Iba caminando por la alameda cuando se encontró con una gran conmoción, donde todos los rostros miraban con intriga hacia el cielo. Se detuvo a pesar de lo atrasado que iba y buscó el motivo de tanta agitación. Un sujeto medio loco, medio cuerdo osaba enfrentarse a la muerte. Encima de un tremendo rascacielos se acometía a la nada. Los bomberos ya se encontraban con sus escaleras intentando alcanzar su altura. Vanos intentos, ya que de un segundo a otro, el hombre ya había saltado al vació. La multitud asombrada se tapaba sus bocas abiertas, las madres le ocultaban los ojos a sus hijos y casi todas las mujeres proferían sus gritos de incertidumbre. Sólo minutos y el hombre se pulverizaba en el suelo lleno de tribulaciones y expectación. Sólo cuestión de minutos, cuando se sostenía por sí mismo en el aire. La gente, que al no haber inmolación alguna, volvía a sus vidas cotidianas indignadas. El morbo que los invadió en un principio, lentamente declinaba en un hastío casi incomprensible. Sin embargo, eso no le interesaba ni en lo más mínimo. Desde arriba, sentía como la brisa trasgredía cada parte de su ser, fundiéndolo en la más completa nada, moldeando su levedad sino a la máxima trascendencia. Desde abajo, solo quedaba él, queriendo entender la gravedad. Pero bastaba tan sólo comprender: que al rendirte al viento, puedes cabalgar en él.
Sacado de "La Canción de Salomón" de Toni Morrison y de la canción: "Bolsa de Mareo" de Los Tres
1 Confutación(es):
¡Free Your Mind!
Saludos
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