las muñecas, solo me dejan un sabor amargo. No por ellos, sino por nosotros. Parecieran un tanto excluyente tales palabras, pero a la hora de comparar nuestras vidas, claramente que somos más pobres que ellos. Nada nos distancia, siempre han estado y estarán allí. Aquellos que tienen menos que todos. Que viven con un salario o mejor dicho algunas monedas que parecen una aberración para nosotros. Pero nosotros mismos somos los que creamos la pobreza. La equidad parte por casa. Y muy claramente a la hora de ver como discriminamos, como clasificamos, como enmarcamos a personas iguales que uno, en una casilla que materialmente va cambiando. Me da rabia, me molesta el espíritu, que sólo sirvamos. Tantos de ellos, de los tíos, de los amigos, que se intentaron suicidar con la mierda e inmunda vida que llevan, sin embargo para nosotros son unos simples y asquerosos borrachos de mala muerte. Que han gastado su vida en el alcohol y en las mujeres. ¿Hey amigo, pero que es de tu vida? Solamente una linea marcada, no por ti... Si no por otros. ¿Qué piensas estudiar, que piensas hacer en el futuro? Seguir lo que todo el mundo cómodo y normal sigue, determinarme así como al resto, en un sistema que día a día nos vuelve más útiles y específicos. Me da vergüenza mirar ya a uno de esos "pobres" de la calle, me dan envidia. Mientras nosotros cada día nos dejamos dominar, convirtiéndonos en gente para el servicio de los demás (si es que ven a "los demás"). Si claro, para el servicio, para una función especifica. Para ser herramientas, un medio para algo. Cuando el hombre debería ser el fin en si mismo. En que momento, en que momento se nos ocurrió desligarnos de nosotros mismos nuestros planes, de formarnos casi en una fábrica que desde nuestros inicios nos llaman a algo: Servir. Muchas gracias pero prefiero embriagarme, acostarme con las mil y una putas de este mundo, fumarme un pito y ver un enorme elefante rosa. De nada, pero asume el rol del rechazado, el sin ley, el mal nacido. El del pobre de la esquina que tendrá que rogar después ser como nosotros. Te equivocas amigo, si te pido limosna no es por anhelar tu mundo. Si no que para que el mio no se destruya. Para que dentro de la desesperación no se me ocurra tomar algo filoso y me atreva a cortar mis venas, mis manos. Estas mismas que ves con ya 13 intentos de morirme. De acabar y de irme. Mírate a ti mismo, quién es más digno: Aquel "pobre" que se muere por auto determinarse en la calle, o aquel sujeto que se transforma día a día en un vulgar objeto.
Darles el espacio que se merecen no es ni siquiera una exigencia, ni un deber inclusive, es la humanidad que debe renacer en nosotros. Es el auto determinismo que solo ellos aun no han dejado de lado y que siempre estarán allí, medio en necesidad y medio en apariencia, de recordarnos lo poco de humanos que nos va quedando...

Regresar

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-Pero vallase no más tío, no ve que esta haciendo sufrir a toda su familia de allá en Llanquihue-
-Si pero es que orgullo pues tío, ese orgullo que no me deja volver, yo no quiero volver derrotado me entiende... Si yo vine a Santiago fue para comenzar una nueva vida, a ganar más plata, a dejar de tomar- Me decía con su mirada triste buscando en mis ojos algún poco de piedad, piedad que confirmara sus mentiras auto impuestas, para solventar su obstinación infantil. -Pero tío, ¿no me dijo qué le fue peor con el trago aquí que allá? ¿Acaso no quiere recordar esos 15 años en el vicio del alcohol de los que tanto se arrepiente? Si amigo, si lo sé. Pero entiéndame que si vuelvo, sera pa siempre... la derrota sera pa siempre. ¿Acaso uste podría vivir con una frustración así pa toa la vida? Pues será difícil, lo sé. Pero le aseguro que no se arrepentirá de volver, la familia nunca lo va a ver como un perdedor, a su familia le ha dado mucho y se nota que lo quieren harto; no les siga haciendo daño, no se siga haciendo daño. Tome sus pilchas y vallase de aquí no más le digo. Pero tío, yo tan sólo necesito 1500 pesos, con eso saco una fotocopia de mi currículum, así el chino, un amigo mio, me da una pegita que rinde pa salir de acá y empezar a surgir como dios manda pue... Vallase, lo único que se lo impide es usted mismo amigo, no sea tonto si en el fondo usted también quiere volver. Debe estar cansado de luchar, de perder constantemente, de no conseguir ningún anhelo o sueño que tiene... Vallase le digo, sólo vallase... Si mi hija quiere puro que me valla, cuando me llamó se le salieron las lágrimas, pa que hablar de mi hijo... Ve que lo extrañan, si se nota que lo quieren harto amigo ¿Oiga pero cómo encontraron su número?... Bueno mi hija fue, que tenía una amigo que le ayudo a buscar en la lista de teléfonos pero ningún daba conmigo, entonces su amiga le dijo que llamara al hogar de Cristo, que quizás este ahí y todo eso. Y bueno llamó y le dijieron que yo estaba durmiendo aqui... Yo no sabía si responderle o no... Pero le conteste, y le juro que cuando me puso a mi nietecita le juro que me quebre entero, cuando me dijo: vuelve tatita te queremos ver de hace tiempo, le juro que me quebre... De ahí mi hija me dijo que me tenía listo los pasajes, que tenía todo preparado pa que volviera con ellos.
Pero esta diciendo pues, vuélvase a Llanquihue, vuelva a estar con su familia que tanto lo quieren, no se deje llevar por su orgullo, si no hay nada más lindo que el reencuentro. No hay nada más lindo que regresar.


Al día siguiente, Don Cesar, nunca más volvió a la hospedería...
(Una de las tantas historias, Hospedería del hogar de Cristo, Octubre del 2009)

sábado, 3 de octubre de 2009

Géminis

1

La mirada era un completo reflejo de su alma ¿la encontrare otra vez? Su rostro pálido y débil daba una inevitable sensación de compasión. Su ternura era algo que llevaba en cada poro de su piel que lentamente comenzaba a besar gritando ¡ámame, ámame con todo tu ser! Ocurriendo esos espasmos de inseguridades cada vez que mis labios rozaban esa suave textura, resultando la máxima entrega que nunca antes había recibido. Sumisa y desnuda la tenía en mi cama, en mi escenario donde el clímax recién comenzaba. Me absorbía, indirectamente cada célula de mi cuerpo, sin hacer absolutamente nada. Esa pasividad daba a rienda suelta todo mis deseos con ella. Mi amor se plasmaba en ese cuerpo confundido y temeroso que se retorcía al agitarnos cada vez más fuerte. El monólogo seguía siendo el mismo, divino. Esa era mi mujer, aparentemente tranquila, completamente dócil y fatal. Soltaba lagrimas con facilidad, sus emociones no las podía ocultar. Su pelo rubio brillaba al sonreír y bailar. Esa era, así era ella, mi mujer. Sin embargo, cambió. Sin esperarlo mi tan dulce musa cambió. Como si sus alas emplumadas de un segundo a otro se fueran desgastando dejando solamente su leve humanidad.

Nos íbamos a ver en tal lugar, con una completa normalidad, pero ocurrió una interrupción y nos vimos obligados a olvidar cualquier plan. Ya vaticinaba yo que iba a pasar, después de todo, era géminis en su interioridad. Una reunión de mujeres estaba por organizar, era el deber como su pareja, visitar, y ya sabía yo como era ella al estar con sus compañeras. Al llegar me encontré con mi mujer, que al abrir la puerta comenzaba a resquebrajar. Su tierna piel a pedazos caía a mis pies, advirtiéndome de lo que iba a pasar. Al pasar por el umbral, ya era otra, no mi mujer. Su pelo se convertía a un oscuro y vacío negro, su rostro ya no expresaba compasión alguna sino temor y falsedad. Carcajadas y ofensas comenzaba a expulsar de esos labios que ya no eran míos ni de nadie más. Sus amigas provocaban algo que no sabría explicar. Improperios, incluso contra mí, conocí. Era aborrecible, altanera y malagradecida. No sé que hizo con mi mujer. Sus alas marchitas ya desaparecían y solamente quedaba una humana. Todo el idealismo, la perfección y las sutilezas, se esfumaban así, como todo el amor que huía cerrando la puerta extraña. Su grupo me excluía, me apartaba de mi existir, convirtiéndome en un florero, un payaso y en un sirviente poco menos. Cambió con ellas, ¿por ellas? Sólo cambió. Su amiga se convertía en su amor, yo pasaba a un segundo plano, uno de omisión y reclusión, y me debía bastar o al menos para esperar, si en algún momento volvía a mostrar a la mujer de la cual me enamoré. La desilusión de no poder acariciarla, de no poder besarla. Ahora me daba asco, su piel envejecida, su figura excedida y su rostro ofensivo ya me repelían. Tan sólo quería a mi mujer y al cruzar por esa puerta, al escuchar el llamado de sus íntimas chillonas y mal nacidas, me dejaron esto. Una bestia aborrecible y desagradecida. Qué hizo con mi dulce niña, mi tierna niña. Qué hizo con la de ondulado y dorado pelo, qué hizo. Odie a sus amigas, pero después de todo, ellas no tenían la culpa. Géminis tenía que ser, mostrando o ocultando su verdadero yo. El amor, el maldito amor. Nos hace aceptar lo inválido. Entender lo que nunca debimos comprender. Asumir lo ilógico como algo obvio, lo ambiguo como algo real.

Maldición quiero a mi mujer grité en mi interior, mientras veía como todos esos monstruos se burlaban de mí con sus tazas de té y el sushi para servir. Mi mujer, ya no era ella. ¿Se puede dejar de ser? Mi mujer ¿O no será que yo cambié? Mi parecer ¿Cuál es mi verdadero amor? Mi mujer. Mi pensar me dice que no. Tan sólo la idea de su ser. Tan solo la falsa ilusión de una mujer, que es todo y a la vez nada dependiendo de la ocasión.

Sólo me pregunto, en qué me convertí señor, no será el monstruo sin alas que soy, sino la tierna utopía que en deseo, pensaba vivir.

¿Quién fue el que cambió? Fin de la función…