viernes, 7 de mayo de 2010

Medio-cres

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Podrá sonar extremista y viciosa, ni el propio Aristóteles lo quiera, la tesis que quiero exponer aquí, pero llega a ser tan evidente, tanto así que precisamente por darlo por obvio que nadie hace nada;  hemos desvirtuado completamente el concepto de término medio en la sociedad y hace muchos años que llevamos arrastrando tal mala interpretación. Equilibrio o el término medio como lo definían antiguamente los griegos consistía en esa bella armonía, en la medida justa de perfección ni más ni menos; pero hoy por hoy se consideran como lo más cercano a lo bueno pero que tampoco llegue a ser completamente malo, es decir, en puras mediocridades. Lo que antes eran utopías ahora las damos por quimeras asumiendo que la perfección no es algo "en sí" alcanzable, hemos dejado a Dios en su trono olímpico y al hombre aquí en la tierra como animal conformista. Si antes realizábamos la división entre lo perfecto y lo imperfecto, ahora damos por hecho que la perfección es algo meramente inteligible (que aparentemente puede serlo) por lo que solamente dividimos lo no tan imperfecto con lo imperfecto propiamente tal y a partir de esa operación nos movemos diariamente. El mal menor estimados, el mal menor es para los mediocres y decadentes, ingenuamente "obligados" a escogerlo, de los que hablaba Nietzche con tanta audacia, y que ingeniosamente se ha enraizado en los anales de nuestra cultura social y que tristemente ha pauperizado el funcionar de la vida. 

Hegel nos hablaba del reconocimiento entre el amo y el esclavo, donde se convierte en esclavo aquel que opta por seguir viviendo ante la amenaza del señor,  con la vaga esperanza de cambiar su condición de esclavitud algún día, pero el error esta no sólo en esa vaga esperanza que finalmente transforma todo en un ciclo vicioso de sumisión y rebeldía, sino que también en que ¡la vida sin reconocimiento sencillamente no es vida! pero nuevamente caemos en mediocridades al asumir en que podemos se puede vivir a medias, vivir en el calvario pero viviendo pues, ¿mejor que estar muerto no? Ser autónomos y auto-conscientes es verdaderamente vivir, nunca al revés, ni nunca en un "término medio-cre" porque entre no ser reconocidos por otros y ser reconocido por todos, el término medio no es el ser reconocido a medias como un vil sirviente, sino ser precisamente reconocido por al menos uno o por lo menos para sentirnos vivamente conscientes de uno mismo. Siguiendo entonces la metáfora de Hegel nos quedan tres caminos: Cada uno arriesga su propia vida buscando hacer su propia voluntad terminando todo en muertes infinitas como plantea Hobbes que sucedía antes del grandioso Leviatán y que claramente no fue el camino escogido, en segundo lugar tenemos el camino del cual soy partidario, existiendo un respeto y un reconocimiento mutuo constante en comunidad, claramente en un tono casi utópico, imposible y perfecto, pero es justamente a eso lo que debería apuntar el término medio siempre al filo de lo máximo; sin embargo, nos resignamos en la búsqueda de ello y preferimos elegir un camino fácil y igualmente mediocre, creamos estructuras a las cuales nos subordinamos como peones, no buscando lo más preciso sino lo que se encuentra al alcance de lo posible. Y si que lo fue, todos quedamos esclavizados a este Leviatán, casi por necesidad, entonces no superamos el problema del amo y el esclavo solamente que hemos ido creado "señores" o estructuras, que son todos y a la vez nadie, a las cuales siendo un tercero en esta lucha le destinamos la decisión del reconocimiento, pero cómo nos vamos a reconocer en un ente, en un aparato, ya sea estatal, económico, legal, etc. que tiene nombre pero carece de sustancia, ni siquiera llega a ser un espejo del cual podemos vernos como somos. Curiosamente todas estas estructuras parecen vivientes por cuenta propia, y precisamente es debido a que nos refugiamos en ellas para reconocernos, ya no en el otro sino en la cosa y esta se llena de provocaciones que se nos aparece como algo vivo, algo auto-consciente pero precisamente ambas ideas no pueden ser porque la génesis, este buscar reconocimiento en la cosa no es posible concretar, aunque tristemente la búsqueda ilusa, claramente sí. 


domingo, 2 de mayo de 2010

Los sueños son vida

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-Bienvenidos damos y caballeras, bienvenidos al gran circo de los sueños, bienvenidos al verdadero ¡Despertar! 
Así es, solamente debéis cerrar los ojos bien fuerte y comenzar a pensar. Sí, nada más que pensar. Pensar en sus vidas, vidas que se convierten en un montón de porquería, en un montón de oscuridad y destellos fugaces. Mantenganlos cerrados bien fuerte y lentamente verán ciertas luces por diferentes lugares, traten de alcanzarlas, traten de imaginarlas, traten de soñar... Lentamente continúen en ello y... ¡Paf! ¡Abran los ojos rápidamente! Se darán cuenta que volvieron al mismo lugar en donde iniciaron su recorrido increíblemente, o al menos en apariencia. Muchas gracias por la función, espero que hayan disfrutado el espectáculo; las propinas las dejan en el tarrito dispuesto para ello, muchas gracias, han sido un público excelente- 
En medio de abucheos y de escupos, un niño se le acercó. Lo observó y cerró sus ojos. -Señor, dígame por qué no puedo quedarme en este mundo- A lo que el misterioso sujeto le dijo efusivamente -Amiguito, hoy has despertado, hoy te habrás dado cuenta que al igual que cuando dormimos y despertamos en el mismo lugar de antes, al igual que cuando cierras y abres los ojos, cuando simplemente te liberas de todas esas tontas ataduras de "lógica" te das cuenta que ninguna de ellas son verdaderamente verdaderas, amiguito, la vida es sueño decía un amigo hace algunos años, y si que lo es. Sueño es la vida y la muerte... la muerte justamente es dejar de soñar, despertar de una vez y para siempre. Sin embargo, nosotros seguimos soñando, seguimos aquí cerrando y abriendo los ojos, con un pie en la tierra y otro en cualquier otra parte menos la tierra, amigo, si en este sueño dudas de que es lo real... Qué nos depara al dudar en nuestros propios y más profundos sueños- El niño cautivado por lo dicho comenzó a cerrar los ojos fuertemente y abrir los otros, los ojos de la imaginación, del soñar, del despertar. Dejó de comer, de caminar, de respirar, hasta que expiró felizmente feliz. Cerró los ojos para siempre, pero dejó abierta la puerta para nunca más regresar. Entró al mundo irrealmente real, tan brutalmente ilógico que ya no parecía necesaria la lógica. Dio ese paso innecesario y a la vez tan crucial, que transformó todo en lo innecesario. Al despertar se encontró en una casa, una casa de enormes arboles y arañas, de personajes místicos y enormes gigantes, de bellas mujeres idealizadas, de criaturas salvajes que hablan y de jefes demoníacos pero de vez en cuando vienen y desaparecen ciertas personas. Caen y vuelven a caer, pero nunca se quedan a tomar el té, nunca se quedan a saludar, sólo observan aquello que siempre han dudado ser verdad, con ojos incrédulos casi riéndose bajo la aparente seguridad que les da su "realidad". En cambio él, él vivía contento; más que contento, en paz; ya que por fin había acabado la paradoja de lo real y de la mal llamada docta ignorancia. Esperando que tú también despiertes te escribió en este papel, papel de letras y espacios vacíos. Papel del que nunca sera, siempre fue y a la vez pareciera ser, algo llamado papel. 
-Yo sólo quería saber si la lechuza que imaginé me la puede regalar usted- 
Abrumado, el maniático bajo los hombros y le dijo mohinamente: No muchacho, no creo que pueda hacer tal cosa. ¿Y por qué no señor, no eran de verdad?... Lo observo durante unos instantes, ese rostro ingenuo, esa infantil alma que sólo pretendía hacer algo con su vida, para no aburrirse, para decir al final "no fue en vano". No, o sea sí, es demasiado complicado para que lo entendieras. A lo que con el gran enigma expuesto, la curiosidad del niño comenzó a ser irritante. Dígame señor, yo lo escucho atentamente, dígame, quiero saber, por favor. Lo repitió tantas veces que el sujeto ya molesto le gritó ferozmente: ¡Niño, los sueños, sueños son! El niño salió corriendo por la plaza y se esfumó entre los arboles. Él agarró la vieja botella de licor, brindó por los sueños y se emborrachó hasta el alba llorando y lamentandose por aquellas tristes personas que aún se peñiscan para creer determinar que es lo real y que es sólo ilusión barata. Se quedó dormido balbuceando y gritando contra los mil demonios cuando llegó  a sentir una angustia tremenda, llegó a despertar. ¡Paf! ¡Abran los ojos rápidamente! Y se darán cuenta que volvieron al mismo lugar en donde iniciaron su recorrido increíblemente, al menos en apariencia. Muchas gracias por la función, espero que hayan disfrutado el espectáculo, las propinas las dejan en el tarrito dispuesto para ello, Muchas gracias han sido un público excelente- Decía un charlatán en la plaza de la Esperanza. 

viernes, 30 de abril de 2010

Expectativas

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Él sentía que venía algo crucial en su vida; Ella, en cambio, que perdió la gran oportunidad de algo. Ninguno de los dos sabían muy bien que era ese algo, pero ambos estaban seguros que la nada misma no podía ser. No se conocían, al menos físicamente, porque probablemente estaban unidos desde los inicios del tiempo, desde la "experiencia original", desde las propias reminiscencias de Platón, desde que sus almas se unieron a esa impureza llamada cuerpo. Sin embargo, no se conocían. Él esperaba ansioso, Ella se lamentaba. Él iba a la Plaza de la Esperanza, Ella sólo rehacía su vida. Él se quedaba todas las tardes en la plaza de la Esperanza y Ella pasó por ahí un día. Él iba alerta, al acecho de ese anhelo, Ella, contrariamente, iba distraída sin un sentido. Chocaron. Él le pidió perdón cortésmente, Ella movió la cabeza diciendo "No importa señor". Él siguió su camino buscando algo, Ella avanzó, casi por inercia, sin camino alguno. Después de todo, él iba preocupado de hallar ese "algo" y ella preocupada de vivir el luto de habérselo perdido, sin saber cuando.

jueves, 15 de abril de 2010

Impugnando al reflejo

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Se encontraba abrumado. Cada vez que desviaba la vista, cada vez que se volvía sordo y cada vez que desconocía al mundo, una persona había dejado de hacer presencia. Era la técnica misma encarnada en él, una especie de mesías de la instrumentalización hipebólica. Las personas habían dejado de ser, para sólo existir, y existir en base a él. Ese era el solipsista nato. Ese dominado por la neurosis actual, aquella que todo lo hace des-aparecer para ser sólo existencias de un stock aparentemente limitado. Pero que importaba si la familia, sus amigos, el tipo del metro, el vagabundo asqueroso y el perro con tiña eran reemplazables, eran meras solicitudes. Siempre había creído que se reían de él. Que si lograba pensar antes que ellos, podría sorprender a su madre con el camarógrafo y al perro hablando con el zorzal que se posaba en sus mañanas por la ventana al abismo. Pero nunca lo lograba, siempre estaban ahí, actuando para él. Haciéndole parecer que tenían vida, una falsa porque aparecían a su solicitar, a su propio aparecer. Llegó a pensar de que había algo en su razón, una especie de infiltrado natural, el cual le entregaba sus pensamientos a ellos, les decía cada idea que surgiese para sorprenderlos, para que ellos ya la supieran de antemano. Así que incluso hizo desaparecer a su propia razón. No hablaba consigo mismo, así que dejó de ser también su propia razón, cuestionarse había sido borrado de lo que quedaba de su memoria. Ocultó con el velo del olvido todo lo que se le mostraba iluminado. Pero entonces valía la pena vivir,  ¡No te puedes preguntar nada! te pueden oír idiota, sí lo sé. Pero dime algo distinto.
Silencio.

Debido a que hizo des-aparecer todo, me vi obligado entonces yo a narrarles la historia; yo, su consciencia olvidada. Heidegger decía que el peligro supremo de la técnica era por partida doble, por un lado podíamos caer en distinguir todo como una posible existencia llegando a considerarse a si mismo como tal, él había entrado en su propio solipsismo como uno más de la obra de teatro. Y en segundo lugar, se corría el grave peligro de que lo que ha desvelado se ocultase por un velo aún más denso y dificultoso de notar. Este hombre ya no distinguía nada, por su propio destino de desenterrar el misterio de la verdad termino convirtiendo todo en un verdadero velo. No era ni feliz ni muy moral. No era ni pasional ni racional. No era nada sino que era todo, pero sin poder darse cuenta de ello irónicamente. Y así fue vagando por el mundo, fue sospechando lejos del mundo. Hasta que llegó a su idénticamente heterogéneo. Se encontró así mismo reflejado en un espejo. Notó que se movía y que a pesar de que intentase sorprenderlo esa persona extraña hacía la acción idéntica. Quién eres. ¿Puedes hablar?  Sí, por qué no habría de poder. Creía que eras una existencia y no un ser autónomo. Haber perdona eso eres tú, aquí yo soy el único que es por y en sí mismo yo. Jah demuéstralo. Y frente a que no tenía como se sentó frente a él, por primera vez conocía a alguien que hacía lo mismo que él, por primera vez conocía su propio solipsismo hecho carne enfrentándolo de la misma manera que el lo había hecho con el mundo. ¿Y tienes familia? Claro que sí ¿Amigos? Cientos de ellos si quiero ¿una esposa, hijos, un jefe una suegra, un caballo, un perro? Tengo todo eso y más, después de todo, ellos viven en función de mí solamente, así como tú. ¿Perdón? Yo sé que tu eres sólo un actor más y que detrás de esos arboles hay cámaras y que me observan continuamente y que en mi mente tengo un bicho raro donde me leen todos mis pensamientos y... No puedes decir nada entonces, sin embargo me estas hablando. Yo digo lo que se me de la gana pues yo soy el que es y tu no. Pero si me estas hablando entonces reconoces que existo yo también. Bueno eso no tiene nada que ver aquí. ¡Ya callate!
Silencio.


Gracias a que tanto él, como su consciencia fueron desapareciendo me vi obligado a acabar con este relato.
Luego de tal constante monologo deshumanizador, su propio reflejo desapareció misteriosamente. Nunca más volvimos a saber que fue de él. Todos los días se sienta frente al espejo a esperarlo, a esperar que ese velo por arte de magia lo deje ver nuevamente extinguiéndose en la nada misma. Debe entender antes, que de no ser por mí esta historia no tendría final.
Ahora si, Silencio.

martes, 13 de abril de 2010

Insomnio

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Se levantó, algo afiebrado, y se dispuso a ponerse sus pantuflas y su bata roja que le había regalado su madre años atrás. Prendió la luz del baño y con el impacto de luz en medio de la oscuridad quedo ciego, tanto así que la apagó de inmediato. No le acertó al inodoro pero se daría cuenta cuando fuera de día. No le gustaba la leche, prefería el café. Sin embargo, aquella noche debido a sus ansias de volver a dormir decidió tomarse un vaso de tibia leche. Observó por unos instantes desde su sillón privilegiado todas esas murallas vacías, todos esos posibles lugares en donde poner retratos, pinturas, fotos de familiares, de hijos, etc. vacías. Nunca había odiado estar solo, pero por primera vez sentía que necesitaba llenar el hueco abierto. Terminado el vaso prendió un cigarro y suspiró expulsando ese humo fantasmagórico por la casa, su casa. Se devolvió a la cocina a ver si encontraba algo en el refrigerador pero hace días que no realizaba alguna compra en el supermercado sino para el pan y todas esas cosas básicas y típicas que uno cree necesitar, cuando en realidad son las distintas, las impensadas las que uno comienza a necesitar en esta vida. Al entender esto, sorprendido por la lucidez de sus pensamientos, se dirigió a su escritorio a escribir lo que se le ocurriera empezando por algo llamado así como  "Insomnio" y al poco andar el peso del sueño volvería otra vez hasta no poder más, cayendo rendido, con lápiz en mano, en su escritorio. Se dio cuenta que todos estaban ya despiertos como él, sus caras reflejaban una desesperación y un tedio por la guerra que no había que ser astuto para notar. El sargento Parsons gritó desde el asiento del copiloto que ya se iban a bajar en la zona de combate, que nos fuéramos por el flanco izquierdo y que nos pusiéramos los jodidos casco por alguna maldita vez en nuestras vidas. Todos teníamos puestos nuestros "jodidos" cascos para morir. Dieron la señal, las ruedas se detuvieron y de inmediato nos bajamos en medio de los disparos y estallidos de las granadas, estos maricas nunca habían sido tan duros de roer decía Smith, pero él iba concentrado. Él no quería estar allí, prefería estar en su casa, con su familia, sus hijos queridos, pero debía defender a la patria, ¿debía?. Aunque en esos instantes uno no se preocupa tanto de esas cosas, esta más centrado en sobrevivir que en hallarle una respuesta a por qué tener que sobrevivir. Odiaba tener que matar; pero daba por hecho, que el otro, el "enemigo", debía también de matarlo a él. Y ya sabemos que esos debía a pesar de ser dudosos, en la práctica te dejan siempre sin otra opción (que no sea inmoral para el contexto claro). Aquí lo moralmente correcto era matar con hartos balazos para que quedaran bien muertos los guardias del fuerte enemigo, quemar a los francotiradores por la espalda luego de entrar de sorpresa y hacer estallar a todos los ocupantes del tercer piso del fuerte. Esos eran los importantes, los peces gordos, por los que realmente te mandan a matar ¿quién? pues otros peces gordos, a eso se reducía la patria al fin y al cabo. Así que después del estridente sonido de la granada entraron siete de los doce que en un principio partieron al salón principal donde yacían varios "americanos" ya muertos por doquier. Mientras registraban el lugar, un tipo de la nada apareció por la puerta de atrás y  todos los soldados sorprendidos comenzaban a caer tristemente al piso. Mientras caía, mirando al cielo, observó como bajaba una hoja en su cara. Ya sus sentidos no le respondían pero creyó ver por última vez la palabra "Insomnio" y una serie de garabatos. Nunca más volvería a soñar con ello, nunca más volvería a soñar con lo que nunca fue.

lunes, 12 de abril de 2010

Texturas

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No resultaba, la poiesis no fluia en ese río infinto. Aquel río insonable por el cual todos navegabamos tratando de detenernos, buscando hayarle un fin al cauce  pero frente a lo torrentoso, siempre nos ha sido y nos sera imposible. Tan imposible como pintarla a ella, desnuda en mi cama ansiosa, tal como una bestia enjaulada, esperando el momento preciso. Era evidente en lo que iba a terminar, la situación pero no el cuadro. Trataba darle linea, hacer unas mejillas suaves y claras, de que sus senos no fueran ni demasiado hiperbólicos ni una ofensa a los reales, conseguir retratar sus ojos celeste claro como el cielo como cuando esta alegre pero darle ese matiz triste en sus labios, ese que me trasmitía a pesar de estar riendose, ese algo interior que me cautivaba que quizas nunca fue pero si esta en mi. Pero no podía, su piel me era prohibida, la metafora no surgia ante tanta belleza en si misma. No hacia falta, para qué, mejor dejar fluir la mano. Dejar de lado el pincel y las acuarelas para  acercarse al momento. acariciar esa piel escurridisa, ese rostro ajeno a las camaras y a los colores, aquella figura irrepresentable. Bese su cuello y la abracé. Al instante se puso a llorar. Se formaron rios por ese infinito cuerpo que iba rompiendo con todo a su paso, su maquillaje corrido y las huellas de lagrimas pasadas la afearon maravillosamente. Me debo ir pero no quiero, me dijo despacio en el oído. Nos separamos, le sujete la mano firmemente y la tire contra el sofá de cuero en donde en hartas ocasiones habíamos tenido sexo. No te vayas, aún no, aún no cae el mundo; sólo hasta medianoche, sólo hasta que el monstruo se vaya de la puerta. Y comenzó a llorar aún más fuerte. Llorariamos juntos toda la noche. Lloraríamos por sólo el hecho de llorar.

Al amanecer, ya se había ido. Aún las sabanas se encontraban empapadas por las lágrimas pasadas, aún su olor yacía en el cuero. Volví a mi estudio y me dispuse a intentarlo otra vez, esta vez sin las acuarelas ni con el imperativo de pintarla a ella, sino al recuerdo de ella. Sin embargo, luego de despegarme de la tela, luego de volver de mi inconsciente, vi el triste resultado de un hombre gris en medio del vacío. Después de todo, siempre los oleos hemos sido más densos.