martes, 9 de junio de 2009

Todos en cuarentena y yo al medio

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Primera plana en el diario del domingo, en el principal encabezado con grandes letras rojas: 

¡Estamos enfermos! 

Así es señores los exámenes dieron positivos y todos llevamos por las sangre la gran enfermedad. Esa que se contagia por transmisión visual, sensorial, oral, nasal, etc. de todas las formas posible, incluso hay casos confirmados de parejas por vía transmisión sexual que se han recontra contagiado, ni me lo imagino. Basta con estar a centímetros de una persona contagiada para padecer casi instantáneamente los efectos del virus. Algunos científicos medio locos llegan a plantear incluso que antes de nacer ya se viene con el mal en los genes, ya que la mayoría de los padres que la tienen se la traspasan a sus hijos, casi en un 97% de los casos. Realmente alarmante. Y el gobierno, como siempre, no ha reaccionado. supuestamente todo esta bajo control pero ya la cifra de enfermos alcanza a un 89% de la población y que conste que el resto faltante ya la tuvo o ha sido inmune, siendo estos los menos. 

Triste o no, creo que me pegaron la enfermedad, probablemente con la presión de la vorágine de todos los días. He evolucionado rápidamente, casi fulminantemente, yo diría que en algunas semanas más ya habrá carcomido cada una de mis células. Ya muchos los he visto caer. Es increíble como sus cuerpos mudos quedan al probar el sabor fatal. Sus rostros espectrales y lejanos a lo que era la algarabía. Tiesos, ciegos y maltrechos todos. Pareciera como si los hubieran sumergido en un lago del polo norte, quedando petrificados para siempre. Y a pesar del calor que uno les pueda dar, siguen tal cual, como si uno no estuviera allí con ellos. 
Un querido amigo de toda la vida la contrajo, se aislo por seguridad en un principio, pero luego cuando necesitaba comer, cuando quería realizar su futuro, empezó a aumentar el bicharraco dentro de él. Llegado un minuto en que el virus le carcomió los ojos y se instaló en su cerebro. De ahí que por más que le hable, lo sacuda, lo cobije o lo detenga, no hay reacción en él.
(...)

Creo que se acerca, ahora a mí, tal desenlace. Yo me protegí pero no pude hacer mucho ante la PSU, mi futura carrera, el colegio, la polola, mis personalismos, mis utopías. Mejor vete y deja de leer esto, no valla a ser que mis palabras también estén infectadas de este mal. Enfermedad maldita que ataca al hombre de hoy en día. La peste negra del siglo XXI: La indiferencia.

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