miércoles, 5 de junio de 2019

Timidez

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Luego de estresarse por las puras, luego de preparar algo más elaborado, Agustín le dijo que se tranquilizara. Que no era necesario tanto. Siempre todo tenía que ser algo más simple, fácil o superficial de lo que él preparaba. Un continuo hacer de más. Todo el mundo lo encontraba una lata. Decían que era un tipo dificil de tratar, que no hablaba mucho y era dificil no pasar un silencio de incomodidad estando a su lado. Hablar con él era como si los puntos suspensivos ganaran sonido... Se hacían presentes fluyendo como torrente por toda la habitación. Es que no sé que decirle cuando lo veo, decía Nicolás, un poco harto de tener que ser amigo de él. La ausencia de palabras era algo punzante, nuevamente para esas personas dependientes del hablar golpeado y acelerado. Yo creo que él era observador y escuchador. Sobreanalizaba las cosas, es cierto. Quizás por eso era tímido. Le importaba mucho el cuidar el decir o el decir con cuidado. No buscaba crear vínculos de manera antojadiza. El tiempo los iría componiendo. Es como si desde los puntos suspensivos germinara lo bello, lo estrecho, lo real. Pero ahí estaba Agustín nuevamente, olvidando cómo había conocido a Martín, inventando la historia que él quería contar y manifestando lo que el resto sabia con solo verlo: Es que Martín es muy tímido. Martín es muy chico. Martín es pajero. Martín es poco vivo. Martín es... Siempre era descrito por otros. Mejor dicho, siempre dejaba que el resto lo describiera. Y luego terminaba escribiendo en un blog que nadie leía. Era como si el tecleo de esas palabras fuera a exclamar puntos suspensivos... Y no había nada más relajante e inconcluso que ello...

miércoles, 10 de octubre de 2018

Reencuentros

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Venía con el corazón anudado mientras caminaba. ¿Qué pensará? ¿Por qué ahora y no antes? ¿Qué estará deseando conseguir con todo esto? ¿Cómo decirle lo que quería decirle después de tanto tiempo? Repasaba una y otra vez posibles guiones para decirle un "lo siento".  Se compró un té, se sentó y se puso a mirar su celular. En su burbuja tecnológicamente asistida se fue calmando, hasta que escuchó un ¿Claudio? Vaya que estás igual. ¡Mane! Cuánto tiempo, tu si que estás igual. No has cambiado nada... ¿Eso era algo bueno o algo malo? Poco importaba ya. Hablaron de cómo se encontraban sus familias, amiges y cercanes. De cuánto tiempo habia pasado en ellos. De tantos personajes que se habian enredado -y desenredado- al encontrarse esos dos. Todo seguía igual, los nudos seguían haciéndose y deshaciéndose. Las mismas sonrisas, gestos y miradas. Ella deslizó un viaje cercano con su actual pareja al sur. Él de sus proyectos de vivir en Estados Unidos con su actual pareja. Ya no tanto el cuánto sino el por qué el tiempo les había pasado, era la pregunta que se hacía. Ya me debería ir, dijo ella, no tengo mucho tiempo. Tiempo, tiempo, siempre el tiempo. A lo que rápidamente respondió un "espera, te debo un lo siento". Un nudo lentamente se desamarraba al escuchar un "gracias, que bueno que me lo digas".  Se entregaron sus respectivas fotos, la excusa material del reencuentro. Se despidieron y todo siguió igual. Las lineas siguieron caminando.

martes, 2 de octubre de 2018

La confutación del tiempo

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Ha pasado tanto. Tanto ha pasado. Todo parece retroceder y a la vez todo se experimenta de manera diferente. ¿Uno crece o es el Uno lo que crece? Tiempo, necesito tiempo. ¿Me pudieras brindar un poco de tu tiempo? Dedico todo mi tiempo para pedir un poco de tiempo a los demás.

¿Para qué era el confutar? Se preguntaba entonces ¿Por qué era el confutar? ¿Cuándo el confutar se convirtió en pasado? De vez en cuando el confutar volvía a luchar, como cuando escribió estas palabras. En medio de pianos y guitarras a las 3 a.m., revisitaba hipervínculos y vínculos perdidos, códigos html y palabras rotas, comentarios anónimos y sentimientos anonimizados. Revivía el confutar al concentrar tu tiempo en él, o eso pensaba. ¿En qué cielo habrá acabado platoncito?

Vuelvo al confutar para hacerme creer que me alejé en algún momento. Para adoptar aquellas palabras como un reflejo de lo que "era". Para comprender cómo me sentía y cuán distinto me siento ahora ¿verdad? Pero la verdad no es así, duda.

Entró al confutar en modo incógnito. Buscaba ocultar sus pasos de sí mismo. Nunca se iba a enterar quien pasaba por ahí, qué versión de sí o en qué situación de sí se enfrentaba una vez más en la lucha de opiniones. ¿Era el mismo? ¿era otro? era (lo) incógnito.

A mi mente viene la realización de que quizás ese confutar sólo existe como ideal. Todo tiene fecha de vencimiento, pero nada vence para dejar de vencer. Nada vence al tiempo. La nada, sí, eso es, quizás al dejar nada, estaré confutando finalmente. El tiempo se (me) hace nada. Preciso de tiempo. ¿Ya te pedí tiempo?

Sueño, me está llegando el sueño otra vez. Esto parece ser un canal de YouTube para mi presente. Por favor suscríbete a mi pasado y dale like a mis súplicas por like. Y así, el fantasma vuelve a recorrer este sitio. ¿Me vas a culpar por querer ser querido? ¿desear ser deseado? Bueno sí, siempre mis métodos han sido un poco heterodoxos, lo sé. Es lo que me hace silenciosamente llamativo, heteronormado y cansador, no lo sé. Algunos animales y plantas piden afecto de forma más explícita, lo sé. Quizás estas palabras las vuelvo a escribir para que tu me reconozcas, no lo sé. Soy esclavo de mi futuro. Nietzsche reaparece equivocadamente en la escena.

Duda. A lo mejor eso es el confutar, la continua duda para vencer toda verdad definitiva, aquello sin futuro. Un test de fuerzas sujetas al tiempo. Hacer vencer lo invencible. No, eso no es, confutó la narradora.

martes, 16 de mayo de 2017

La bomba de vacío

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Expectativas, diseños e imaginarios. Expectativas, diseños e imaginarios. Expectativas, diseños e imaginarios. Esta triada conceptual me habían propuesto para articular mi relato, mi argumento. Pero había algo que no me lograba convencer. Expectativas he tenido siempre, casi se podría decir que la prognosis de mi vida ha sido algo tan presente como pasado. Es como si mi futuro siempre tenía que estar diseñado, reflexionado una y varias veces, y en parte por eso permanecía como "futuro" y no como presente. ¿Pero imaginarios? Que podría imaginar en un momento así, en que dejas de pensar en lo que quieres conseguir y empiezas a aceptar lo que te alcanza, lo que te aparece. La imaginación debe ser libremente contradictoria, debe ser todo lo que no existe hasta el momento, pura negatividad. ¿cómo podría ser de otro modo? "Bueno, bueno, entonces sácale lo de "imaginarios" y ponle... esquemas, no sé, que sé yo..." No, no, es que esa triada va con los imaginarios, pero en este momento mi relato de vida no le corresponde esa palabra. Estoy en esas situaciones en que debes actuar, en que todos te dicen que debes actuar, antes que imaginar. Y, sin embargo, sigo imaginando. Imaginándome un relato de vida frustrado por las palabras y por el dinero. Piensa un momento y luego de un rato me mira con una sonrisa: "Ya sé, hay un libro de unos tipos que hablan de la triada Literario, Material y Social, échale una ojeada y me dices si te convence". El libro, ciertamente encarnaba lo literario, material y social. Existía, tenía peso, hablaba de ciertas historias de la ciencia y de cómo ella se articulaba en relaciones sociales bien frágiles, a ratos antagónicas, pero siempre casi por necesidad. ¡Sí! por ahí va la cosa. Una de las historias hablaba de una "bomba de aire". Ella consistía en un dispositivo que permitía sacar el aire de un receptáculo mediante unas palancas y sistemas de succión. La gran disputa de los científicos al respecto era qué quedaba en el receptáculo ¿nada? 
¡Sí! esa es la duda en mi relato. El que se hizo famoso con este aparato simplemente dijo: pues no puedo afirmar nada acerca del vacío, sólo puedo afirmar que es no-aire. ¡No! cómo te puedes conformar con eso. Cómo puedes aceptar que la muerte es simplemente no-vida, tiene que ser algo más que eso. ¡Ajústate a los hechos! dijo el científico.  Los hechos me dicen que no puedo hacer lo que quiero o que no quiero pensar qué puedo hacerlo. Estoy en un momento de no-acción, pero bajo el sentimiento de actuar. ¿El vacío? ¿Estaré en la nada? ¿Estaré en el receptáculo de mi bomba de vacío? Tendré que experimentar narrativa, material y socialmente, partiendo por este relato. ¿qué me fue sacado, qué me fue succionado? "Por ahí está mejor, ahora me voy de viaje, ojalá a la vuelta tengas la respuesta".

viernes, 23 de diciembre de 2016

Regurgitación de un pasado presente

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Escribo mareado estas palabras, pero hacía tiempo que no sentía más helada mi frente. Vuelvo a escribir por ese malestar constante en mi vida. Ese sentimiento de incomodidad ante la existencia. Esa nausea de la que escribía Sartre. Nausea no de no entender, sino de precisamente todo lo contrario. Ese mareo de entenderlo todo. De que todo tenga explicación y a la vez nada tenga sentido. Todo se me hace entendible, inclusive lo inentendible que a veces resulta ella. La vida vive en su muerte. El árbol germina al marchitarse. El humano se hace en lo no-humano, en lo animalesco, en lo sádico.
Toda esa historia, toda esa concatenación de eventos, sin ningún final, sin ningún principio conocido, o que simplemente nos negamos a conocer. Todo el vacío, todo el silencio, todo el sueño... me produce esta nausea, este ahogo, este mareo sin mar. Algunos dicen que cuando te emborrachas, actúas como tu verdadero ser, quizás por eso se dice coloquialmente "te curaste". Pues bien, yo siempre que me curaba, vomitaba. Tripas, carnes, arroces, pastas... Todo devenía en vomito luego de curarme. ¿Acaso vomitaba para curarme? Quizás el vomito se curaba de mi. Su existencia era para ser regurgitado, así como mi habitar este mundo.
De la misma manera, hoy vomito estas palabras. Más bien, hoy me vomitan a mi mismo. Yo era el malestar que les impedia cumplir su misión de salir de mi boca, de mis dedos, de mis tecnologías. Yo soy un instrumento, instrumento del sin sentido.

miércoles, 8 de abril de 2015

Mucho río sobre el puente

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Erase un primerizo estudiante de sociología, un idealista que creía que podía explicar el mundo entero, que podía hablar de todo y que toda su crítica tenía no solo peso, sino que validez interna per se. La verdad estaba garantizada para él por la onda intelectualoide y la verborrea, a tal punto que para él no eran más que el semblante del intelectual orgánico y la imposibilidad de contener esa pluma inspirada en nociones vagas pero intuidas reflexivamente. Pero no era  sino un muchacho raquítico, débil y quejumbroso. Ese novato había alejado todo de sí. Todo le permitía ser medianamente cuerdo. Primero fue su polola, que sin razón alguna congeló en el freezer de un día a otro. Luego fue a su familia o lo que quedaba de ella. Después fue el turno de sus amigos, que en su libre enfermedad no hacían más que recordarle la nostalgia de andar enfermo por la vida. Posteriormente se fue alejando de sí mismo, de su cuerpo, de sus manos, de sus oídos, de sus tecnologías. Caminaba en un espiral hacia la cama, su leal protectora. Desde la cama podía dormir dentro del sueño en que vivía. Se le incrustó una idea: que su vida era un sueño y que los sueños, sueños son, frase que repetía hasta por la boca. En la cama podía encontrar validez a su teoría, ella lo escuchaba y lo cobijaba en su soledad. Se enamoró de una mala mujer que hacía verosimil cualquier salfatismo de un eterno retorno. Yo era su salida de escape, su EXit. Pero ni yo lo pude contener. Cada día llegaba con cosas más tristes, que se daba asco a si mismo, que nunca iba a poder ser lo que queria. Que todo era falso y verdadero, que ya no había misterio alguno como para seguir preguntando, que todo era sueño, puras cosas que me daban sueño. Pura filosofía barata y zapatos de goma. En verdad comenzaba a temer lo peor, hasta me daba miedo que nos hiciera algo en algún arranque a lo gringo. Pero aún no se alejaba de todo. Debía divorciarse de su cama, de sus días acostado con las luces apagadas. Y se fue. No porque sea rico irse, sino para escuchar el "¿te fuiste?" de rigor. Quería ver si su existencia era tan leve como para no dejar ni siquiera un vacío en los demás. Pero lo recordaron. ¡Lo recordábamos! solo que el no nos veía en una suerte de ironía entre actor y personaje. Tenía que irse completamente para darse cuenta que nunca se había ido, que seguía anclado a ellos. Al volver con el rabo entre las piernas y ver que nada había cambiado, se desilucionó ciertamente. Pero luego comprendió, que nunca se fue realmente, que todo iba a seguir normalmente. Pues los fantasmas que el veía, que oía y lo atormentaban, sólo existían para él. Su peso tenía existencia. Y su existencia era significativa para otros y precisamente por ello todo iba a seguir siendo igual a pesar de haberse ido. Cuan soberbio y ególatra fue al pensar que todo tenía que cambiar por él. Cuan soberbio y ególatra fue al hacerse un blog y publicar cuanta divagación se le cruzaba. Cuan solipsista fue al creer que podía confutar y confutarse desde el sueño. Cómo en todo lunático, el problema no era que no fuera inverosimil su relato, sino que era demasiado creíble para ser verdad. Cuan poco humilde fue al pedir humildad al resto. Cuan poco despierto fue como para darse cuenta que nunca supo qué cresta era el ser. Después de todo, era un tipo débil, vanidoso, flojo, pero con un blabla y una creatividad tal que lo llevaron a olvidar su propio ser. Nuestras más grandes virtudes son nuestra condena. Nuestros defectos, en cambio, son los que finalmente nos salvan .