jueves, 27 de agosto de 2009

Mascotas

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Hace años que no lo sacaba a pasear, y quizás no se lo merecía todavía pero no sé, me dieron ganas. En una de esas por el día soleado y hermoso que había, su carita de pena, la rara y falsa compasión, no sé la verdad. Incluso puede haber sido un arranque de salir a conocer a otras personas, no sabes cómo atraen a las chicas en la plaza. La cuestión es que lo amarre a la correa –si tiene la posibilidad, sale corriendo velozmente el muy astuto- y salimos a caminar hacia la plaza. Su pelaje ya estaba un poco largo y ya había tomado un hedor casi a perro callejero. Y para peor, lo único que hacía era oler la mierda de otros animales, algo típico en su raza, mi papá me dijo que eran de una raza de sabuesos bastante inteligentes, por lo que era innato en ellos olfatear y olfatear. Continuamente se resistía a avanzar, llegaba a ser tedioso estar esperando que oliera cada centímetro del limitado pasto de las casas. Pero al menos venía escuchando música. Y no me vas a creer pero se puso a olfatear quizás que cosa en un matorral en la casa de un vecino y casi al segundo salió este con una mirada despectiva a vigilarnos. Ya, vámonos de aquí será mejor. Y casi ahorcándolo de la correa lo moví del lugar. Pero resulta que a la siguiente casa una señora en bata salió de la misma manera a mirarnos, a analizar cada movimiento de mí y de mi mascota. Hice un gesto técnico y le dije amablemente: buenos días Doña Juana. No hubo respuesta, sólo una mirada más malintencionada aún. Qué le pasaba a mi barrio hoy por Dios, me preguntaba, haciéndome el indiferente ante sus ojos. Pero ya cuando iba como por la séptima cuadra ya me comencé a preocupar. De la nada salían de sus puertas, la mayoría en bata, otros incluso en toalla de baño a mirarme, solo a observarnos. Y fue aún más increíble cuando de la casa de los Pekineses salió el Claudio, y luego de ver quienes éramos, comenzó a gritarle quizás que cosa a mi animal, a lo que este le respondió de inmediato.

¡No me vengai marcar territorio conchetumadre! Hace rato que te dijimos que no te queremos en el barrio. A lo que yo sólo le pude decir que lamentaba lo de su señora, que la Clara se acercó a mí y que ya era estúpido pelear por tonteras después de ser tan amigos. Pero ya el Claudio no reaccionaba, estaba colérico conmigo e igual lo entendía. Yo hubiera estado igual. Así que nos fuimos a otro lado a pasear. Pero ya el tema era insostenible, casa que íbamos aparecían otros semejantes, amigos míos del barrio, sujetos entrañables que me venían a repudiar mi acto. Me amenazaban desde sus rejas, portones, he incluso desde murallas, donde sólo se dejaban ver su boca gritando a mil voces. Ya era la oveja negra y mi compañero que andaba conmigo, no entendía nada, pobrecito, el no se merecía esto. ¡El hijo de puta que viene por aquí, andate reculiao! Me gritó el guaton Perez. -Ándate a buscarte una mina que sea tuya de verdad, hijo de puta que te andaí culiando a mina que veí pasar- me gruñó el chico Sanchez de la casa de los alemanes. Ya era tanta la humillación que me quería ir. La correa ya me pesaba, quería regresar. Hasta que no faltó el broche de oro. Estábamos ya de vuelta, cuando en la casa de los Pekineses estaba aún el Claudio esperándome. –Mira reculiao te vamo a matarte entendiste culiao, nadie me deja en vergüenza así loco- Y en eso apareció el Pekinés que en unas palabras extrañas se puso a hablar con mi amo.

-Oye disculpa pero tu mascota siempre nos deja el patio lleno de caca- Me dijo el Pekinés de fino pelaje.

-No, no se preocupe si el mío no hace eso, es de fina raza, de los mejores humanos que existen, un francés parisino, que mejor. Y además si llegase a intentarlo, el reto que le mando ni se lo imagina-

Pero al parecer mis argumentos no funcionaron porque sólo esperaba que me fuera con mi hombrecito a otro lado, así que lo tiré de la correa, que ya al parecer le dolía y me fui moviendo la cola. Se notaba triste. Quizás que se dirán entre ellos, ¿tendran consciencia?. Lo que sí, el Claudio se mostró súper rabioso con mi Gaspar, quizás que habrá hecho mi “zoon logon”. De hecho como que todos los hombres del barrio se mostraron bien reacios a mi animalito, son unos salvajes. En todo caso mi Gaspar se mostró como todo un caballero, así que ya venía pensando con que premiarlo.

Saludé al compadre Terrier de la esquina y le fui a dejar el encargo a la señora Lazzy y me vine para la casa. Le di un pedazo de carne y feliz se fue a comer para su casita, aunque aún lo notaba medio triste, quizás estará enamorado de alguna del barrio quién sabe. Ojala que no.


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