domingo, 23 de mayo de 2010

La connotación denotada

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Se habían juntado tres amigos que hace mucho tiempo no se habían visto. Se conocían al revés y al derecho como se diría popularmente y simplemente por falta de tiempo que ya no se lograban reunir. De la alegría del reencuentro rápidamente pasaron a una euforia descontrolada donde a uno de ellos se le tenía que ocurrir la brillante idea que les cambiaría la vida. Cada uno escribiría en un papel lo que siempre habían deseado ser y lo llevarían puesto en la ropa por toda una semana. Lo que aparece simple siempre se torna maravillosamente complejo, así tienden todas las cosas del ser humano, y esta vez no sería la excepción. El primero escribió en el papel nada más que "Líder" y al volver al trabajo se encontró frente a varios problemas que nunca nadie le había encargado y precisamente porque nunca había mostrado liderazgo, ni mucho menos un papel con ello explicito. Si incluso el mismísimo gerente le consultó que hacer con los japoneses que exigían bajar el presupuesto de tal  proyecto, a lo que el Líder, perplejo por tanta confianza entregada, sólo le contesto que no lo bajara; por lo que el gerente muy orgulloso le dijo entre risas que por algo él era el líder de la empresa y no otro. La de finanzas se le empezó a insinuar y el molesto tipo de las fotocopias lo comenzó a tratar con respeto y cortesía, sin embargo, él se sentía igual. Pero lentamente se fue convenciendo de lo que decía su papel; casi por arte de magia se había convertido en un verdadero líder seguido por todos hasta llegar al minuto de no necesitar el papel, la mascara.
El segundo, en cambio, escribió "Honrado". Luego de una vida de descontrol y múltiples inmoralidades, sus cercanos parecían olvidar todo ello considerándolo ahora como un hombre recto y de buena fe. Le confiaban sus secretos y por más que este los divulgaba y los tomaba para la risa, la gente lo perdonaba y aumentaban las dosis de confianza hasta que llego a preguntarse a sí mismo si realmente era lo suficientemente honrado para merecer tanto cariño y entrega de los "otros" que siempre había despreciado y alejado, ahí fue cuando notó que aún seguía con el papel atado a sus ropas por lo que, poniéndose a prueba, decidió partirlo en mil pedazos, no obstante, aún así la gente lo enalteció y le confirió mucho respeto y cortesía. Agradecido del mágico papelito lo busco por la basura y reunió todas las partes dejándolas guardadas en un pomposo marco de cristal en medio de tantas fotos de buenos amigos que ahora tenía incondicionalmente. Finalmente llegó a la conclusión de que quizás, tan sólo quizás, él si podía ser una persona honrada por naturaleza; y desde aquel instante, en el que asumes la posibilidad, se despojó de toda mascara. Mejor dicho, se apropió de aquella mascara haciéndola suya, después de todo, nadie es libre de mascaras y a nadie, nadie le puede conocer; sólo las cambiamos y nos las cambian con relativa rapidez, siempre quedando vedado algo y a la vez dejando algo por encontrar. De ahí la historia se repitió como en el primero; se transformó en una persona llena de rectitud y honorabilidad, algo completamente inesperado pero absurdamente desiderativo y basta sólo ello, para que exista ya el enlace, el vinculo, la posibilidad de ser con el propio ser.

Y bueno el tercero... el tercero, luego de mucha reflexión en aquella lejana reunión, escribió cándidamente lo que deseaba ser, lo que más sencillamente anhelaba pero que jamás se había planteado  la posibilidad de serlo. Así, sin esperar lo que le iba a suceder, trazó las dulces letras que denotaban al sabio "Narrador".

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