martes, 14 de julio de 2009

9:29... ¿Qué hora es? (DaDaEhEh)

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La vida es... la vida es... mira no se lo que es la vida. Las maravillosas palabras, la nostalgica muerte y la tremenda confusión. Simbolismos, tautologicos por naturaleza. Pero pobre de él, ya que basta pisar un pie en el cementerio para caer en un hoyo oscuro y lobrego para ser enterrado de inmediato, ser comido por bicho cualquiera y terminar siendo tierra. Cosas que nos llevan a la real mierda bordeando a lo mejor de todo. Irreduciblemente grandes. Un cementerio con amplias paredes que lo protejen de cualquier hombre. Despierta hombre de poca fe. La muerte si se que es. A un amigo le sucedio. Aunque no falta quien logra saltarlas con algunos pies ficticios o unos resortes de mala muerte. Es parecida a la realidad. Siempre el sujeto deprimente que escribe en blogs color gris o negro cuales quiera. Que son si no simbolismos, sucias palabras, hermosos mensajes. ¿Es acaso Juán quién vino a caer ayer en el cementerio del ser? Putas baratas, uno les da dinero esperando amor. Si definitivamente era Juán. De esa mierda te hablo, si a tí, esa mierda que te hace sangrar y vomitar. La muerte es mejor que la vida, al menos la conosco más. Creo que el cementerio abrira a las 9:30. La vida es, sin duda, inseguridad. Amo el sabor de las dulces palabras sin sentido. Creo que se nos acaba el tiempo. Mira quien viene ahi si no es mi querido Juán. De anoche que tengo un malestar en las espalda. Apurate que ya van a cerrar. Y eso les pasa cuando quieren entrar aqui. Hoy me a tocado enterrar a dos cuerpos más, idiotas que intentan confutar sobre el ser sin tener ni la más minima idea de lo que es y de lo que no es.

domingo, 12 de julio de 2009

Luchando contra la quimera

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Siempre me ha gustado llamar a la utopía por una quimera, debido a la sencilla razón de lo épico que suena y el giro que torna la cuestión al llamar aquel subjetivismo de esta forma. Me recuerda que el único enemigo es uno mismo, y es uno quien se quema en sueños irreales, inalcanzables y mágicos. Por sobre todo mágicos. Y más que soñar con la utopía, debemos luchar contra ella, lograrla, hacerla realidad, enfrentarte a esa bestia de mil caras que reune todo en una palabra. Y cuando la embistes con tu lanza de algún loco en el camino, te das cuenta que es un sueño, sueño que te arde, te destruye pero que a la vez te mueve. 

Algo que te mata, pero que te hace sentirte vivo. 

Fue una fantasía maravillosa toda esta semana, como si Cortazar  o quizás algún Vargas Llosa estuviera narrando todo el suceso. Pienso que a veces es mejor no materializar nada, no dejar ni la más mínima huella, sepultar bajo la realidad todas las alegrías, angustias, cansancios que viví y dejarlas ahí no más, en la utopía. En esa quimera suspicaz y mágica que de la nada se pasea por mi alcoba, despertando del letargo de la rutina, acordándome de mis amigos que junto a mi soñaron, a todos aquellos que ayudaron a tocar lo inalcanzable para luego soltarlo y olvidarlo todo. ¿Para qué? para germinar en nuestros corazones el anhelo, la convicción de volver a alcanzarlo. 

¡Siempre el sueño, esta presente. 4º utópico, va al frente!

PD: Extrañaba escribir...

martes, 16 de junio de 2009

Un tipo que trabajaba en una familia, lease textual

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Me desperté temprano como siempre un domingo perdido en los siglos. Me vestí raudamente con mi uniforme de todas las mañanas, un overol corroído por los aceites de mi oficio y unos bototos con punta de fierro para la seguridad de mi señora. Tome las llaves y me fui, luego de tomar un típico desayuno y besar a mi hija y a mi mujer. Espere sentado como sus quince minutos a que la micro pasara, de ahí ya iba apretado como por cuarenta minutos tan solo para llegar a una hora angustiante y sofocante en metro. Con unos 10 minutillos de retraso llegue al trabajo. Dicen que usamos el ridículo overol más que nada para diferenciarnos del resto de las empresas. Mientras hablaba con mis padres y entregaba cariño noté lo rutinario que se había vuelto mi vida. Había sido un día agotador, me tocó ser el hijo de unos viejos seniles y jugar a la pelota con unos niños sin padre, además de portarme como marido ejemplar para una madre soltera. Así como buen obrero trabajé en "mi cubículo" siendo un miembro más de las familias con mi única herramienta: mi corazón. De vuelta en mi verdadero hogar me relajé en la cama sin saludar a nadie, parecía que estaba solo. Veía un partido del Colo cuando en eso llego mi mujer con mi Laurita y las besé cariñosamente. Allí fue cuando todo se derrumbo. No se sí fue un delirio o si había estado ciego toda la vida pero, por inverosímil que parezca, mi familia comenzaba a marcar tarjeta al llegar, con los mismos uniformes idénticos al mio y a la misma labor: Dar amor. Después de todo, no hay quien se salve en este mundo de haber dado amor por el sucio billete.

Familias enteras viven con el tedio de poco menos estar trabajando horas extras en sus hogares, tomando acciones para recibir ciertos afectos o al revés, entregando falsos cariños buscando intereses más objetivos. A qué hemos llegado para contagiar lo inquebrantable de un organismo vital como este...

lunes, 15 de junio de 2009

No matemos al libro, que él nos mate a nosotros

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Últimamente me esta sucediendo que cada diez paginas que leo, entro en un estado de somnolencia tal que llego a soñar. Al principio lo encontraba muy poco práctico, de hecho no lo es en absoluto, (no creo que me sirva para la respectiva prueba del libro) sin embargo, luego le fui agarrando el gusto. Ya que no soñaba cualquier cosa, no señor, sino que entraba en la vorágine de la historia, me encarnaba en los personajes, sufría con ellos, los asesinaba y los amaba, los burlaba con prostitutas, los desafiaba a duelos, me sentía parte de la ficticia narración.

Comencé a odiar la aburrida realidad, prefería quedarme con mis Quijotes y Siddhartas intentando conocer el sentido o el saber máximo de lo existente, asustarme con los personajes de Poe y maravillarme con las extraordinariamente comunes elementos de García Marquez o Vargas Llosa. Enredarme en Horacio tratando de encontrar a mi Traveler y sumergirme en lo más hondo de la sórdida escuela de los perros. Pero no, ya tenía que venir alguien a sacarme del onírico mundo, a recordarme que debo leer no dormir.
Hemos desvalorizado tanto el soñar, el descansar, todo debe ser productivo y el sueño sin duda que lo es, pero ya nadie lo nota. Es la capacidad de soñar, de desconectarse un rato de esa maquina supra real, lo que nos mueve. Caminamos porque estábamos quietos. Sino cómo, quien distingue el sueño de lo real cuando no existe el dormir. Atiborrado de estos pensamientos un tanto absurdos arme mis valijas, me afeite de la mejor manera y me vestí con el mejor traje de tela de mi armario para emprender el gran viaje de mi vida. Quería perderme y a la vez encontrarme, no allá donde todo es causa y efecto, lógica común, moral inhibidora, una mala vida con un manual de acción. Así llegué aquí mi querido amigo. Me dormí para nunca despertar.

Creo que todo anda mucho mejor por aquí. A excepción de que a veces cuando me encuentro en una escaramuza o en una épica acción novelesca aparece de la nada un sujeto triste y extraño a la realidad. Es bastante cínico encuentro, ya que trata de ser amigo de nosotros continuamente pero de la nada desaparece, juega con las mujeres de por aquí, abusa de nuestra hospitalidad y ha ganado varias batallas obteniendo gran fama, pero aún así desiste en quedarse.

Me pregunto a dónde irá cuando se esfuma por arte de magia...

viernes, 12 de junio de 2009

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Me siento desconocido,
el androide natural
mejora su metal corroído
oxidado por lo racional

"Todo sin concretar"
en el carmesí río estancado
por piedras fáciles de quebrar,
me decía el barquero sin pasado

"Te han borrado lo que eras"
Sabia respuesta
"Olvidandote todo lo que fueras"
Sin imaginar lo que cuesta

una roca flexible penetraba
un agujero diminuto generó
ya la barca se quejaba
el enorme océano no espero

Lo último que observé
al barquero sonriendo
Mi muerte reservé
sin oxigeno se va sumergiendo


martes, 9 de junio de 2009

Todos en cuarentena y yo al medio

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Primera plana en el diario del domingo, en el principal encabezado con grandes letras rojas: 

¡Estamos enfermos! 

Así es señores los exámenes dieron positivos y todos llevamos por las sangre la gran enfermedad. Esa que se contagia por transmisión visual, sensorial, oral, nasal, etc. de todas las formas posible, incluso hay casos confirmados de parejas por vía transmisión sexual que se han recontra contagiado, ni me lo imagino. Basta con estar a centímetros de una persona contagiada para padecer casi instantáneamente los efectos del virus. Algunos científicos medio locos llegan a plantear incluso que antes de nacer ya se viene con el mal en los genes, ya que la mayoría de los padres que la tienen se la traspasan a sus hijos, casi en un 97% de los casos. Realmente alarmante. Y el gobierno, como siempre, no ha reaccionado. supuestamente todo esta bajo control pero ya la cifra de enfermos alcanza a un 89% de la población y que conste que el resto faltante ya la tuvo o ha sido inmune, siendo estos los menos. 

Triste o no, creo que me pegaron la enfermedad, probablemente con la presión de la vorágine de todos los días. He evolucionado rápidamente, casi fulminantemente, yo diría que en algunas semanas más ya habrá carcomido cada una de mis células. Ya muchos los he visto caer. Es increíble como sus cuerpos mudos quedan al probar el sabor fatal. Sus rostros espectrales y lejanos a lo que era la algarabía. Tiesos, ciegos y maltrechos todos. Pareciera como si los hubieran sumergido en un lago del polo norte, quedando petrificados para siempre. Y a pesar del calor que uno les pueda dar, siguen tal cual, como si uno no estuviera allí con ellos. 
Un querido amigo de toda la vida la contrajo, se aislo por seguridad en un principio, pero luego cuando necesitaba comer, cuando quería realizar su futuro, empezó a aumentar el bicharraco dentro de él. Llegado un minuto en que el virus le carcomió los ojos y se instaló en su cerebro. De ahí que por más que le hable, lo sacuda, lo cobije o lo detenga, no hay reacción en él.
(...)

Creo que se acerca, ahora a mí, tal desenlace. Yo me protegí pero no pude hacer mucho ante la PSU, mi futura carrera, el colegio, la polola, mis personalismos, mis utopías. Mejor vete y deja de leer esto, no valla a ser que mis palabras también estén infectadas de este mal. Enfermedad maldita que ataca al hombre de hoy en día. La peste negra del siglo XXI: La indiferencia.