sábado, 22 de enero de 2011

Diálogo personal

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No debo, no puedo, no quiere. No debo, no puedo, no quiere. No debo, no puedo, no quiere. Eros sigues siendo esa cosa rara de mis desvelos. Como la alegre utopía con el pesimista, como la falsa liebre con el vertiginoso galgo, como el absoluto ser con la dulce filosofía, como simplemente ella conmigo. Explícame, qué hice mal. No debo, no puedo, no quiere. Sabe bien porque digo todo esto. No existe verdad, que no tenga algo de falsedad, decía alguien por algún lugar. Amor y todo lo demás. No debo, no puedo, no quiere. Repite y repite mi súper yo sentado en su pedestal de oro. Curioso es lo prohibido, deseable es lo negado, excitante es lo incorrecto. Me niego a pensar que es por el egoísmo, no debo, no puedo, no quiere; aún teniendo muchos argumentos. “Quién tiene la autoridad para decirme lo que debo hacer”, “Quién tiene la inmortalidad para decirme lo que no puedo hacer” y  “Quién tiene su amor para decirme que no soy yo”. Ególatra como siempre me golpea en la mejilla mi orgullo. Respondí a la última interrogante nada más que con un: Él. No debo, no puedo, no quiere. No debo, no puedo, no quiere. No debo, no puedo, no me quiere. No debo, no puedo, no quiere. No debo, no puedo, no quiere. Entonces hice lo que debía hacer, todo lo que en mí dependía para verla sonreír y empecé a flotar como una pluma manejada por la brisa de la mañana, paseándome por el mismo rincón de siempre, ya que después de todo “No debo, no puedo, no quiere”. No es egoísmo la razón sino precisamente el diablillo del amor.Todos tenemos infinitas oportunidades, hasta incluso yo.


sábado, 8 de enero de 2011

Buen gusto

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Los extrañaba, tiempo que no los veía. El flaco seguía siendo igual de flaco pero ahora más alto lo que  hacía resaltar su flaqueza y Martínez ya tenía barba, te lo juro, ni yo lo podía creer. Sus correspondientes preguntas sobre el tiempo, la ausencia, sobre el olvido, nuestros olvidos, de metas y utopías, en fin, de nada importante. Se consumía el quinto cigarro cuando se me acerca el Ramirez para preguntarme por mi futura novia. Me daba un poco de lástima que me lo preguntara él, me había enterado hace unas semanas que su pareja lo había dejado con todas sus pilchas en la calle por patas negras, bueno él se la busco no más. (Risa) Bueno todavía no la encuentro, ojalá que aparezca pronto. Se sorprendió. ¿Hey pero cómo aún no? Bueno más te vale que la espera te valga la pena, quizás te estés guardando para una lindura, no como todas las otras que nos has mostrado. (Risa de incomodidad)  Ramirez que te crees si tú eres él que tiene pésimo gusto en mujeres, no yo. Destroce su orgullo en público, no se iba a rendir conmigo así. Nos miró. ¡Idiota! La... ¿Eloisa se llamaba? Sí, Eloisa, esa tenía la nariz más chueca, no me vengas a negarlo ahora po compadre. (Risa para el público pero enfadado por dentro). Me miró con esos ojos celestes, los más lindos y asesinos que he visto, en ninguna otra mujer había sido apresado por esa mirada. Ramirez se dio vuelta a molestar al flaco, maldito borracho no llevábamos ni medio litro de cerveza. Continuando con esa furtiva mirada, movió esos labios precisos pronunciando las  palabras " Tú si tienes buen gusto". Me petrifique. Valentina se me acercaba con sus ojos ardientes que me quemaban nuevamente mi corazón como antaño. Ahí volvía toda esa polvareda de emociones encontradas. A veces con tan sola una mirada basta. Maldita, estaba volviendo al vicio, el vicio de su belleza. Sus ojos me parecían decir muchas cosas que quizás yo solamente las quería oir. Nadie lo sabia en el comedor, nadie sabia mi frustrado intento de hacerme con la Vale, ella me rechazó a pesar de que le entregue mi corazón de madera y todo. Bruja. Se aprovechaba de que nadie más sabia de mi penosa declaración de amor sin resultado y frente a todo el mundo me tiraba la indirecta, el mensaje en clave que sólo yo iba a entender. "Tú si tienes buen gusto". ¿¡Ella era su prueba de mi buen gusto!? Maldigo el día en que me enamoré de ella. La extrañaba, tiempo que no sentía que tenía esperanzas. Iluso, el mismo ciclo de siempre. Y bla bla bla.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Sábanas manchadas y frías.

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Un punto. De él surgen unas delgadas y casi invisibles lineas que van marcando los tejados y veredas de esta bella ciudad. Se alzan los edificios con sus contornos perpendiculares a los trazos del dibujante. Perspectiva. Se situan diferentes elementos en diferentes distancias. Se forja una hilera de casas que acaba con una vacía plaza a la derecha. Qué haré con ella. No lo sé pero se conforma una esquina. Una esquina. Que dependiendo de donde se le mire puede forjar otro punto y comenzar todo este juego otra vez. No, que asqueroso sería tal enredo. Surge una iglesia en la esquina con sus grandes gárgolas aborrecibles y respetables de una arquitectura exquisitamente contemporánea con reminiscencias de modernismo, un toque de la escuela de Bauhaus y sencillamente su atrocidad dada por Gaudi. Todo se complejiza, pero a la vez su por qué no deja de ser el mismo.  Un punto. Se volcán nuevas lineas en la esquina, marcan los mínimos y máximos de una esfera que se va conectando con un torso, unas piernas, unos brazos y una cintura, toda de negra. Me he creado al fin. Un punto falso. Porque del hombre aparecen muchas lineas más pero que solo las divisa el hombre. Cree nacer todo de si. Iluso. Un punto que forja un pseudo punto que se olvida del punto inicial. (;) Desdichado se ve, me veo, te ves. Parado en la agonizante esquina. Nuevos trazos surgen y conforman un auto gris que conduce a muy leve velocidad. Se detiene frente al sujeto, frente a mi, frente a usted. Súbete, tengamos sexo; decía una señorita al interior del asiento de atrás. Se subió, me subí, te subiste y comenzó a andar el auto sin ningun conductor, (a andar el autor sin ningún hilo conductor). Paramos en un motel. No me importa saber quien eres, mi nombre es Soledad; Soledad Vargas. ¿Soledad de vergas? ¡No! Soledad Ver.. digo Vargas. V-A-R-G-A-S. No tienes porque herir mis sentimientos, no podrías además. Suena un Jazz de fondo, el viejo tocadiscos todavía funcionaba. Ya los trazos de la mujer no se veían, sólo se notaba como su piel se desnudaba lentamente y se sacudía en un frenesí, de eso se trataba la vida. Se desabrocho el sostén que era de aquellos que se hacia por delante, lo que comenzó a revelar lentamente sus tiernos pechos. Con un brazo ocultaba sus senos mientras con la otra se disponía a bajarse los calzoncillos, digo calzones o collales. Unos rayados color negro con esos finos bordes de mil flores diminutas. Cayeron suavemente al piso manchado de quizás que cosas y Soledad comenzaba el ritual. Se acerco a él y le tomo una mano para llevársela a su vagina. Yo sabía que tenía que hacer y no era nada tonto, había que actuar. Así me gusta. ¿Te gustan mis pechos? Tú respondías que sí tímidamente entonces él la tomaba de sorpresa y la tiraba contra la cama, le abría las piernas e introducía su miembro de un viaje, se movía de un lado a otro con gran presteza en un delicioso vaivén irrepetible. Al cabo de unos treinta segundos, no me podía aguantar las ganas y el deber de eyacular. Perdona le dije, soy Aries. Se rió y me hirió mi orgullo así que salí de la habitación y me escondí en el hall mientras tu la tomabas del brazo y le enseñabas lo que era el buen sexo. El punto ya se había olvidado, ya no tenia sentido en esta historia. Así que enfurecido, tiró trazos por todos lados atravesándolo todo. Él murió al instante. Lo hice con Soledad antes de irme. Tú sabes que al día siguiente despertaras en tu cama solo, vacío pero ocupando espacio, pero respirando, como todas las noches lo has estado, y sentirás la sensación de crear, de inventar(te) un nuevo mundo, un nuevo punto de escape, de fuga.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Razonamientos sin sentido

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El lenguaje no lo debiésemos concebir como una imagen de algo, sino como la apariencia, según nosotros, de ese algo. ¿Pero qué sucede con todas esas palabras que no remite y precisamente su intención es no remitir a nada? Bueno si para existir conocimiento tiene que haber duda, pues para existir lenguaje debe existir lo indecible, y justamente el lenguaje versa sobre ello. Para que se defina ese prado iluminado debemos postular lo oscuro del mismo. Por lo que el sin sentido es la apariencia de aquello incognoscible o inexistente. ¿Por qué existe algo y no más bien nada? Porque la nada no existe.
Cuando asumimos que hay cuarto vacío debemos situarnos fuera del cuarto ya que si estuviésemos dentro de él ya no estaría vacío, pero al situarnos fuera de este ya perdemos toda objetividad de conocer la realidad. Lo mismo sucede con el pensamiento. Para conocer el lenguaje del perro debemos salir de nuestro mundo creado como humanos pero al salir de este ya no podemos manifestarlo desde nuestro lenguaje por lo que convierte todo el acto en una contradicción. El destino de la razón es acabar en la sin razón. La vela de Descartes, en sí misma no es vela, es y si no fuese no la pudiésemos presentárnosla a nosotros mismos bajo la apariencia de una vela. Este mundo que lo capturamos muy caótico, tratamos de resumirlo en conductas, en lineas y contornos repetitivos y evidentes pero no dejan de ser apariencias que nosotros queremos, ya sea conscientemente o inconscientemente, que sean. Si se trata de lo que no podemos hablar, es mejor quedarse callados se le imputa a un escéptico pero el punto esta en que si dejamos de hablar de ello, no solo nos olvidaremos de eso, sino que también aquello deja de aparecernos no por voluntad propia sino nuestra. Entonces la filosofía que es el estudio del saber y por ende de lo que no puede ser conocido, es un intento sin sentido desde el principio, imposible de cumplir su objetivo precisamente porque se funda en que existe la imposibilidad, dicho de otro modo, parte del supuesto de que existe la nada pero a la vez busca algo en ella. Es como si nos encontrásemos armando un enorme puzzle en donde todas las piezas son iguales de tamaño, forma y color; con la fija idea de que debe existir un orden de las piezas, o aún más simple, de que tienen que unirse para conformar algo. La triste realidad nos enseña que no hay tal cosa, que no hay una forma de armar el rompecabezas ni tampoco ninguna, que no hay buenos ni malos caminos, que no existe el bien o el mal. No hablo de relativismos, eso sería caer en lo mismo. Digo que de haber algo detrás de estas palabras el que ustedes las entiendan o no resulta irrelevante, por lo que lo que yo desee con ellas no cambian en nada la situación. La nada no existe, estoy determinando a "la nada" cualitativamente pero precisamente descartándola de la cualidad más determinante de todas, existir, develarse. El lenguaje si lo llevamos al teatro son esas mascaras, esas apariencias que se intercambian, se moldean y se relacionan. La nada no existe en el teatro así como en todo. No hay algo más allá de apariencias que ven los ojos humanos. Y gracias a que no hay algo imposible de aparentar, gracias a que todo puede ser "conocido" es que siempre existirá la duda. Gracias a la inexistencia es que existimos. No se trata de un limite sino de un contorno que es interpretable, de no haber tal contorno no podríamos distinguir ni lo mas mínimo. No existe la nada, no existe lo incognoscible... no digo con esto que todo sea conocible o que todo es. Trato de decir que cuando mencione la pregunta ¿por qué existe algo y no más bien nada? quería preguntar más hondamente ¿cómo podría existir la nada? llegando a la conclusión de que no puede haber ninguna manera por lo que llegamos a la respuesta de la primera pregunta: porque no puede no existir algo. La nada, lo único que no se encuentra determinado, puede y efectivamente debiese no existir. Y algo no puede ser nada. Siento que me contradigo ferozmente. Como dije antes, la razón sólo acaba en la sin razón. no existe un orden dado que no existe la nada.  No hay una determinada posición para cada pieza del puzzle ni tampoco ninguna posición, ambas opciones son absolutas y lo absoluto no existe en la realidad. Me canse, juzgue usted.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Profundamente vacío

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Dedicado a 
mi eterno fetiche,
esa pequeña dionisíaca.


¿Quién soy? El hombre quedó con esa interrogante por varios meses, hasta que ya hastiado del pensamiento tormentoso y punzante, se dirigió al mar. En la arena, divisó como una boya roja se agitaba sin descanso a lo lejos. Se sacó su camisa, botón por botón y se desabrochó el pantalón. Dejó escondidas sus prendas entre unos matorrales  y libre de todo peso comenzó a nadar. Estaba muy helado el ponto, tan gélido como su razón, como su sin razón. Ya unos metros adentro, la marea lo desviaba,  la sal le ardía en sus heridas y sus piernas le empezaban a recordar el sabor amargo del desgaste de toda una vida huyendo. De pronto algo le agarró el pie, él no reaccionó. Se iba hundiendo en el triste y grisáceo mar, sin saber por qué, sin necesitar el por qué. La boya ya se lograba mirar desde abajo pero ya no le importaba, la razón inventa muchas tonteras mas la voluntad es la que resuelve al final. Y se iba hundiendo, se iba ahogando, se iba muriendo. Una enormidad de peces lo iba acompañando en su periplo, una ballena se hacia presente metros más adelante con su bello canto y hasta tiburones lo rendían honores mientras el seguía hundiéndose en la inmensa profundidad de la abundancia. Sentía como sus pulmones, faltos de oxigeno, comenzaban a flaquear, parecía el final pero no. Era una falacia, un feroz montaje de sujetos cobardes. Dejó de respirar, mas siguió vivo. Sus pies se fueron uniendo y su cuello se alargaba lentamente. Se adaptaba al medio con movimientos ágiles y delicados entre medio de los corales submarinos. Un gran ojo entremedio de unas fosas lo invitaba a seguir hundiéndose. Un enorme cachalote perdido de la historia hacia retumbar las enormes masas de roca dura que encarcelaban su monumental cuerpo. El hombre, que ya sin rumbo, que sin necesidad, vagaba mirándolo con atención; al cabo de unas horas logró retirar todos sus barrotes de piedras ancestrales. Todo el mar se estremecía, el gran gigante olvidado por fin era liberado de su prisión. Se generó un gran movimiento de tierra y bastó tan sólo un segundo para que el coloso ya no estuviese donde tenía que estar, en donde ahora se lograba ver un pequeño cofre bien decorado como desteñido ya de tantos años oculto. Se acercó curioso a abrirlo pero la profundidad ya era demasiada, las atmósferas le aplastaban cada hueso o lo que quedaba de ellos. Retrocedió. Pero no tenía nada que perder, ya había dejado en alta mar todo su antiguo ser. Así, en su ultimo aliento se sumergió en la fosa mas profunda de los mares para abrir aquel enigmático cofre. Sus brazos no lograban levantarse ni sus dedos podían mover  el candado ya vencido, aún así luego de morir en el intento, su cuerpo ilógicamente empezó a hundirse en un frenesí, tanto así que golpeó con su cuerpo inerte el cofre, el cuál comenzaba a abrirse lentamente liberando miles de burbujas que nunca habían logrado surgir en el tiempo. Su cuerpo quedó a orillas del mítico cofre, que no poseía ni oro ni cualquier otro metal precioso,  poseía a la nada. El hombre nunca merecía, ni tampoco quería saber que su gran epopeya se fijaba en pos del vacío, de ese que lo llena todo en la profundidad de su lejanía. Se volvió a cerrar al cabo de unos minutos y el cuerpo del hombre iniciaba su recorrido a la superficie, la física volvía a ser la misma, tan lógica y tan innecesaria. Su cuerpo volvía a ser el mismo, sus pulmones volvían a pedir aire y los difusos rayos del sol le devolvían la vida de a poco. Abrió los ojos. Apareció tirado en una incomoda arena con las olas golpeándole el rostro en un ir y venir constante. Quizás cuánto tiempo he estado así. Estaba entumecido, se levantó y comenzó a caminar por las orillas del mar. Encontró en unos matorrales unas prendas de vestir que le quedaron un tanto grandes pero que igual le sirvieron para abrigar su cuerpo. De a poco se fue alejando del mar dando pasos en sentido contrario pero que solo lo llevaron a más arena, dunas y un ardiente astro  Todo era desierto cuando pensó. ¿Quién soy?...
 Soy un pequeño cofre, profundamente vacío, perdido y olvidado por Cronos y tantos otros, con el único consuelo de que me buscaras una y otra vez sin saberlo, ni pensarlo, sin siquiera recordarlo; ahora muere, te exijo que mueras para que vuelvas a vivir.

lunes, 8 de noviembre de 2010

La razón tiende a la contradicción.

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¡Somos libres!
Pero por tiempo limitado.
Qué hacer entonces,si la libertad no me dice que hacer, si la libertad no es más que la obligación a escoger,
¡Razonemos!
Inventemos teorías, morales y éticas, que nos hagan creer ser algo más, que el tiempo no se va acabar, que seguirán girando las manecillas a tiempos remotos y felices, apasionémonos con la idea, la idea nos apasiona, tanto que se vuelve natural, como sabia de árbol, que nos baña, nos mima y nos domina, la idea se hace estructura y la estructura se hace coacción.
¡Rayos ya no somos libres!
Acabemos con lo sagrado, lo más alto, la religión; acabemos con lo calculado, aquel buho con corbata, ese Estado, fiel controlador; acabemos con lo indeterminado, el no-yo, la efímera alteridad que me hace temblar y pensar que puedo errar.
Sacrifiquemos lo no-humano, partamos del supuesto que el hombre produciese algo así,
creamos que matamos corderos, vacas y no-hombres; tan sólo un momento, es imperioso eliminar lo imperioso.

...

¡Soy libre!
¡Somos libres!
Pero por tiempo limitado.