¿Encontraría a la susodicha?
Estaba seguro que estaba por
algún lado de Providencia. La recordaba como con una gran estructura metálica
de color verde entrelazada por enormes vidrios por los cuales se dejaban pasar
los rayos del sol que iluminaban unos largos estantes de madera en donde se
hallaban desparramados cientos de libros ya cansados de tanto hablar. Pero
nada, no pude encontrar la famosa feria. ¿La abre soñado? De seguro me topare
con ella otro día en que ya no le ande buscando y me será inevitable detenerme nuevamente
a ojear algunos libros. Y quizás de nuevo se me olvide donde está.
Platón
Erase una vez un buen hombre que discriminaba a las mujeres y que tenía relaciones pedófilas con varones jóvenes. Escribía acerca de diálogos con sus alter-egos, al que más quería lo llamaba por Socrates, y que profetizaba que existía un mundo de las ideas afuera de la caverna en la que nos encontrábamos todos nosotros. Pobre, no sabía que afuera de la caverna sólo existe otra y otra y otra caverna más en un eterno retorno. No sabía que en realidad no era un humano sino un hamster digital parte de una animación de un blog en el que escribía a veces un idiota espinilludo, que de paso también vivía en una jaula pero mucho más agradable para vivir que la de un hamster, claro esta. ¿Pero que importa la realidad no?
Platón
Erase una vez un buen hombre que discriminaba a las mujeres y que tenía relaciones pedófilas con varones jóvenes. Escribía acerca de diálogos con sus alter-egos, al que más quería lo llamaba por Socrates, y que profetizaba que existía un mundo de las ideas afuera de la caverna en la que nos encontrábamos todos nosotros. Pobre, no sabía que afuera de la caverna sólo existe otra y otra y otra caverna más en un eterno retorno. No sabía que en realidad no era un humano sino un hamster digital parte de una animación de un blog en el que escribía a veces un idiota espinilludo, que de paso también vivía en una jaula pero mucho más agradable para vivir que la de un hamster, claro esta. ¿Pero que importa la realidad no?
Ratas
Siempre he tenido un respeto por
los libros usados. Pareciera que mientras más años tienen, más sabio son. Pero
ahora ya nadie respeta nada. Ahora es difícil encontrar libros así en Santiago.
Con todo esto de la internet, la “era digital” y esa manía por lo instantáneo
ahora los viejos libros son tratados como pura chatarra que ocupa espacio no
más, si fíjese que incluso el otro día andaba por Mapocho y vi correr por el
río uno bien grueso que llevaba “Ratas” inscrito en su portada, Imagínese usted.
¿Mayoría silenciosa?
Las únicas mayorías silenciosas
que conozco son las que van en el metro apretadas hasta el cogote casi sin
oxigeno en pleno horario peak. Que por lo demás, siempre terminan sacando la
voz minutos después apenas se abren las puertas.
La dialéctica negativa del vómito
Siempre se ha discriminado al vómito, así como a la fiebre o a la hiperactividad. Se les a exaltado sus rasgos asi como al que usaba lentes en el colegio lo acusaban de ser un abominable monstruo de cuatro ojos. Pero el vómito no es lo que aparenta, es más, es algo bastante increíble, porque cuando estas en esa sensación de asco al ver los granos y los choclos en el cemento comienzas a sentirte bien. El vómito es cómo una liberación asquerosa, asi como los peos o los flatos, pero que curiosamente te incita a volver a apresarte. Expulsas todo y quedas en un vacío, por cierto no existencial. Tal vacuidad te impulsa a ir a tu refrigerador a volver a comer algo que quién sabe... volverás a vomitar en cierto instante. Y paf! vuelves a ser libre pero también vuelve el deseo de no serlo.
La dialéctica negativa del vómito
Siempre se ha discriminado al vómito, así como a la fiebre o a la hiperactividad. Se les a exaltado sus rasgos asi como al que usaba lentes en el colegio lo acusaban de ser un abominable monstruo de cuatro ojos. Pero el vómito no es lo que aparenta, es más, es algo bastante increíble, porque cuando estas en esa sensación de asco al ver los granos y los choclos en el cemento comienzas a sentirte bien. El vómito es cómo una liberación asquerosa, asi como los peos o los flatos, pero que curiosamente te incita a volver a apresarte. Expulsas todo y quedas en un vacío, por cierto no existencial. Tal vacuidad te impulsa a ir a tu refrigerador a volver a comer algo que quién sabe... volverás a vomitar en cierto instante. Y paf! vuelves a ser libre pero también vuelve el deseo de no serlo.
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