lunes, 8 de noviembre de 2010

La razón tiende a la contradicción.

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¡Somos libres!
Pero por tiempo limitado.
Qué hacer entonces,si la libertad no me dice que hacer, si la libertad no es más que la obligación a escoger,
¡Razonemos!
Inventemos teorías, morales y éticas, que nos hagan creer ser algo más, que el tiempo no se va acabar, que seguirán girando las manecillas a tiempos remotos y felices, apasionémonos con la idea, la idea nos apasiona, tanto que se vuelve natural, como sabia de árbol, que nos baña, nos mima y nos domina, la idea se hace estructura y la estructura se hace coacción.
¡Rayos ya no somos libres!
Acabemos con lo sagrado, lo más alto, la religión; acabemos con lo calculado, aquel buho con corbata, ese Estado, fiel controlador; acabemos con lo indeterminado, el no-yo, la efímera alteridad que me hace temblar y pensar que puedo errar.
Sacrifiquemos lo no-humano, partamos del supuesto que el hombre produciese algo así,
creamos que matamos corderos, vacas y no-hombres; tan sólo un momento, es imperioso eliminar lo imperioso.

...

¡Soy libre!
¡Somos libres!
Pero por tiempo limitado.

lunes, 4 de octubre de 2010

No nos gustan los títulos

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No nos gusta dormirnos, por qué no sabemos si algún día volveremos a despertar.
No nos gusta morir, ya que no conocemos si algún día volveremos a vivir.
No nos gusta integrarnos debido a que no sabemos si retornaremos a ser libres.
No nos gustan las utopías, porque nos alejan de la verdad.
No nos gusta la verdad, porque no quiere existir, porque no sabríamos cómo mantener la pluralidad.
No nos gusta la diversidad, porque de lo contrario no seríamos  tan variados en realidad.
No nos gusta decidirnos, no tenemos en base a qué ni mucho menos un por qué.
No nos gusta el contrato, ya que nunca a la letra chica leímos .
No nos gusta lo universal, pues desconocemos algo que sea mayor que la particularidad.
No nos gusta Dios, pero a la vez le pedimos que exista.
No nos gusta ser masa, nos sofocamos todos juntos.
No nos gusta vivir solos, no sentiríamos algo de opresión.
Nos nos gusta la contradicción, sí el absurdo.
No nos gusta la mansedumbre, tampoco el solipsismo.
No nos gusta el bien ni tampoco el mal.
No nos molesta la muerte, tampoco el vivir.
No deseamos realidad tal cual como no anhelamos soñar.
No nos gusta el dúo, queremos multiplicidad, al menos una tercera oportunidad.
No nos gusta hablar bajo un "nosotros" cuando sé que es mentira.
No nos gusta el gusto, porque es la cuna de nuestro pesar.
No nos gusta pensar, pensamos para no pensar más. 

jueves, 23 de septiembre de 2010

El corazón de Madera

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Estaba Dios sentado por algún lugar cuando entra el mismísimo diablo en persona a encararlo. -Dios, hagas lo que hagas los humanos dejaran de creer en ti. Ya encontré la razón, era tan pero tan sencilla.- Y comenzó a reírse fuertemente y secándose las lagrimas que le caían por el gozo sentido. Sin mucho entender, este le preguntó: -¿Y se podría saber cuál sería esa razón?-  A lo que el diablo le dijo sarcásticamente –¡Pero si se supone que tu eres el único Dios, deberías saberla!- A lo que este respondió un poco defraudado –Bueno pues como soy Dios te demostrare que aún así los hombres seguirán creyendo en mí, ya tengo a alguien con quien enseñártelo, has todo lo que tengas que hacer, yo sólo observare como pierdes tu apuesta como otras veces- El diablo, fastidiado con la respuesta, le respondió soberbiamente –Muy bien, que sea como Dios quiera ¿pero qué apostamos esta vez? Ya te he dado el placer del sexo, el vicio de los cigarros y la ilusión de bienestar del alcohol- Y luego de meditarlo muy bien, dijo Dios resueltamente –Pues que sea la satisfacción del éxito- ¡Hecho! dijo el otro de inmediato,  ¡a cambio de la ceguera de los hombres entonces, como siempre! Y volviendo a reír se fue retirando lentamente, murmurando entre dientes su victoria.
Marcos, quien era el más bondadoso y más fiel de Dios comenzaba a ser puesto a prueba. Por qué un Dios tiene que demostrar algo es lo que todos nosotros no podríamos entender ya que sólo resultaríamos marionetas o hamsters encerrados en una vitrina para otro, pero Marcos era de aquellos que posicionaba su fe por sobre la razón, aquellos que simplemente no se preguntaban esas cosas. Un perfecto idiota, pero sin culpa. Era el más indicado para la prueba y Dios tan confiado estaba que ni siquiera le quiso advertir, sólo se dispuso desde la tribuna a observar como el demonio bajaba al mundo de esos bichos que reptan por la tierra de a dos pies. Como entretención previa, le comenzó a mandar millones de cartas a su casa con miles de cuentas impagas pero Marcos respondió de inmediato pidiendo un enorme préstamo al banco para pagarlas todas y después fue a la iglesia a dar gracias a Dios por que le aceptaron el crédito. Luego el patas negras se metió en la figura de su padre, diciéndole que era una basura, un imbécil y un bueno para nada, la gran deshonra para la familia, a lo que Marcos sólo calló y se fue a llorar a su cama en donde le dio gracias entre tanto llanto a Dios por entender que hasta los padres se pueden equivocar no sólo una vez. El diablo, ya cansado de este preámbulo decidió matar a su madre de una vez para que sufriera y quedará ideal para la prueba final, la estocada más dura. Marcos sufrió demasiado, no lograba entender como alguien como su querida mamá se hubiese suicidado de pronto sin aparente motivo, por lo que se comenzó a culpar a sí mismo, quizás él nunca le dio todo el cariño que se merecía se decía, pero luego de derramar la última lágrima y con ella la ultima flor en el foso, viendo las millones de lapidas del cementerio, entendió que no hay nada más común y natural que la muerte, que no hay ninguna razón para no desprender alguien querido de uno, por muy doloroso que sea, y al notar esto se vio maravillado y alabó a Dios. Maldita sea este ha salido bien duro de roer, pero ahora definitivamente que caerá, ahora conocerá Dios la razón por la cual el hombre dejara de creer en él, se decía mordiéndose los dientes atrás el diablo.
Marcos, unos días después, conocería a la que sería el amor de su vida caminando por la calle Esperanza una tarde de Mayo. Muy alegre y divertida movía su escote que cautivaba a cualquiera, pero claramente él no se fijó en eso. Ni yo sé muy bien en que se fijó, en una suerte de ironía contra este humilde narrador, ¿sería su mirada triste y lejana escondida en esos marinos ojos? ¿Esos secretos insondables que iluminaban el fervoroso deseo de atraparla para sí? ¿o el simple hecho de verla feliz? Mucho no importa para esta historia pues Marcos lentamente se fue reconociendo como enamorado y así fue articulando todas las posibles maneras de reencontrarla, de ubicarla en otro plano lejano al nuestro, en uno en que la vergüenza y la verdadera timidez se disiparan pero por cosas del destino todo ello se le fue pegando a la piel. Fue tallando un corazón de madera sin alguna razón consciente en un principio para calmar su pasión, hasta que con el pasar de los días fue naciendo un impulso mortal a regalarlo, no a otra sino a ella. Pero no podía, lo que una vez conoció de ella lo iba transformando, le iba cambiando su máscara de frágil humano, no le salía el valor, la voz. Tanta frustración de no poder decirlo, de no poder regalarse, carcomía ambos corazones que se fundían en uno sólo dispuesto a darlo todo por aparecer en las manos de ella. Hasta que un día encontró la forma; sabiamente lo envolvió en una caja de regalos y frente a la humilde apariencia de un regalo desinteresado, se lo dejó en sus manos casi olvidándose de lo que era. El único corazón que le iba quedando le palpitaba a mil por horas. Pero el diablo, quien había planeado todo esto, se reía de Marcos con mayor fuerza en la medida en que ella pronunciaba las palabras mágicas “no te puedo corresponder, yo no lo merezco”.
Marcos, días después, fue a la Iglesia buscando algún cebo que calmase el dolor agigantado que estaba sintiendo y le pidió a Dios que le hiciera entender como en todas las otras oportunidades ¿Por qué? ¿Dime Dios por qué mierda inventaste el amor si no puede ser correspondido? ¡Yo he hecho todo lo que me has pedido, nunca llene mi cabeza de malos deseos, ni tampoco se los deseo ahora a ella, nunca la ofendí ni tampoco hice trampa para conquistarla, sólo ilumíname con la respuesta, necesito saberla! Pero Dios, que se encontraba en ese minuto en el baño no podía atender a su llamado, ni tampoco lo hubiese hecho, ya que de lo contrario hubiese sido una feroz trampa a la apuesta y como “buen” Dios no podía permitirse tal cosa así que sólo se escuchó un silencio atronador en la Iglesia.
 ¡Púdrete Dios en tu silencio!
El diablo fue corriendo a la guarida de Dios y este saliendo del baño aún con los pantalones abajo dijo alarmado –No me digas que ese fue Marcos- a lo que el Diablo orgulloso respondió –Pues sí, ahí tienes al hombre más fiel tuyo, acabado por un amor no correspondido y lo más lindo de todo es que tanto el amor, como el hecho de no ser correspondido, no fueron obras mías, yo sólo puse las piezas en el tablero. Ahora Dios, que por fin te he ganado en buena ley toca que me des lo que tanto he deseado, y que como bien sabrás será la semilla de mi reinado- Dios, apesadumbrado y completamente decepcionado del género humano, le entregó el bien más deseado por Belcebú, la ceguera. Así el hombre fue destinado a no poder nunca jamás distinguir la amistad del deseo, una mera caricia de una insinuación, la amabilidad de una sonrisa de un total “te quiero”, confinándolo así a la constante vergüenza de nunca poder entender al otro, lo que por otro lado abrió a un sin fin de potencialidades nuevas sin lógicas, sin razón pasando a ser la locura, la felicidad, una verdadera opción. Marcos, que por fin ya no era tan idiota, entendió que al regalar aquel corazón de madera se liberaba de todo enamoramiento  sabiendo, con gran júbilo, que hizo todo lo que en él dependía por conquistarla abriendo paso así a la libertad del único y real corazón, él mismo. Fue a donde se solían encontrar siempre, en aquel "café de la verdad" un buen jueves por la tarde. La niña, sin entender nada, escuchó atónita como Marcos le agradecía y alababa por la enseñanza que le había dado ella gratuitamente. ¡Gracias!

sábado, 18 de septiembre de 2010

Vacíos que ocupan espacio

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Por favor señores, no crucen la línea amarilla del andén. Eso exclamaban  aquellos pintorescos guardias del metro con sus chaquetas rojas que les otorgaba la autoridad de empujarnos. La gente me llegaba a dar asco, el mundo en general, que de natural ya tiene poco o nada. Ya hemos dominado aquello por lo que ahora la relación no es con el árbol o el animal, sino con otro. Nunca habíamos estado tan juntos el uno con los otros y a la vez tan disminuidos esos extraños  a un completo vacío. Eran un vacío pasional,  no físico, desafortunadamente no. Algo así como un Dios, sí como un Dios que nadie puede ver pero que sin embargo chocas con algo que supones que es él al sufrir o al eyacular. Pero que importaba, si me posicionaba desde afuera yo también era eso, un vacío que ocupaba espacio. Y así éramos un conjunto de muchos vacíos que ocupábamos espacio, y contarlos era igual de innecesario. Iba pensando en los colores, lo recuerdo bien a pesar de que ya ni se hace cuanto fue. Curiosa ironía. Me fijaba en la línea amarilla ¿Por qué amarilla? ¿Acaso el amarillo tiene algo que diga precaución, que diga implícitamente no me toques? Probablemente no, pero  el hombre piensa eso del amarillo, o que el rojo es de liderazgo y el azul de amistad que se yo. Tanto vacío, tanta sensación de ser vacío para otro me habían traspasado mi subconsciente, era un sentimiento insoportable.  Todo está basado en cuestiones sociales pero no existe algo, un trocito de validez de por sí. Algo que si fuera hasta con los marcianos me dijeran que es así. Pero no, la muerte no más.
La muerte, sí, la muerte es lo único que prevalece. Estación “Los franciscanos” combinación con la línea 3. Al parecer me estaba quedando dormido. Que divertido ese sombrero. No había pensado en la idea de. ¿En que estaba soñando? Como sea, me debo apurar para la prueba. La prueba de “Paradigmas”. En que estaba pensando. Definitivamente ese sombrero se ganó el premio al más ridículo. No había estado nunca en estos trenes, supongo que serán de los antiguos. Hace calor. ¿Por qué doy esta prueba? Para pasar el ramo y titularme pues. ¿Para qué? Para trabajar, ganar mis billetes, alimentar a mis hijos, mantener a mis padres y así devolverles lo que ellos me dieron, mi vida. Yo no quiero eso. ¿Deuda? No existe tal deuda, yo no decidí vivir, yo no elegí que me sacaran a la luz, sin embargo, lo hicieron y ahora existo. No lo considero algo malo, sino como algo completamente autoritario, digo el no haberme preguntado. Mis padres, el estado, Dios, el destino, el caos confabularon contra mí. Hey no te pongas trágico ahora. ¿Trágico? Donde esta lo trágico, si existir es maravilloso, lo único que trato de decirme es que no me lo preguntaron, nada más se hizo. Si me dieron libertad en mi existir porque no me la dieron antes de existir.  Lo mismo la muerte. Es algo autoritario. Podría suicidarme entonces para romper la asimetría pero no. Sólo la realzo aún más, sólo estaría conformándome con un cebo de libertad pero al fin al cabo estaría cumpliendo con lo que teníamos que hacer desde que nacemos. No se siente en el suelo. Pero de ser así que nos queda, pues vivir, soñar, crear, actuar. Modificar la naturaleza en apariencia, para así creer que existe algo más. Restringir nuestras libertades como máxima muestra de libertad. No. Eso sería ingenuo y muy manso. Estación “Las camelias”. ¿qué hacemos? Me empiezo a sentir angustiado. Que desconsiderado ese tipo al no cederle el asiento a la señora, es ya muy vieja esa táctica de hacerse el dormido.  ¡Estas ventanas no se abren! Pero que pedazo de mierda. Me acuerdo cuando el flaco intento abrir la ventana de un metro y no podía, por lo que intento con más y más fuerza hasta que sacó la perilla de un viaje. Fue tan divertido verlo tirado en el piso con la perilla en la mano y la ventana aun sin bajarse. ¿Qué será del flaco? Podría ir a verlo. Estación “Martinez”, se les pide por favor tener cuidado con la separación del tren con el andén al bajar, muchas gracias. Tiene una agradable voz. Me parece que no debería. Estación “Los alerces”. No debería ir a dar la prueba. Como que no estoy de ánimo, tanto pensar me está mareando. ¿El flaco no vivía en la siguiente?  (…) Estación “Pedro de Lascivia”. (…) No lo hice.
Por qué no lo hice si nada tiene valor excepto estar con los que se quiere. Hemos cambiado ese fin por los medios que antiguamente usábamos para ello. Eso sí que es angustiante. Mejor me debería suicidar. A la siguiente me bajare y me tirare a la línea del tren. ¿No me crees capaz? Ya vas a ver. Estación “Tolabala”. A la siguiente, ahora sí que sí. Estación “Juarez de Inéz”. Maldición si es sólo bajarte y dar un saltito. La vida es algo insignificante qué tanto te puede costarte desprenderte de ella, sólo un segundo. Todo cambia, moriré y nadie se acordara de mi por siempre, todo perece, todo puede ser de otra forma, justamente como los nombres de las estaciones. Ya ahora vale, a la próxima me bajo. La próxima debiese ser… Estación terminal “La muerte”, todos los pasajeros deben descender. ¿Qué? Se abrieron las puertas y toda la masa de seres inexistentes e intrascendentes comenzaba a bajar despavoridamente. Al traspasar la línea amarilla, uno a uno comenzaban a caer sin vida. ¿Qué es esto? El del sombrero gracioso comenzaba a gritar –Hey, apúrate no te quedes ahí parado como si nada- Me moví a la derecha para que bajara y muriera al instante. Ya quedaban como cuatro personas esperando su turno, su posibilidad de bajar. Algunos bajaban por que la mujer de la voz lo dijo o porque tenían fe en que iban a llegar a su destino al bajarse en esa estación. Yo no entendía nada. Miraba aterrado como ya era el ultimo. Después la vocecita de nuevo diciendo –por favor, todos los pasajeros deben descender-. Lo repitió dos veces cuando se cerraron las puertas, yo aún no entendía nada. Se comenzó a mover el metro hacia la oscuridad mientras por la ventana veía como un guardia del metro con chaqueta roja venía con una carretilla donde iba apilando los cuerpos inertes para llevárselos a quién sabe dónde. Después se detuvo el tren cuando ya perdí de vista la estación y todo era una espesa negrura. Las puertas jamás se volvieron a abrir.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Sobre la muerte, el suicidio y la libertad de voluntad

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Si buscamos la condición del hombre por medio de lo que puede hacer y no hacer, la historia ha demostrado que tiene un ilimitado campo de acción a excepción de algunas restricciones. Al igual que en las funciones para determinar su respectivo recorrido,  primero debemos conocer el dominio de la función y restringirlo a su mínima y real forma de expresión, con el hombre si utilizáramos la misma metodología notaremos que existen dos grandes restricciones  por naturaleza: por un lado, la de otorgarse la vida por sí mismo, y la de ser inmortal o de no morir.
La función del hombre, para ridiculizar un rato al sujeto, se vería profundamente afectada por estas restricciones  a lo largo de su existencia pues son la propia oposición a la existencia de los entes.
Y se basan en dos elementos muy relacionados entre sí que en esta ocasión quisiera hablar con particular entusiasmo que son la libertad y la muerte.
Si nos preguntamos por la muerte, se nos manifiesta con una dualidad tremenda, por un lado tenemos que la muerte es algo necesario y universal para todo ente, pero por otro lado que es algo sumamente contingente y libre en potencia. No conozco algún caso de que un pajarito o un gato se haya querido suicidar. El hombre no puede ser más libre, siempre es libre de matarse ahora en este preciso momento acabando con su existencia. Pero algo notable, como danto ontogénetico, es que en su biología no hay forma de un suicidio voluntario, por ejemplo, al intentar aguantar la respiración se cae en un desmayo que evita la muerte ya que desmayado volvemos a respirar. Tan curioso es este dato, pareciese que algún Dios detestaba el suicidio pero le encantaba vernos morir por causas ajenas a nosotros y como no si en la figura del suicidio se encuentra el propio carácter de un Dios, y con esto no estoy tratando de elevarla idea a un plano sagrado pero transforma al hombre en un sujeto de plena voluntad, tanta voluntad que es capaz de eliminar su propia existencia, la voluntad de acabar con su voluntad, increíble. Muy interesante sería investigar acerca de la razón desde el enfoque del suicidio, me parece que los animales a los que se les suele posicionar como “inferiores” no tienen una concepción del suicidio, con la idea de decidir no tener que decidir nunca más.
Pero me gustaría volver al dato ontogénetico, si el hombre esta “creado” para no matarse biológicamente, este está empujado hacia el mundo para lograrlo, conseguir un cuchillo, atarse una soga al cuello son todas interacciones con el mundo que claramente hacen ver que el hombre y el mundo son tan indisolubles hasta la muerte al menos ya que aún no conocemos que habría, si es que hubiese algo más allá. No obstante, volviendo al terreno de la muerte como tal, el mundo justamente se nos manifiesta como ajeno en cierto sentido, si nos ubicamos en el caso de morir por vejez por ejemplo encontraremos que el mundo incluso si incluimos dentro de él al propio cuerpo biológico, nunca marchita al ser del hombre, sólo se cumple la segunda restricción ontológica necesariamente, moriremos algún día, sea por nuestra voluntad o no. Y cuando me refiero a voluntad me refiero específicamente al segundo concepto que quería hablarles, de la libertad.
 Resulta interesante la frase clásica “Estamos condenados a ser libres” de Sartre, hay un sin sentido casi irónico en ella, pero si hondamos más aún en la libertad, como lo hicimos en la condición del hombre veremos que encontramos algo parecido. El hombre no fue libre de nacer o al menos no escogió existir, por lo menos es lo que sabemos en vida en caso de que salga algún religioso protestando de una libertad incluso previa a la existencia “terrenal”. Pero encontramos la misma restricción, resulta que nadie es libre de morir, quizás pueda ser libre al decidir morir pero nadie puede decidir no morir.
Por lo que recapitulando, estamos condenados a existir y morir, y mientras tanto a ser libres. La vida resulta muy efímera desde este punto de vista si es que previa a ella ya existe una obligación casi coactiva de “nacer” pero a la vez de morir en un futuro por muy libre que sea durante su vivir. Y si volvemos a alguno de los comentarios anteriores, estos tres elementos están claramente conectados. Somos libres especialmente porque podemos matarnos en cualquier minuto según nuestra voluntad (podríamos basarnos en que de un minuto a otro podríamos morir por una causa externa aún haber intentado el suicidio en el camino pero no va al caso), y al matarnos, es decir, al ejercer la máxima muestra de libertad casi divina, “acabamos” (entre comillas por lo inexacto que quizás pueda ser afirmar una cosa tal) con nuestra condena de haber nacidos, casi como en un contrato, en el que ambas partes acaban entregándolo todo. Yo tuve que nacer y ahora en consecuencia me toca morir.
Pero el hombre no acepta estas condiciones. Como he dicho en varias oportunidades, el hombre siempre intentara ser algo diferente a un hombre, como si supiera lo que es aquello. Nunca aceptara su restricciones y es bastante interesante preguntarse el por qué. Por qué el hombre vive intentando no morir, vive intentando no ser libre, vive deseando no haber nacido incluso algunos. ¿Qué consigue con ello? ¿A qué pretende llegar con ello? ¿Quizás sea un fin en sí mismo? Dentro de mi teoría de los solipsistas encontramos que el hombre crea diferentes construcciones sociales, en conjunto, con móviles muy variados a los sujetos pero si lo relacionamos con este impulso a no aceptar su condición, de ser un verdadero anarquista propiamente tal, encontraremos que todas estas construcciones obedecen a una respuesta ajena a la dada en sus restricciones. Tanto la religión (excepto las de india) como el Estado como los médicos o como los científicos hacen creer al hombre la apariencia de la eternidad, ya sea con la vida eterna o con la idea de Nación o de la “salvación biológica”. Más allá aún, si es que Hegel tuviese razón y todo se basa en cuanto esta uno dispuesto a sacrificar por ser reconocido por el otro, esto tiene una directa relación con la muerte, ya que en cierto sentido estoy cumpliendo con mi muerte esperada, de una forma un tanto planificada, con tal de ser reconocido tal como los griegos incluso de antaño buscaban como un ideal. Para evitarnos todo el horrendo problema sin respuesta concreta del solipsismo constante, nos coaccionamos, nos inventamos morales, nos oprimimos, nos quitamos libertad de voluntad para dar paso a la seguridad que nos ofrece una fe en algo más allá de lo naturalmente humano, en algo más allá del “meramente” morir. La coacción se vuelve legitima, la culpa y la discriminación social se vuelven una consecuencia lógica cuando aceptamos al otro, a la religión y al Estado como algo necesario. Situamos en el mismo terreno de la muerte a estas creaciones sociales, sin embargo, cuando estas se rebelan contra el hombre, o mejor dicho cuando el hombre se da cuenta de lo manso que fue al permitir todo esto sólo por el miedo a la muerte y el afán por perpetuarse y ser inmortal, es ahí donde reacciona y busca luchar contra ellas, eliminarlas. Pero luego el ciclo sigue, y el hombre pasa de sentirse oprimido a sentirse otra vez desamparado y solitario frente al vacío lleno de incertidumbres que genera la muerte y lo ininteligible, lo naturalmente necesario, la naturaleza desconocida como tal. El hombre no acepta esto, no puede ser un insignificante “hombre” ante tantas preguntas y vuelve a buscar respuestas sin conseguir mucho más de lo que ya había antes y vuelve a construir en conjunto enormes estructuras sociales que vienen a, aparentemente, dar solución a sus dudas y aporías, a darle estabilidad a esa pobre silueta rosada y desamparada que camina a la deriva sin recordar por qué estaba caminando ni hacía a donde iba. 

lunes, 30 de agosto de 2010

Jamás pensado

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Debo terminarme el libro de Sombart. ¿A qué hora era la ayudantía de mañana? Me parece que a las seis. Me toparía con natación en ese caso, no quiero faltar a eso.  Esta haciendo frio, como siempre los meteorólogos no saben nada. ¿No era a las 4:30? Definitivamente esta helado. Es bonita ella. Pero si fuera a las 4:30 me toparía con desarrollo de la cultura moderna no puede ser ahí, ese ramo es obligatorio, no juntarían dos clases por las puras. Me miró. Le gusta usar el pelo largo y ondulado, debe ser  interesante. Desde cuándo que me gustan las rubias.  ¿Era en la estación “Los Héroes” o en “Plaza Egaña” lo de Pablo? Sólo se veía bien de lejos. No importa, bajémonos aquí. Idiota te demoraras más así. ¿Y? no quiero llegar a la casa aún y tener que hacer mis deberes. Definitivamente no era muy linda, las rubias me han vuelto a defraudar. Las escaleras que hacen hoy, los peldaños son demasiado angostos como para ir dos personas siquiera por ellas. Frente a mí se acaba de caer de un escalón una niña, tan estrepitosamente que me causo risa al instante. Se le cayó su celular, me mira con vergüenza más que pena. ¿La ayudo o no la ayudo? Avanza rápido en búsqueda de su celular  y sigue su camino, yo he estado detenido en medio de la escalera aún, idiota reacciona.  No la ayude. Ella no quiso mi ayuda. Ni siquiera le dije algo como ¿estás bien? No hacía falta. Se debe haber sentido pésimo por el bochorno si su caída fue de película. ¡Muévete! Me grita alguien atrás. Enojado me golpea y cruza por el lado. Sigo caminando, manos en los bolsillos, música por mis audífonos; eso si que es reaccionar. Me rio. Pareciera que va a llover. ¿Era la ayudantía a las 6? No imbécil a las 4:30. Pero me toparía con, ah ya me acorde. Increíble como han arreglado estas veredas en tan poco tiempo, al menos algo ha hecho este alcalde.  ¿Habrá bebida en la casa? Quizás la nana dejó papas rellenas, no te acuerdas que hoy iba para la casa. Fantástico entonces, le quedan de maravilla. Es mi idea o ese basurero no estaba ahí antes. La vereda a pesar de estar nueva en este tramo ya esta media sucia, verdaderamente increíble como el hombre desecha sus máximas creaciones. ¿Reaccionar a qué? El semáforo esta parpadeando. Me debo apurar o sino no llegare. No alcanzo, mejor me detengo y espero. Viene un señor y cruza tranquilamente. Como no voy a cruzar yo. La calle está marcada por neumáticos, maldición, se puso roja; me apresuro.  Quizás la ayudantía es pasado mañana. Como se besan esos dos, pobres. Ahora ella le va a decir que está cansada, de que ya no lo ama como antes, de que la rutina los venció y cualquier otro eufemismo para evitar mencionar que ya no le es útil y que ahora no le reporta ninguna mísera ganancia. Hay que ser eficientes con el bienestar en esta vida ya es lo único que nos va quedando. El mismo perro de la señora de la esquina, siempre me ladra y cuando lo sueltan no dice nada, es un verdadero cobarde; ladra ahora no más, cuando estés afuera como me reiré de ti. –¡Buenos días señora!-  ¿Cómo era que se llamaba? ¿Doña Isabel o Bernarda? Alguien orino en su puerta, quizás un gato, quizás un ebrio. Ojala que no hayan garbanzos. Esta vida me mata del aburrimiento. La vida se ha vuelto increíble e inverosímil. Esto no puede ser la vida verdadera, la real. Por eso que estamos necesitados de novela, ficciones, películas,etc. para al menos tener algo con que soñar en las noches, tener algo que no sea vida, nuestras vidas. Algún absurdo en el que creer. Es ella, es ella, es ella. Es ella, la niña del  judío, pero que linda es. Algún día deberías preguntarle el nombre de una buena vez. ¡Pero que lindo vestido se ha comprado, le gusta el rojo carmesí al igual que a mí! La miro, ella me mira, miro al suelo. Mañana lo hago. Está lleno de colillas la calle, quizás mi vecino ha vuelto a estar ansioso y estresado.  Le duró poco la felicidad con esa señora, tú igual lo estarías si te vinieran a visitar en la tarde alguien y se fuera por la mañana, sí bueno que cómodo que debe ser. Quizás ya encontró otro con Jeep.  ¿Habrá encontrado su celular? La misma puerta de siempre. Maldición como muero por unos ravioles. Al llegar debería ponerme a estudiar. Llaves. ¿Dónde están mis llaves?