martes, 9 de junio de 2020

The Sharer

0

What's on your mind, Matías? Le preguntaba Facebook. En medio de cientos de botones para hacer clic, con un par de notificaciones sin ver e historias de gente sonriendo o haciendo ejercicio. ¿En que estas pensando, Matías? ¿Por qué está en inglés? ¿Yo lo configuré así? ¿En qué estaba pensando cuando establecí mi cuenta de Facebook en inglés? ¿Hoy es el cumpleaños de Francisca? ¿Quién rayos era Francisca? No, no lo recuerdo. ¿Debería dejarle un saludo en su muro? ¿No sería muy cínico de mi parte si ni siquiera recuerdo quién era? Hace unos días, semanas o incluso meses que siento una presión en el pecho. Cómo si todo el oxigeno se quedara obstruido esperando a un eructo que nunca llega. Cuán aliviado me sentiré cuando me tire ese magno eructo. ¿Debería publicar una historia? Una foto felices con Isabel, una crítica al gobierno de turno, un vídeo breve de la cafetera nueva haciendo un Caramel Machiatto. ¿Desde cuando me gusta el Machiatto? Bueno ese vídeo ya lo compartí el sábado pasado. ¿En que estas pensando? Pensaba en su padre. En el poco empeño que tuvo cuando tenía las oportunidades para haber hecho algo grande. Algo trascendente. ¿En qué estaba pensando? ¿Qué no quería llegar a tener tanto dinero, qué ya tenia cuatro hijos y una casa, qué ya había conseguido lo que quería en su vida? Papá siempre flotaba. Siempre le decía que era como esos pajaritos que se posan sobre los cables de la luz. Simplemente están ahí, manteniendo un equilibrio cuasi inconscientes. Dios proveerá, le decía su padre, al igual que a esos pajaritos. Pero a Matías le reventaba la idea. Algo tenían que hacer, por alguna razón les gustaría estar en esos cables y no otros. Del mismo modo, le reventaba la tranquilidad de su padre. No sabía si era cinismo, flojera o resignación lo que había llevado a su padre a ese estado. Siempre fue un viejo sin grandes ambiciones, solo enfrentar el día a día. Sentía que estaba poniéndose como Cristóbal, su hermano mayor, que cada domingo discutían en la sobremesa por algún tema. Aunque ya no era cada domingo, y hasta incluso a eso le había perdido el interés su papá. Ya solo era un espectador, tanto del crecimiento de la familia como de las series en Netflix. ¿En que estaba pensando? ¿Qué había en esa cabeza? ¿Me estaré volviendo como mi padre? se preguntaba ahora Matías. ¿Me estaré dejando llevar? ¿me estaré olvidando de hacer esa cosa grande? El cigarrillo le empezaba a dar sueño pero la presión en el pecho se iba. ¿En que estás pensando? Facebook es el nuevo jefe,  ¿En qué estas pensando, Matías? Preferiría no decirlo.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Asir

0

Ese momento en que estas pensando y escribiendo puras obviedades pero sientes que hay algo verdaderamente nuevo y relevante, pero que aún no puedes asir. Asir es una palabra misteriosa. Como para toda cosa, Internet entrega multiples respuestas para entender qué es el asir. Pero básicamente sería algo como la capacidad de agarrar(se) con las manos a otra cosa y podría estar relacionado con el asa o empuñadora, que nuevamente, señala la parte "agarrable" de una espada u otro objeto. ¿Como agarrar eso nuevo y relevante? ¿Tengo las manos necesarias para ello? ¿Tiene algún asa por la cual agarrarla después de todo? Y sin embargo, siento que está ahí, esperando ser asido. Quizás debería agarrarme del sentir. ¿De donde viene ese sentir? ¿Intuición? ¿Naturaleza? ¿Tincada? Es bonita la tincada. Al parecer vendría del quechua tinku (acto de encontrarse, choque), mientras que en otros sitios se dice que sería un anglicismo de think.   ¿Pero entonces el momento en el que estamos sería uno en que se piensa obviedades pero que se piensan como nuevas y relevantes? ¿Adónde se fue el sentir? ¿Es lo obvio, quizás, lo más original de todo, y lo nuevo sólo lo más aburrido y falso? Al fin y al cabo, todo lo nuevo muere o se vuelve viejo con el tiempo y eso sí que es de lo más obvio. Tiempo, tiempo, necesito tiempo antes de dejar de ser obvio. Me quedo con el encontrarnos, con ese choque con la canica, aunque nunca fui bueno para la chita.

miércoles, 5 de junio de 2019

Timidez

0

Luego de estresarse por las puras, luego de preparar algo más elaborado, Agustín le dijo que se tranquilizara. Que no era necesario tanto. Siempre todo tenía que ser algo más simple, fácil o superficial de lo que él preparaba. Un continuo hacer de más. Todo el mundo lo encontraba una lata. Decían que era un tipo dificil de tratar, que no hablaba mucho y era dificil no pasar un silencio de incomodidad estando a su lado. Hablar con él era como si los puntos suspensivos ganaran sonido... Se hacían presentes fluyendo como torrente por toda la habitación. Es que no sé que decirle cuando lo veo, decía Nicolás, un poco harto de tener que ser amigo de él. La ausencia de palabras era algo punzante, nuevamente para esas personas dependientes del hablar golpeado y acelerado. Yo creo que él era observador y escuchador. Sobreanalizaba las cosas, es cierto. Quizás por eso era tímido. Le importaba mucho el cuidar el decir o el decir con cuidado. No buscaba crear vínculos de manera antojadiza. El tiempo los iría componiendo. Es como si desde los puntos suspensivos germinara lo bello, lo estrecho, lo real. Pero ahí estaba Agustín nuevamente, olvidando cómo había conocido a Martín, inventando la historia que él quería contar y manifestando lo que el resto sabia con solo verlo: Es que Martín es muy tímido. Martín es muy chico. Martín es pajero. Martín es poco vivo. Martín es... Siempre era descrito por otros. Mejor dicho, siempre dejaba que el resto lo describiera. Y luego terminaba escribiendo en un blog que nadie leía. Era como si el tecleo de esas palabras fuera a exclamar puntos suspensivos... Y no había nada más relajante e inconcluso que ello...

miércoles, 10 de octubre de 2018

Reencuentros

0

Venía con el corazón anudado mientras caminaba. ¿Qué pensará? ¿Por qué ahora y no antes? ¿Qué estará deseando conseguir con todo esto? ¿Cómo decirle lo que quería decirle después de tanto tiempo? Repasaba una y otra vez posibles guiones para decirle un "lo siento".  Se compró un té, se sentó y se puso a mirar su celular. En su burbuja tecnológicamente asistida se fue calmando, hasta que escuchó un ¿Claudio? Vaya que estás igual. ¡Mane! Cuánto tiempo, tu si que estás igual. No has cambiado nada... ¿Eso era algo bueno o algo malo? Poco importaba ya. Hablaron de cómo se encontraban sus familias, amiges y cercanes. De cuánto tiempo habia pasado en ellos. De tantos personajes que se habian enredado -y desenredado- al encontrarse esos dos. Todo seguía igual, los nudos seguían haciéndose y deshaciéndose. Las mismas sonrisas, gestos y miradas. Ella deslizó un viaje cercano con su actual pareja al sur. Él de sus proyectos de vivir en Estados Unidos con su actual pareja. Ya no tanto el cuánto sino el por qué el tiempo les había pasado, era la pregunta que se hacía. Ya me debería ir, dijo ella, no tengo mucho tiempo. Tiempo, tiempo, siempre el tiempo. A lo que rápidamente respondió un "espera, te debo un lo siento". Un nudo lentamente se desamarraba al escuchar un "gracias, que bueno que me lo digas".  Se entregaron sus respectivas fotos, la excusa material del reencuentro. Se despidieron y todo siguió igual. Las lineas siguieron caminando.

martes, 2 de octubre de 2018

La confutación del tiempo

0

Ha pasado tanto. Tanto ha pasado. Todo parece retroceder y a la vez todo se experimenta de manera diferente. ¿Uno crece o es el Uno lo que crece? Tiempo, necesito tiempo. ¿Me pudieras brindar un poco de tu tiempo? Dedico todo mi tiempo para pedir un poco de tiempo a los demás.

¿Para qué era el confutar? Se preguntaba entonces ¿Por qué era el confutar? ¿Cuándo el confutar se convirtió en pasado? De vez en cuando el confutar volvía a luchar, como cuando escribió estas palabras. En medio de pianos y guitarras a las 3 a.m., revisitaba hipervínculos y vínculos perdidos, códigos html y palabras rotas, comentarios anónimos y sentimientos anonimizados. Revivía el confutar al concentrar tu tiempo en él, o eso pensaba. ¿En qué cielo habrá acabado platoncito?

Vuelvo al confutar para hacerme creer que me alejé en algún momento. Para adoptar aquellas palabras como un reflejo de lo que "era". Para comprender cómo me sentía y cuán distinto me siento ahora ¿verdad? Pero la verdad no es así, duda.

Entró al confutar en modo incógnito. Buscaba ocultar sus pasos de sí mismo. Nunca se iba a enterar quien pasaba por ahí, qué versión de sí o en qué situación de sí se enfrentaba una vez más en la lucha de opiniones. ¿Era el mismo? ¿era otro? era (lo) incógnito.

A mi mente viene la realización de que quizás ese confutar sólo existe como ideal. Todo tiene fecha de vencimiento, pero nada vence para dejar de vencer. Nada vence al tiempo. La nada, sí, eso es, quizás al dejar nada, estaré confutando finalmente. El tiempo se (me) hace nada. Preciso de tiempo. ¿Ya te pedí tiempo?

Sueño, me está llegando el sueño otra vez. Esto parece ser un canal de YouTube para mi presente. Por favor suscríbete a mi pasado y dale like a mis súplicas por like. Y así, el fantasma vuelve a recorrer este sitio. ¿Me vas a culpar por querer ser querido? ¿desear ser deseado? Bueno sí, siempre mis métodos han sido un poco heterodoxos, lo sé. Es lo que me hace silenciosamente llamativo, heteronormado y cansador, no lo sé. Algunos animales y plantas piden afecto de forma más explícita, lo sé. Quizás estas palabras las vuelvo a escribir para que tu me reconozcas, no lo sé. Soy esclavo de mi futuro. Nietzsche reaparece equivocadamente en la escena.

Duda. A lo mejor eso es el confutar, la continua duda para vencer toda verdad definitiva, aquello sin futuro. Un test de fuerzas sujetas al tiempo. Hacer vencer lo invencible. No, eso no es, confutó la narradora.

martes, 16 de mayo de 2017

La bomba de vacío

0

Expectativas, diseños e imaginarios. Expectativas, diseños e imaginarios. Expectativas, diseños e imaginarios. Esta triada conceptual me habían propuesto para articular mi relato, mi argumento. Pero había algo que no me lograba convencer. Expectativas he tenido siempre, casi se podría decir que la prognosis de mi vida ha sido algo tan presente como pasado. Es como si mi futuro siempre tenía que estar diseñado, reflexionado una y varias veces, y en parte por eso permanecía como "futuro" y no como presente. ¿Pero imaginarios? Que podría imaginar en un momento así, en que dejas de pensar en lo que quieres conseguir y empiezas a aceptar lo que te alcanza, lo que te aparece. La imaginación debe ser libremente contradictoria, debe ser todo lo que no existe hasta el momento, pura negatividad. ¿cómo podría ser de otro modo? "Bueno, bueno, entonces sácale lo de "imaginarios" y ponle... esquemas, no sé, que sé yo..." No, no, es que esa triada va con los imaginarios, pero en este momento mi relato de vida no le corresponde esa palabra. Estoy en esas situaciones en que debes actuar, en que todos te dicen que debes actuar, antes que imaginar. Y, sin embargo, sigo imaginando. Imaginándome un relato de vida frustrado por las palabras y por el dinero. Piensa un momento y luego de un rato me mira con una sonrisa: "Ya sé, hay un libro de unos tipos que hablan de la triada Literario, Material y Social, échale una ojeada y me dices si te convence". El libro, ciertamente encarnaba lo literario, material y social. Existía, tenía peso, hablaba de ciertas historias de la ciencia y de cómo ella se articulaba en relaciones sociales bien frágiles, a ratos antagónicas, pero siempre casi por necesidad. ¡Sí! por ahí va la cosa. Una de las historias hablaba de una "bomba de aire". Ella consistía en un dispositivo que permitía sacar el aire de un receptáculo mediante unas palancas y sistemas de succión. La gran disputa de los científicos al respecto era qué quedaba en el receptáculo ¿nada? 
¡Sí! esa es la duda en mi relato. El que se hizo famoso con este aparato simplemente dijo: pues no puedo afirmar nada acerca del vacío, sólo puedo afirmar que es no-aire. ¡No! cómo te puedes conformar con eso. Cómo puedes aceptar que la muerte es simplemente no-vida, tiene que ser algo más que eso. ¡Ajústate a los hechos! dijo el científico.  Los hechos me dicen que no puedo hacer lo que quiero o que no quiero pensar qué puedo hacerlo. Estoy en un momento de no-acción, pero bajo el sentimiento de actuar. ¿El vacío? ¿Estaré en la nada? ¿Estaré en el receptáculo de mi bomba de vacío? Tendré que experimentar narrativa, material y socialmente, partiendo por este relato. ¿qué me fue sacado, qué me fue succionado? "Por ahí está mejor, ahora me voy de viaje, ojalá a la vuelta tengas la respuesta".