No nos gusta dormirnos, por qué no sabemos si algún día volveremos a despertar.
No nos gusta morir, ya que no conocemos si algún día volveremos a vivir.
No nos gusta integrarnos debido a que no sabemos si retornaremos a ser libres.
No nos gustan las utopías, porque nos alejan de la verdad.
No nos gusta la verdad, porque no quiere existir, porque no sabríamos cómo mantener la pluralidad.
No nos gusta la diversidad, porque de lo contrario no seríamos tan variados en realidad.
No nos gusta decidirnos, no tenemos en base a qué ni mucho menos un por qué.
No nos gusta el contrato, ya que nunca a la letra chica leímos .
No nos gusta lo universal, pues desconocemos algo que sea mayor que la particularidad.
No nos gusta Dios, pero a la vez le pedimos que exista.
No nos gusta ser masa, nos sofocamos todos juntos.
No nos gusta vivir solos, no sentiríamos algo de opresión.
Nos nos gusta la contradicción, sí el absurdo.
No nos gusta la mansedumbre, tampoco el solipsismo.
No nos gusta el bien ni tampoco el mal.
No nos molesta la muerte, tampoco el vivir.
No deseamos realidad tal cual como no anhelamos soñar.
No nos gusta el dúo, queremos multiplicidad, al menos una tercera oportunidad.
No nos gusta hablar bajo un "nosotros" cuando sé que es mentira.
No nos gusta hablar bajo un "nosotros" cuando sé que es mentira.
No nos gusta el gusto, porque es la cuna de nuestro pesar.
No nos gusta pensar, pensamos para no pensar más.