jueves, 15 de octubre de 2009

Des-Aparecer

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Todavía no lo encontraban, ya tenía cierto miedo de que lo hubiesen dejado de buscar y se sentía un tanto feble desde allí, después de todo, padeció desde una enorme excitación inicial hasta una completa vesania en contra de aquellos alevosos sujetos. Con todo ese caldo de emociones era de esperar que fuera a desmayarse unos minutos. Es que el juego era tan atractivo al comienzo, como todos en la vida en realidad. Pobre chico, tan inerme; él no tuvo la culpa.

Luego de que saliera de su escondite, ya hastiado de tanta incomodidad, al encontrarse sólo en esa inmensidad, en todo ese completo infinito, comprendió que a él le tocaba contar.

Siempre me han gustado los globos aerostáticos, siempre han sido mi pasión y ya he ido a tres concursos. No te diré que he ganado siempre, pero al menos en una oportunidad quede en el podio. Pero más allá de eso, es esa sensación de sentirte un punto en medio del azul eterno, es la brisa que recorre tu cara como una ninfa diciéndote: bienvenido al paraíso celestial, es el sol brillando en el horizonte, esa elevación por sobre aquellos verdes y pomposos montes que se me vuelve irresistible volver. Y bueno para mi hijo menor resultó igual. Siempre le decía que no se subiera solo, que es muy peligroso y todo eso que como buen padre uno debe decirle a sus hijos. Sin embargo insistía, aún con sus 8 añitos de edad, insistía en querer volar. Es que es imposible no amar esa sensación, ese flotar en el vacío como en un ascensor al cielo. Si le brillaban los ojos cada vez que partía, se quedaba mirándome desde abajo, y me seguía con esos ojitos hasta ya no poder ver mi rostro. Ver un globo en el aire, es una belleza también, pero obviamente no se compara con estar en el propiamente. Y fue por ello que pensé de inmediato en él cuando vi que se elevaba.

Estaba reparando un chispero en mi taller cuando por la ventana veo que mi globo se elevaba. Al llegar, ya era demasiado tarde, estaba a metros de mí y no escuchaba mis gritos. ¡Baja hijo! ¡Cómo se te ocurre hacer eso hijo!. Ya estaba ahí, el boyante globo, en la nada misma. Con mis gritos se preocuparon mi señora y mis otros hijos más grandes, que al conocer lo sucedido, no lo podían creer. El más incrédulo fue a buscar a mi pequeño por la casa, sin dar con ni un rastro de él obviamente. Entramos en la desesperación de no saber que hacer, llama a la policía, a los bomberos, no sé, pero llama a alguien. Cada vez se iba a alejando más, y gracias a los vientos del oeste se fue desplazando hacia la ciudad. ¡Noticia de último minuto! Niño de ocho años atrapado en el globo aerostático de su padre viaja por los aires de la ciudad, la policía a pesar de sus intentos aún no ha podido lograr superar la situación. Ni con helicópteros pudieron, corrían riesgo ellos y mi hijo así que no se pudieron acercar lo suficiente. Ya no sabía que hacer, era un peligro tremendo cuando pasaba por todos esos rascacielos y cables que me llegaba a dar pánico. Y para peor, toda la prensa ya hablaba del suceso dando la vuelta el mundo el padre irresponsable que no cuida a su hijo de algo tan peligroso como aquello. La respuesta de los bomberos fue categórica y muy decepcionante: No podemos hacer nada señor, lo sentimos... ¿Si? sabe como se siente que ningún idiota pueda sacar a mi hijo desde allí, sabe como se siente que me diga que debo esperar a que mi hijo baje solo, sano y salvo poco menos. Que me quede de brazos cruzados mientras allá mi niño debe estar llorando, sufriendo de una forma, no sabe el trauma para toda la vidaque le quedara, me pide que me quede rezándole a Dios de que no le pase nada, de que no ocurra ese 99% de que ocurra algo terrible en esta situación, ¿usted siente eso acaso? Señor entiéndame, no se puede hacer nada, absolutamente nada cuando una persona quiere volar... ¡Pero de que me habla imbécil! y de ahí comencé con la ensaladera de insultos y afrentas posibles de mi vocabulario, producto del stress y la desesperación comprensible para la situación. Mi mujer en una completa vesania se encontraba llorando y gritando tirándose los pelos viendo como el globo se aproximaba a un edificio muy alto. Valla a hacer alguna co... Y mientras le gritaba al jefe de los bomberos, se estrella en contra de un ventanal, tambaleándose por los aires de la ciudad cayendo finalmente, luego de varios golpes entre las edificaciones urbanas, a la calle lóbrega. Mi señora grito hasta más no poder y toda la gente se acercó al lugar mientras los policías trataban de alejarla. Un Oooh se escuchó al unisono y todos los observadores quedaron pasmados ante la interrogante: No había absolutamente nadie.

-¡1,2, 3, por mí!- Y aparentemente el juego había terminado.
Luego de que salió de su escondite, ya hastiado de tanta incomodidad, al encontrarse sólo en esa inmensidad, en todo ese completo vacío, comprendió que a él le tocaba contar.

1 Confutación(es):

Si te inspiraste en lo que yo pienso que te inspiraste... está muy bueno. Me gusta ese estilo de intertextualidad.

Un abrazo

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