No te impacientes. Eso nos hemos estado diciendo durante horas, durante días. Pero nuestros ojos ya están fatigados y nuestras conciencias, en nuestro interior, se sienten como en una jaula de libertad y nos gritan: ríndanse, dejen todas sus convicciones y ríndanse. Pero la capitulación la descartamos; lo vigilamos desde hace ya mucho tiempo como para decir “hasta aquí no más llegamos”, al contrario, no nos vamos a mover. Pero cada segundo hace dudar, cada brisa mezclada con silencio te hacen pensar en darte por vencido; dicho de otro modo, te hacen pensar en el eliminar el pensar paradójicamente. ¿Me vas a decir qué no sabes por qué estamos aquí? Nos encontramos esperando, esperando que suceda algo, que cambie algo y no nos moveremos ni nos sacudirán de aquí hasta que ocurra aquello. Supongo que no has visto nuestros carteles; estaban por todos lados y a la vez no están en ninguno. Nosotros nunca hemos querido ofender ni hacer daño a nadie con nuestras palabras, es más, sólo hemos querido hacerte despertar, hacerte preguntar, extrañar, develar, extrañar el desvelar. Encontrarle sentido a la contradicción. Sin embargo nunca has leído sobre nosotros. ¿Alguna vez te has preguntado por qué? Supongo que no, porque ni sabías que existíamos, ni la posibilidad de que vivíamos siquiera, pero siempre hemos estado allí; increpándote y suplicándote a la vez de que nos hagas existir.
Pero no nos lo han permitido. Cada panfleto que pegamos a sus asientos, cada imagen que intentamos clavar en sus murallas, cada pasquín que les regalamos, salen volando. Se despegan, se desclavan y se privatizan para ser llevados por ese viento mágico que les facilita alas invisibles a esos papeles inertes pero de palabras fuertes, para desaparecer por los aires perdiéndosenos de vista. Algunos dicen que vuelan al sol para acabar ardiendo, tratando de expiarse de sus grotescas palabras; otros, que simplemente vagan por el espacio esperando ser agarrados por otros, a quienes ya no les importe lo que tengan escrito; unos más ingenuos aún, dicen que son arrancados por un viejo gordo y andrajoso que de mala gana los guarda todos en una enorme bolsa de misterioso poder donde nuestras exclamaciones quedan calladas para siempre como si nunca hubiesen existido.
Nunca hemos sabido con certeza que sucede con las maravillosas hojas voladoras. Una vez un amigo me contó que decidió seguir a uno de esos rebeldes papeles atándole un hilo previamente, y dice que lo siguió por unos parajes recónditos e imperecederos que le daban grandes pruebas de voluntad y sacrificio, hasta que llegó a un gran edificio antiguo y abandonado donde miles de hojas blancas ya de tanto cabalgar por el viento entraban por la puerta de atrás. Al ver esto, sin pensarlo muy bien, decidió abrir las enormes compuertas de un viaje, pero bastó que diera un paso para que todas las innumerables hojas salieran despavoridas expulsándolo fuertemente hacia afuera. Lo último que vio fue que volaban sin ninguna dirección, mohínamente casi sollozando un llanto melódico, preguntándose casi un por qué. Luego de eso, dice que despertó en su banco en medio de una importante clase y, ante la extrañeza del fin de su periplo, reaccionó de la forma más inconsciente e inesperada, sencillamente abrió su cuaderno. Era un gran sujeto, pero me cuesta creer el hecho de que haya sido un edificio vetusto y no uno post-moderno, más elegante, aún así su relato fue inspiración para muchos.
Tiempo ha pasado desde que nos hemos quedado frente a él, tratando de que no escape. Le hemos sellado todas las posibles salidas y hasta el momento no ha cambiado en lo más mínimo. Hubo una vez que vino una tropa de carteles azules que repletó cada rincón posible de nuestro mundo y se agolparon a las ventanas en un intento de romperlas para que nuestro prisionero lograra volar, pero rápidamente reaccionamos y logramos resistirlos; aún así perdimos a varios y cada vez vamos quedando menos. Resulta increíble ver como la Facultad ha sido invadida por esos anuncios con cruces y noticias llamativas, esas invitaciones a fiestas y cosas sin relevancia pero que todos miran. Cada día aparecen más e incluso están multiplicándose hacía fuera llegando a la calle, a la gran salida al mundo. Ya muchos automovilistas han colisionado por culpa de esta propaganda que se enquista a sus vidrios impidiéndoles una visión clara de la realidad.
La verdad es que desde hace tiempo que me quiero ir, tanta soledad, tanto ideal. Me siento cansado, cansado de luchar, y luchar por una causa perdida. Lo único que me mantiene despierto cada día es que si estás leyendo esto, es porque vencimos y que a pesar de la volatilización, de la voladora censura y del silencio abrumador respecto a nuestra existencia logramos aparecer, al menos en ti. Y así me voy contento, contento de cantar mi verdad y de saber que existí para alguien. Ojala que tú también puedas seguir velando este folleto, que con malicia me mira ahora, que tú también puedas cortarle las alas y apropiarte de él así como lo hemos hecho nosotros, ojala que tú también puedas hacer público este régimen de lo oculto.

0 Confutación(es):
Publicar un comentario