lunes, 31 de mayo de 2010

La ininteligible naturaleza y la dialéctica de los solipsistas

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El concepto de Naturaleza ha tomado variadas acepciones a lo largo de la historia, constituyéndose en la filosofía moderna como un caós bastante repudiable y aborrecido por los humanistas de la época que centraban lo educado e ilustrado en la auto-conciencia, en el pensar constante del ser humano siendo esta la principal característica del ser humano. Sin embargo, luego de que este racionalismo se radicalizara de una manera bastante racional a lo largo de la historia y se formulase concretamente en el subjetivismo que rondaría al ser humano específicamente ya con Kant, el concepto de naturaleza, de lo natural, se tornaría erróneamente a uno más bien ontológico. Resulta ser que la naturaleza del hombre se consideraría como sus raíces, aquello que viene al nacer en primera instancia (erróneamente), es decir, la naturaleza del hombre sería procrear, comer, cagar, etc. Todo aquello que el animal marginado hace de igual forma. Luego de que Descartes iniciara con su discurso del método toda una revolución del pensamiento humano, muchos lo malinterpretaron y se abocaron solamente al escepticismo puro, a dejar al pensamiento como único mandato y con Kant, con toda su gran separación entre los fenómenos y lo verdaderamente en sí, se corona este proceso al aceptar como el único camino teórico que quedaba era el de la subjetividad de cada uno. Completamente contrario a lo natural del animal, que quizás duda cuando se ve en un espejo pero no se cuestiona de lo que ve realmente existe ni que proceso mental tuvo que realizar para llegar a la anterior pregunta, aunque es dificil saberlo en nuestra calidad de observadores eso sí. A lo que quiero llegar es que siguiendo la lógica subjetivista, la naturaleza se nos presenta como lo contrario, siendo entonces una mera negación de algo dado por sabido como lo verdadero y correcto. Justamente en toda la ética deontológica de Kant se privilegiara al deber como lo recto del hombre, no a lo que es naturalmente correcto. No obstante, el subjetivismo sólo nos lleva a dos ambitos: la resignación o nihilismo; y a la vez la utopía o voluntad pura. Por un lado resignación al descubrir que no avanzamos nada desde nuestras cabezas, que al dudar de todo y al plantear lo bueno en algo tan elevado se vuelve irralizable en la práctica dando tristemente la aceptación de vivir de aparentes verdades; y por otro lado se nos manifiesta la utopía y el fervor ingenuo de creer que se puede apropiar de todo, de transformarlo todo, desde la pura voluntad de poder de Nietzsche.
 Pero aquí nos enfrentamos a un grave error conceptual que afectaría hasta a los más avezados estructuralistas post-modernos. La naturaleza no es aquella contraposición de la libre autoconciencia sino que va más allá de ella misma, y sólo es dada o entendida por quien la crea. Hablar de naturaleza es remitir al creador o a la teoría que responde a la pregunta por la creación del todo, aunque para el caso del hombre sólo puede remitir a alguien superior. 
No se trata de creer en Dios ni plantear la necesidad de él sino de manifestar abiertamente la imposibilidad de conocer nuestra naturaleza. Y en ello somos igual que todo ser viviente pensante. No sabemos si la pretensión de nuestro creador fue precisamente la reflexión y ser subjetivista por ejemplo. Otros me preguntaran por qué debe haber un motivo explicito en la creación, pero asumir la ausencia de ello es lo mismo que asumir la falta de importancia de lo creado, la nula carga de sentido de la misma la constituye como un mero accidente contingente a diferentes factores específicos dados. Por ejemplo la teoría de la evolución a pesar de niega a un creador que haya formado a la especie humana ya es una respuesta a la pregunta, existe una causa creadora pero su error esta en que no podemos atribuirnos sentido con ella, no podemos descubrir la naturaleza de nuestra humanidad precisamente porque se nos escapa de las manos, si planteasemos que solamente lo natural es sobrevivir y matar si es necesario con tal de preservar la especie ahí seguimos en el subjetivismo moderno, es seguir planteándonos la idea de que los hombres nos podemos definir nuestra naturaleza, nuestro modo originario de ser, cuando posiblemente no tengamos ningún modo escrito, una suerte del libre albedrío natural pero, no obstante no estamos en calidad de determinarlo por nosotros mismos por su carácter ininteligible. Entonces nos encontramos en un primer momento con una modernidad que se equivocó al malinterpretar a los grandes escépticos, al sentirse creadores de si mismos desde un subjetivismo que verdaderamente no creaba nada sino que resultaba una actitud meramente formativa  que no supo distinguir la diferencia entre lo que creamos y que o quien nos creo, entre lo que denotamos de las cosas y el significado que existió antes que nosotros. Y que conste que yo no hablo de un destino griego ni de un Dios cristiano que haya conformado todo, lo que planteo es que la pregunta ¿para qué vinimos a este mundo? ¿por qué somos? se nos escapan de las manos ya que no somos capases de conocer nuestra ontogenesis propiamente tal, sólo tenemos recuerdos vagos de una experiencia original pero aún así no tenemos el conocimiento ni certezas de algo absoluto.Incluso en el concepto de persona de Spaemann llegamos a esta conclusión y aqui si se ocupa bien el concepto de naturaleza al decir que la persona no es una característica sino que obedece a una característica de un titular siendo este el poseedor de una diferencia interna como la llamaría él, que básicamente se refiere a la capacidad del hombre de ser consciente como sujeto y a la vez abstraerse de sí conociendose como objeto, siendo esta dualidad lo que motiva al hombre a ser diferente, a separarse de su naturaleza pero no entendida como algo dado, como una naturaleza escrita y hecha de por sí conocida por todo hombre, al contrario la gracia de esta naturaleza, la gracia de aquello que se esconde detrás de las mil máscaras de la persona es que es incognoscible por el carácter ininteligible que hablaba anteriormente que posee, pero todos damos por hecho que existe gracias  todas estas vaguedades de nuestra memoria y porque por necesidad la debe de haber; y precisamente porque no podemos conocer nuestra naturaleza es porque actuamos, ya sea de forma desiderativa o racional ya que al quedar vedada dicha naturaleza al ser humano, al encontrarse con una aporía consistente, este queda ante dos caminos, por un lado resignarse en su búsqueda por ser incognosible y por otro, forjarse utopías, sueños de poder conquistar ese terreno inconquistable. Pero, sin duda, ambos caminos no llegan a una respuesta o al menos un acercamiento a nuestra naturaleza y es por esto que Levinas admite que el hombre no puede totalizado, sino que resulta ser infinito, precisamente porque sería asumir que el propio individuo se entiende y se explica a si mismo, no obstante este se le escapa en la realidad, y es este escape justamente lo que lo mantiene como humano, siendo la pregunta constante que genera más pregunta lo característico. 
El mundo, en cambio, si lo podemos entender, no necesariamente conocer de por sí, pero no va al caso ya que cuando me refiero a mundo remito a todo aquello creado por el hombre pero no a lo material en sí sino a lo que realmente tiene un valor para el hombre justamente, a las estructuras. Dicho mundo resulta ser comprendido porque nosotros le damos las reglas y es desde este mundo que podemos plantear la historia de la humanidad, no su ontogenesis más básica, sino su desarrollo y que justamente ha pasado por una dialéctica constante entre la resignación y la utopía, entre la tesis y la antitesis constituyéndose así mi dialéctica de los solipsistas donde comprendemos el relato de la humanidad como un constante traspaso entre dos momentos, por un lado uno en que se resigna el hombre y se niega a si mismo creyendo en las estructuras creadas y en otro donde vuelve a si mismo con la esperanza de poder, desde sí, darle respuesta a todo. Es decir, y retomando la pregunta central de este texto ¿Para qué somos? nos deja tres opciones, una sería darle una respuesta, la otra sería mentir que sabemos dando una falacia y la última constaría de no responderla y dejar que otros o que las estructuras mejor dicho, lo hagan por nosotros. Es así como al no hallar la primera opción nos hemos decidido a lo largo de nuestra historia por una y otra, alejándonos y volviendo sobre si mismos, creyendoles y legitimando estructuras para luego reprocharlas y destruirlas en un constante vaiven que no podemos determinar si ha sido el "más correcto" acorde a nuestra naturaleza original. Seguimos entonces un constante proceso circular que parte de utopías, de fe en sí mismo y de profundo subjetivismo representado por el solipsista que en un determinado minuto choca con las propias estructuras creadas de la relación de sujetos, no con el otro que sigue apareciéndonos como infinito e indeterminable por lo tanto de igual forma, dudoso; estas creaciones sociales se nos aparecen como dominadoras, como condicionamientos ajenos al ser humano, y es allí entonces cuando se cae en una resignación, en una inmovilización frente a lo construido por nosotros mismo. No somos lavadoras, que cumplen su función y ya, sino que ni siquiera tenemos la certeza de conocer nuestra naturaleza entonces menos vamos a cumplir o no algo, simplemente actuamos en un vaivén dialéctico tanto subjetivo (resignación-utopía) como inter-subjetivo (sujeto-construcciones o estructuras).
Lo que faltaría hablar respecto a este esquema filosófico sería ahondar en el "otro", a lo que apresuradamente me atrevería a plantear como una creación social. Pero dada la extensión de este texto lo dejaremos hasta aquí por hoy.

domingo, 23 de mayo de 2010

La connotación denotada

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Se habían juntado tres amigos que hace mucho tiempo no se habían visto. Se conocían al revés y al derecho como se diría popularmente y simplemente por falta de tiempo que ya no se lograban reunir. De la alegría del reencuentro rápidamente pasaron a una euforia descontrolada donde a uno de ellos se le tenía que ocurrir la brillante idea que les cambiaría la vida. Cada uno escribiría en un papel lo que siempre habían deseado ser y lo llevarían puesto en la ropa por toda una semana. Lo que aparece simple siempre se torna maravillosamente complejo, así tienden todas las cosas del ser humano, y esta vez no sería la excepción. El primero escribió en el papel nada más que "Líder" y al volver al trabajo se encontró frente a varios problemas que nunca nadie le había encargado y precisamente porque nunca había mostrado liderazgo, ni mucho menos un papel con ello explicito. Si incluso el mismísimo gerente le consultó que hacer con los japoneses que exigían bajar el presupuesto de tal  proyecto, a lo que el Líder, perplejo por tanta confianza entregada, sólo le contesto que no lo bajara; por lo que el gerente muy orgulloso le dijo entre risas que por algo él era el líder de la empresa y no otro. La de finanzas se le empezó a insinuar y el molesto tipo de las fotocopias lo comenzó a tratar con respeto y cortesía, sin embargo, él se sentía igual. Pero lentamente se fue convenciendo de lo que decía su papel; casi por arte de magia se había convertido en un verdadero líder seguido por todos hasta llegar al minuto de no necesitar el papel, la mascara.
El segundo, en cambio, escribió "Honrado". Luego de una vida de descontrol y múltiples inmoralidades, sus cercanos parecían olvidar todo ello considerándolo ahora como un hombre recto y de buena fe. Le confiaban sus secretos y por más que este los divulgaba y los tomaba para la risa, la gente lo perdonaba y aumentaban las dosis de confianza hasta que llego a preguntarse a sí mismo si realmente era lo suficientemente honrado para merecer tanto cariño y entrega de los "otros" que siempre había despreciado y alejado, ahí fue cuando notó que aún seguía con el papel atado a sus ropas por lo que, poniéndose a prueba, decidió partirlo en mil pedazos, no obstante, aún así la gente lo enalteció y le confirió mucho respeto y cortesía. Agradecido del mágico papelito lo busco por la basura y reunió todas las partes dejándolas guardadas en un pomposo marco de cristal en medio de tantas fotos de buenos amigos que ahora tenía incondicionalmente. Finalmente llegó a la conclusión de que quizás, tan sólo quizás, él si podía ser una persona honrada por naturaleza; y desde aquel instante, en el que asumes la posibilidad, se despojó de toda mascara. Mejor dicho, se apropió de aquella mascara haciéndola suya, después de todo, nadie es libre de mascaras y a nadie, nadie le puede conocer; sólo las cambiamos y nos las cambian con relativa rapidez, siempre quedando vedado algo y a la vez dejando algo por encontrar. De ahí la historia se repitió como en el primero; se transformó en una persona llena de rectitud y honorabilidad, algo completamente inesperado pero absurdamente desiderativo y basta sólo ello, para que exista ya el enlace, el vinculo, la posibilidad de ser con el propio ser.

Y bueno el tercero... el tercero, luego de mucha reflexión en aquella lejana reunión, escribió cándidamente lo que deseaba ser, lo que más sencillamente anhelaba pero que jamás se había planteado  la posibilidad de serlo. Así, sin esperar lo que le iba a suceder, trazó las dulces letras que denotaban al sabio "Narrador".

sábado, 15 de mayo de 2010

Lo real es idéntico a lo aparente

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Puedo flotar, volar por lo más alto y cabalgar por el viento insondable que recorre  todo el bosque. Ahí  estaba él, columpiándose tras el manzano. Con su mirada mohína y perdida observando, tan sólo observando al vacío, a la ausencia y omisión de su ya antiguo amigo. Se afirmaba de las cuerdas que cada vez sonaban más, cada vez infundían más temor al caer. Pero eso no le importaba, ya que él se columpiaba en el bosque, se lamentaba y agitaba sus piernas para tomar más vuelo. Se arrepentía de lo que hizo. Lo observaba a la distancia, el ya no era visto, el ya se había evaporado; mientras él iba y venia en un vaivén rodeado por la brisa que llevaba hojas amarillas de otoño; el viento de esa época, como olvidarle. Por qué, por qué tenía que ser el, por qué. Se preguntaba cuando ya sentía tocar al sol que ya comenzaba a descender por el horizonte. Por qué. Lo observaba y se alejaba, se escabullía entre medio del manzano para luego acercarse demasiado e irse nuevamente hacia atrás. Las cuerdas comenzaban a flaquear lentamente, sin embargo, él no lo percibía. No así el otro, que ansiosamente miraba el espectáculo, esperando que en un determinado segundo cayera. El muchacho que cada vez se elevaba más alto, y más alto, hasta que saltó. Parecía flotar. Parecía que volase inclusive. Parecía que cabalgaba en el viento de otoño por el bosque entero, incluso por entremedio de las vencidas cuerdas que alguna vez habían servido para un columpio, amarradas hace años a una rama del viejo manzano; en el que hoy un extraño se había sentado a columpiarse ingenuamente.

viernes, 7 de mayo de 2010

Medio-cres II

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Nos hemos quedado en la mediocridad, aboliendo toda meritocracia (de la ideal) por muy utópica. Pareciera ser la utopía incluso hoy un adjetivo negativo en la sociedad, triste pero cierto porque la mediocridad no trae esperanza ni sueños sino que se mantiene en la mediocridad. El alumno que estudia para el 4 y lo consigue, no tiene ningún incentivo a buscar el 7 por qué sabe que no necesita del 7 para aprobar el ramo que corta en 4 precisamente. Y lo mismo sucede con la democracia, la dictadura de las masas, la mediocridad constituida por la mantención de la misma.  El término medio de la sociedad es el bien de todos justamente pero nos guiamos por el término mediocre que "algunos-hartos" estén bien y punto. Pero  lo que continua en la oración es que quedan "otros-pocos" que no consiguen ese bien, pero son minoría así que no importan, no se mencionan porque esta el glorioso punto de antemano. Señores, basta que exista un elemento en un conjunto para que todo el conjunto sea cuestionado, pura lógica clásica. Si dentro del conjunto de "las buenas personas" se haya unas cuantas personas que no cumplen tal regla entonces de inmediato ese conjunto debería cambiarse el nombre. Pero, sin embargo, lo que se opta es por eliminarlos o expulsarlos del grupo curiosamente, democrático después de todo si es que toda la mayoría estuviera a favor. 
Mis padres me decían cuando chico, cada vez que los hartaba de preguntarles ¿por qué tenemos la democracia? me contestaban resignadamente: "Porque es mejor que la dictadura, no es perfecta claramente, pero bueno es lo que hay" Y hoy reflexionando me da impotencia con nuestra generación, por la futura sociedad que queremos construir, aún con fantasmas del pasado sin avanzar. Ahora dejando de lado la opinión de mis padres y haciendo un sincretismo filosófico un tanto excesivo y paradójico ante la idea de término medio que quiero graficar, todos los autores, con sus diferentes matices y comprensiones del lenguaje plantean la idea de algo posterior a la democracia, un alcance a la verdad, a la utópica verdad de alguna u otra forma se descifra que el hombre esta en el impulso a algo más allá, por lo que la democracia como un sistema imperfecto y mediocre claramente no viene conformar estas ansias de verdadero término medio.

 Las masas son manipulables, los medios de comunicación manipulan, pueden ocultarnos de todo y ocultar todo, la economía controla nuestro vivir, la medicina controla nuestra muerte, y otras tantas estructuras sociales a las cuales les damos la legitimidad, el valor del señor a sabiendas que no son ni lo más cercano a la verdad  ¿Cómo no va existir otra vía? ¿Es que acaso la naturaleza humana o se mata a si misma o "vive" esclava?  Que mediocre sería existir entre esa disyuntiva no creen, que triste sentirnos obligados a elegir la segunda opción como un mal menor. 
¡No! Me rehúso a perder la esperanza, a olvidar aunque sea a una persona en el camino solamente para caminar más rápido, me niego rotundamente. Ojala algún día no necesitemos de los Estados y des-ocultemos el verdadero sino, el verdadero reconocimiento en el otro, completo y absoluto, sin esclavizarnos ni tampoco empoderarnos a costa de ello, todos venimos a vivir y si es así, como de hecho lo es, es porque esta en nuestra ontología el lograrlo; esta previa en la propia pregunta la esperanza, sólo queda volver a preguntarnos.  La utopía, estimados, es lo último que se pierde; precisamente porque es ese horizonte lejano y a la vez siempre a la vista, sea adonde sea que caminemos. 

Medio-cres

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Podrá sonar extremista y viciosa, ni el propio Aristóteles lo quiera, la tesis que quiero exponer aquí, pero llega a ser tan evidente, tanto así que precisamente por darlo por obvio que nadie hace nada;  hemos desvirtuado completamente el concepto de término medio en la sociedad y hace muchos años que llevamos arrastrando tal mala interpretación. Equilibrio o el término medio como lo definían antiguamente los griegos consistía en esa bella armonía, en la medida justa de perfección ni más ni menos; pero hoy por hoy se consideran como lo más cercano a lo bueno pero que tampoco llegue a ser completamente malo, es decir, en puras mediocridades. Lo que antes eran utopías ahora las damos por quimeras asumiendo que la perfección no es algo "en sí" alcanzable, hemos dejado a Dios en su trono olímpico y al hombre aquí en la tierra como animal conformista. Si antes realizábamos la división entre lo perfecto y lo imperfecto, ahora damos por hecho que la perfección es algo meramente inteligible (que aparentemente puede serlo) por lo que solamente dividimos lo no tan imperfecto con lo imperfecto propiamente tal y a partir de esa operación nos movemos diariamente. El mal menor estimados, el mal menor es para los mediocres y decadentes, ingenuamente "obligados" a escogerlo, de los que hablaba Nietzche con tanta audacia, y que ingeniosamente se ha enraizado en los anales de nuestra cultura social y que tristemente ha pauperizado el funcionar de la vida. 

Hegel nos hablaba del reconocimiento entre el amo y el esclavo, donde se convierte en esclavo aquel que opta por seguir viviendo ante la amenaza del señor,  con la vaga esperanza de cambiar su condición de esclavitud algún día, pero el error esta no sólo en esa vaga esperanza que finalmente transforma todo en un ciclo vicioso de sumisión y rebeldía, sino que también en que ¡la vida sin reconocimiento sencillamente no es vida! pero nuevamente caemos en mediocridades al asumir en que podemos se puede vivir a medias, vivir en el calvario pero viviendo pues, ¿mejor que estar muerto no? Ser autónomos y auto-conscientes es verdaderamente vivir, nunca al revés, ni nunca en un "término medio-cre" porque entre no ser reconocidos por otros y ser reconocido por todos, el término medio no es el ser reconocido a medias como un vil sirviente, sino ser precisamente reconocido por al menos uno o por lo menos para sentirnos vivamente conscientes de uno mismo. Siguiendo entonces la metáfora de Hegel nos quedan tres caminos: Cada uno arriesga su propia vida buscando hacer su propia voluntad terminando todo en muertes infinitas como plantea Hobbes que sucedía antes del grandioso Leviatán y que claramente no fue el camino escogido, en segundo lugar tenemos el camino del cual soy partidario, existiendo un respeto y un reconocimiento mutuo constante en comunidad, claramente en un tono casi utópico, imposible y perfecto, pero es justamente a eso lo que debería apuntar el término medio siempre al filo de lo máximo; sin embargo, nos resignamos en la búsqueda de ello y preferimos elegir un camino fácil y igualmente mediocre, creamos estructuras a las cuales nos subordinamos como peones, no buscando lo más preciso sino lo que se encuentra al alcance de lo posible. Y si que lo fue, todos quedamos esclavizados a este Leviatán, casi por necesidad, entonces no superamos el problema del amo y el esclavo solamente que hemos ido creado "señores" o estructuras, que son todos y a la vez nadie, a las cuales siendo un tercero en esta lucha le destinamos la decisión del reconocimiento, pero cómo nos vamos a reconocer en un ente, en un aparato, ya sea estatal, económico, legal, etc. que tiene nombre pero carece de sustancia, ni siquiera llega a ser un espejo del cual podemos vernos como somos. Curiosamente todas estas estructuras parecen vivientes por cuenta propia, y precisamente es debido a que nos refugiamos en ellas para reconocernos, ya no en el otro sino en la cosa y esta se llena de provocaciones que se nos aparece como algo vivo, algo auto-consciente pero precisamente ambas ideas no pueden ser porque la génesis, este buscar reconocimiento en la cosa no es posible concretar, aunque tristemente la búsqueda ilusa, claramente sí. 


domingo, 2 de mayo de 2010

Los sueños son vida

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-Bienvenidos damos y caballeras, bienvenidos al gran circo de los sueños, bienvenidos al verdadero ¡Despertar! 
Así es, solamente debéis cerrar los ojos bien fuerte y comenzar a pensar. Sí, nada más que pensar. Pensar en sus vidas, vidas que se convierten en un montón de porquería, en un montón de oscuridad y destellos fugaces. Mantenganlos cerrados bien fuerte y lentamente verán ciertas luces por diferentes lugares, traten de alcanzarlas, traten de imaginarlas, traten de soñar... Lentamente continúen en ello y... ¡Paf! ¡Abran los ojos rápidamente! Se darán cuenta que volvieron al mismo lugar en donde iniciaron su recorrido increíblemente, o al menos en apariencia. Muchas gracias por la función, espero que hayan disfrutado el espectáculo; las propinas las dejan en el tarrito dispuesto para ello, muchas gracias, han sido un público excelente- 
En medio de abucheos y de escupos, un niño se le acercó. Lo observó y cerró sus ojos. -Señor, dígame por qué no puedo quedarme en este mundo- A lo que el misterioso sujeto le dijo efusivamente -Amiguito, hoy has despertado, hoy te habrás dado cuenta que al igual que cuando dormimos y despertamos en el mismo lugar de antes, al igual que cuando cierras y abres los ojos, cuando simplemente te liberas de todas esas tontas ataduras de "lógica" te das cuenta que ninguna de ellas son verdaderamente verdaderas, amiguito, la vida es sueño decía un amigo hace algunos años, y si que lo es. Sueño es la vida y la muerte... la muerte justamente es dejar de soñar, despertar de una vez y para siempre. Sin embargo, nosotros seguimos soñando, seguimos aquí cerrando y abriendo los ojos, con un pie en la tierra y otro en cualquier otra parte menos la tierra, amigo, si en este sueño dudas de que es lo real... Qué nos depara al dudar en nuestros propios y más profundos sueños- El niño cautivado por lo dicho comenzó a cerrar los ojos fuertemente y abrir los otros, los ojos de la imaginación, del soñar, del despertar. Dejó de comer, de caminar, de respirar, hasta que expiró felizmente feliz. Cerró los ojos para siempre, pero dejó abierta la puerta para nunca más regresar. Entró al mundo irrealmente real, tan brutalmente ilógico que ya no parecía necesaria la lógica. Dio ese paso innecesario y a la vez tan crucial, que transformó todo en lo innecesario. Al despertar se encontró en una casa, una casa de enormes arboles y arañas, de personajes místicos y enormes gigantes, de bellas mujeres idealizadas, de criaturas salvajes que hablan y de jefes demoníacos pero de vez en cuando vienen y desaparecen ciertas personas. Caen y vuelven a caer, pero nunca se quedan a tomar el té, nunca se quedan a saludar, sólo observan aquello que siempre han dudado ser verdad, con ojos incrédulos casi riéndose bajo la aparente seguridad que les da su "realidad". En cambio él, él vivía contento; más que contento, en paz; ya que por fin había acabado la paradoja de lo real y de la mal llamada docta ignorancia. Esperando que tú también despiertes te escribió en este papel, papel de letras y espacios vacíos. Papel del que nunca sera, siempre fue y a la vez pareciera ser, algo llamado papel. 
-Yo sólo quería saber si la lechuza que imaginé me la puede regalar usted- 
Abrumado, el maniático bajo los hombros y le dijo mohinamente: No muchacho, no creo que pueda hacer tal cosa. ¿Y por qué no señor, no eran de verdad?... Lo observo durante unos instantes, ese rostro ingenuo, esa infantil alma que sólo pretendía hacer algo con su vida, para no aburrirse, para decir al final "no fue en vano". No, o sea sí, es demasiado complicado para que lo entendieras. A lo que con el gran enigma expuesto, la curiosidad del niño comenzó a ser irritante. Dígame señor, yo lo escucho atentamente, dígame, quiero saber, por favor. Lo repitió tantas veces que el sujeto ya molesto le gritó ferozmente: ¡Niño, los sueños, sueños son! El niño salió corriendo por la plaza y se esfumó entre los arboles. Él agarró la vieja botella de licor, brindó por los sueños y se emborrachó hasta el alba llorando y lamentandose por aquellas tristes personas que aún se peñiscan para creer determinar que es lo real y que es sólo ilusión barata. Se quedó dormido balbuceando y gritando contra los mil demonios cuando llegó  a sentir una angustia tremenda, llegó a despertar. ¡Paf! ¡Abran los ojos rápidamente! Y se darán cuenta que volvieron al mismo lugar en donde iniciaron su recorrido increíblemente, al menos en apariencia. Muchas gracias por la función, espero que hayan disfrutado el espectáculo, las propinas las dejan en el tarrito dispuesto para ello, Muchas gracias han sido un público excelente- Decía un charlatán en la plaza de la Esperanza.