Siempre me ha gustado llamar a la utopía por una quimera, debido a la sencilla razón de lo épico que suena y el giro que torna la cuestión al llamar aquel subjetivismo de esta forma. Me recuerda que el único enemigo es uno mismo, y es uno quien se quema en sueños irreales, inalcanzables y mágicos. Por sobre todo mágicos. Y más que soñar con la utopía, debemos luchar contra ella, lograrla, hacerla realidad, enfrentarte a esa bestia de mil caras que reune todo en una palabra. Y cuando la embistes con tu lanza de algún loco en el camino, te das cuenta que es un sueño, sueño que te arde, te destruye pero que a la vez te mueve.
Algo que te mata, pero que te hace sentirte vivo.
Fue una fantasía maravillosa toda esta semana, como si Cortazar o quizás algún Vargas Llosa estuviera narrando todo el suceso. Pienso que a veces es mejor no materializar nada, no dejar ni la más mínima huella, sepultar bajo la realidad todas las alegrías, angustias, cansancios que viví y dejarlas ahí no más, en la utopía. En esa quimera suspicaz y mágica que de la nada se pasea por mi alcoba, despertando del letargo de la rutina, acordándome de mis amigos que junto a mi soñaron, a todos aquellos que ayudaron a tocar lo inalcanzable para luego soltarlo y olvidarlo todo. ¿Para qué? para germinar en nuestros corazones el anhelo, la convicción de volver a alcanzarlo.
¡Siempre el sueño, esta presente. 4º utópico, va al frente!
PD: Extrañaba escribir...
0 Confutación(es):
Publicar un comentario