viernes, 30 de abril de 2010
Expectativas
2Posted on 17:03 by Matías Valderrama Barragán
jueves, 15 de abril de 2010
Impugnando al reflejo
1Posted on 21:05 by Matías Valderrama Barragán
Silencio.
Debido a que hizo des-aparecer todo, me vi obligado entonces yo a narrarles la historia; yo, su consciencia olvidada. Heidegger decía que el peligro supremo de la técnica era por partida doble, por un lado podíamos caer en distinguir todo como una posible existencia llegando a considerarse a si mismo como tal, él había entrado en su propio solipsismo como uno más de la obra de teatro. Y en segundo lugar, se corría el grave peligro de que lo que ha desvelado se ocultase por un velo aún más denso y dificultoso de notar. Este hombre ya no distinguía nada, por su propio destino de desenterrar el misterio de la verdad termino convirtiendo todo en un verdadero velo. No era ni feliz ni muy moral. No era ni pasional ni racional. No era nada sino que era todo, pero sin poder darse cuenta de ello irónicamente. Y así fue vagando por el mundo, fue sospechando lejos del mundo. Hasta que llegó a su idénticamente heterogéneo. Se encontró así mismo reflejado en un espejo. Notó que se movía y que a pesar de que intentase sorprenderlo esa persona extraña hacía la acción idéntica. Quién eres. ¿Puedes hablar? Sí, por qué no habría de poder. Creía que eras una existencia y no un ser autónomo. Haber perdona eso eres tú, aquí yo soy el único que es por y en sí mismo yo. Jah demuéstralo. Y frente a que no tenía como se sentó frente a él, por primera vez conocía a alguien que hacía lo mismo que él, por primera vez conocía su propio solipsismo hecho carne enfrentándolo de la misma manera que el lo había hecho con el mundo. ¿Y tienes familia? Claro que sí ¿Amigos? Cientos de ellos si quiero ¿una esposa, hijos, un jefe una suegra, un caballo, un perro? Tengo todo eso y más, después de todo, ellos viven en función de mí solamente, así como tú. ¿Perdón? Yo sé que tu eres sólo un actor más y que detrás de esos arboles hay cámaras y que me observan continuamente y que en mi mente tengo un bicho raro donde me leen todos mis pensamientos y... No puedes decir nada entonces, sin embargo me estas hablando. Yo digo lo que se me de la gana pues yo soy el que es y tu no. Pero si me estas hablando entonces reconoces que existo yo también. Bueno eso no tiene nada que ver aquí. ¡Ya callate!
Silencio.
Gracias a que tanto él, como su consciencia fueron desapareciendo me vi obligado a acabar con este relato.
Luego de tal constante monologo deshumanizador, su propio reflejo desapareció misteriosamente. Nunca más volvimos a saber que fue de él. Todos los días se sienta frente al espejo a esperarlo, a esperar que ese velo por arte de magia lo deje ver nuevamente extinguiéndose en la nada misma. Debe entender antes, que de no ser por mí esta historia no tendría final.
Ahora si, Silencio.
martes, 13 de abril de 2010
Insomnio
0Posted on 2:31 by Matías Valderrama Barragán
lunes, 12 de abril de 2010
Texturas
0Posted on 18:47 by Matías Valderrama Barragán
Al amanecer, ya se había ido. Aún las sabanas se encontraban empapadas por las lágrimas pasadas, aún su olor yacía en el cuero. Volví a mi estudio y me dispuse a intentarlo otra vez, esta vez sin las acuarelas ni con el imperativo de pintarla a ella, sino al recuerdo de ella. Sin embargo, luego de despegarme de la tela, luego de volver de mi inconsciente, vi el triste resultado de un hombre gris en medio del vacío. Después de todo, siempre los oleos hemos sido más densos.
sábado, 27 de marzo de 2010
Amoríos con la Soledad
0Posted on 21:16 by Matías Valderrama Barragán
lunes, 22 de marzo de 2010
Navegantes sin brújulas
1Posted on 15:20 by Matías Valderrama Barragán
Despertó incomodado por el remo que tenía tras su cabeza que no lo dejaba dormir bien, observó hacia todos lados y para su sorpresa se encontraba en un bote en medio de una laguna o algún lago inmenso en el cual no se veía nada más que agua en el horizonte. No recordaba como había llegado hasta allí, sólo sabía que debía hacer algo, que tenía que haber un sentido para que lo colocaran en esa pequeña embarcación de madera con un único remo. Quizás hayan más como yo, quizás haya una costa a donde tengo que llegar, necesito descubrir que hay más alla de lo contrario me morire de hambre aquí mismo. Así que comenzó a remar, día y noche por vastas y tranquilas olas que lo llevaban en un vaiven delicioso y un tanto desesperante hacía una dirección, un fin que seguía por mera corazonada. Hasta que se encontró con otro navegante, uno con barba y enteramente desnudo quién se encontraba riendose y cantando al cielo miles de versos que el no entendía. A pesar de que él le hablaba, el poeta no se inmutaba en su algarabía y comenzaba a cantar y a reirse con más fuerza que antes, por lo que siguió su camino. Cuando ya perdía de vista el otro bote se detuvo un instante y se puso a razonar cómo hacer para encontrar el fin del lago, que seguramente habría de haber, después de todo ya había encontrado a alguien como él. Así que se le ocurrió en primera instancia sacarse sus ropas, rasgarlas en pedazos e ir dejandolas en la ruta que ya venía haciendo de hace algunos días. Entonces, luego de haber quedado completamente desnudo en su bote con un frio inmenso, se generó una enorme tormenta que agitó las olas antes tranquilas moviendo cualquier pedazo de tejido que habia dejado astutamente a cualquier parte. Desilucionado se detuvo a pensar en otro plan y comenzó a trazar mapas del lago o de cómo debería ser el lago, usando a la madera del bote y sus ya largas uñas como papel y lapiz de un inmenso mapa. Así fue probando las diferentes direcciones en base a sus registros, conociendo las bondades de su mar, en donde corrían peces, en donde era más turbia el agua o donde era más salada, en donde corría mayor viento, etc. Pero nunca dio con el fin del mismo. Ya muerto de hambre, cansado de tanto remar y pensar, se detuvo nuevamente, tiro el remo al agua y se acostó en su bote mirando al cielo. De pronto escuchó un ruido extraño a lo lejos, por lo que con sus ojos rapidamente trato de divisar algo. En el horizonte efectivamente se veía una silueta que se iba acercando lentamente a él por el movimiento del agua. Era, sin duda, el loco barbudo que pillo en primera instancia que continuaba riendose y cantando a los cielos, pero a diferencia de su primer encuentro, esta vez no le dijo nada, volvió a acostarse contemplando las nubes como se movían. Ya luego de unas horas, las dos embarcaciones chocaron entre si cortando bruscamente los cantos del lunático. Al verlo allí, enflaquecido y derrumbado, nuevamente comenzó a reir diciendole: Hey muchacho, te ves algo cansado de buscarle un fin a este mar. Sólo has estado dando vueltas y vueltas sobre el; muchacho, este mar no tiene limites, es maravillosamente infinito e insondable y no tienes para qué buscarle su finitud cuando nunca la encontraras... Y así ambos se largaron a reír de lo ingenuos que habían sido en otros tiempos, mirando hacia el lejano y utópico sol que se abría paso en el horizonte.
