lunes, 22 de marzo de 2010

Navegantes sin brújulas

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Despertó incomodado por el remo que tenía tras su cabeza que no lo dejaba dormir bien, observó hacia todos lados y para su sorpresa se encontraba en un bote en medio de una laguna o algún lago inmenso en el cual no se veía nada más que agua en el horizonte. No recordaba como había llegado hasta allí, sólo sabía que debía hacer algo, que tenía que haber un sentido para que lo colocaran en esa pequeña embarcación de madera con un único remo. Quizás hayan más como yo, quizás haya una costa a donde tengo que llegar, necesito descubrir que hay más alla de lo contrario me morire de hambre aquí mismo. Así que comenzó a remar, día y noche por vastas y tranquilas olas que lo llevaban en un vaiven delicioso y un tanto desesperante hacía una dirección, un fin que seguía por mera corazonada. Hasta que se encontró con otro navegante, uno con barba y enteramente desnudo quién se encontraba riendose y cantando al cielo miles de versos que el no entendía. A pesar de que él le hablaba, el poeta no se inmutaba en su algarabía y comenzaba a cantar y a reirse con más fuerza que antes, por lo que siguió su camino. Cuando ya perdía de vista el otro bote se detuvo un instante y se puso a razonar cómo hacer para encontrar el fin del lago, que seguramente habría de haber, después de todo ya había encontrado a alguien como él. Así que se le ocurrió en primera instancia sacarse sus ropas, rasgarlas en pedazos e ir dejandolas en la ruta que ya venía haciendo de hace algunos días. Entonces, luego de haber quedado completamente desnudo en su bote con un frio inmenso, se generó una enorme tormenta que agitó las olas antes tranquilas moviendo cualquier pedazo de tejido que habia dejado astutamente a cualquier parte. Desilucionado se detuvo a pensar en otro plan y comenzó a trazar mapas del lago o de cómo debería ser el lago, usando a la madera del bote y sus ya largas uñas como papel y lapiz de un inmenso mapa. Así fue probando las diferentes direcciones en base a sus registros, conociendo las bondades de su mar, en donde corrían peces, en donde era más turbia el agua o donde era más salada, en donde corría mayor viento, etc. Pero nunca dio con el fin del mismo. Ya muerto de hambre, cansado de tanto remar y pensar, se detuvo nuevamente, tiro el remo al agua y se acostó en su bote mirando al cielo. De pronto escuchó un ruido extraño a lo lejos, por lo que con sus ojos rapidamente trato de divisar algo. En el horizonte efectivamente se veía una silueta que se iba acercando lentamente a él por el movimiento del agua. Era, sin duda, el loco barbudo que pillo en primera instancia que continuaba riendose y cantando a los cielos, pero a diferencia de su primer encuentro, esta vez no le dijo nada, volvió a acostarse contemplando las nubes como se movían. Ya luego de unas horas, las dos embarcaciones chocaron entre si cortando bruscamente los cantos del lunático. Al verlo allí, enflaquecido y derrumbado, nuevamente comenzó a reir diciendole: Hey muchacho, te ves algo cansado de buscarle un fin a este mar. Sólo has estado dando vueltas y vueltas sobre el; muchacho, este mar no tiene limites, es maravillosamente infinito e insondable y no tienes para qué buscarle su finitud cuando nunca la encontraras... Y así ambos se largaron a reír de lo ingenuos que habían sido en otros tiempos, mirando hacia el lejano y utópico sol que se abría paso en el horizonte.

1 Confutación(es):

Buen cuento, tu estilo se parece mucho a los primeros cuentos escritos en parabola, enseñando algo o mostrando algo desde el texto. Saludos

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