martes, 17 de noviembre de 2009

Realidades del más allá

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Me hicieron sentarme en un vetusto banco de metal, no había más luz que una lampara tenue que colgaba del techo perturbada por el golpe que le había dado el tipo de negro que me miraba con unos ojos apabullantes tratando de descifrar si lo que le decía era cierto. Verdaderamente quería irme, no le mentiría a alguien con algo así. Se escondió en lo oscuro y al rato volvió con otro tipo también de apariencia ruda y adusta. Se coloco detrás del jefe y se cruzó los brazos. ¿Y que te crees ah? Qué vienes aquí con que sabes sobre nuestro secreto ¿y qué? ¡Ah! ¡¿Y QUÉ?! Se mostraba irritado, tenso, como si su vida ahora dependiera ahora de mí y que por supuesto nadie aceptaría algo así de un extraño. Yo no diré nada. Ah y ahora crees qué eso me consuela, qué ahora te dejare ir y todos felices para sus casitas. Fíjate que no va a ser así. Tengo a mi amigo aquí atrás dispuesto a volarte los sesos y me esta tentando la idea bastante. Hazlo, después de todo, da lo mismo ya... ¿o no? ¡Cállate hijo de puta!
Me agarró del pelo y me golpeó contra la mesa.
No pude contener mi risa, a pesar de que comencé a sangrar por la nariz, su desesperación era evidente. ¿Acaso vas a dejar que acabe con tu vida aún teniendo la posibilidad de ser toda una mentira de mierda?¿Le creerás a esos idiotas que ahora están muertos? Tienes dos posibilidades hijo de puta, te dejamos ir pero sin garganta... o te vas directamente al infierno de un balazo... Tu sabes bien que eso no pasará, yo sé lo que han ocultado por años. Así que ven, ¡dispárame ahora mismo! Ya no importa morir, ya después de saber lo que ocurre, a nadie le va a importar. ¿como que a nadie? ¡¿Le dijiste a alguien más grandísimo imbécil?! Jah ahora el mensaje se debe estar expandiendo por todos los rincones de la información... Se quedo con la boca abierta observándome con detención. Yo sé bien que existe otra realidad después de la muerte, y ya he dejado todo atrás para conocerla. Venga, dispárame. ¡Que me dispares, hijo de puta! Y al recibir mi escupo se enfureció tanto que en toda la vesania por mis hostigaciones y provocaciones, tomó la pistola del tipo de atrás y me encesto un balazo en la cien.

Era el minuto de la verdad, el secreto se develaba para mí marcando un nuevo inicio un mundo completamente nuevo cuando...

Al segundo desperté en mi oficina de siempre, con el sonido de los teléfonos y el caminar de los ejecutivos de siempre. El sabor del traspapeleo de siempre y del asqueroso perfume de la vieja de finanzas del cubículo 10. Miré para todos lados buscando un poco de realidad, un poco de lo prometido: vi sus rostros cansados por el trabajo, el horizonte que se proyectaba bajo la misma olvidada ciudad gris, la misma gente caminando por las veredas del ayer con ningún sentido más que el de la propia falsedad.

Mierda, me mintieron. La reencarnación si existía por la cresta.

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